El salmón, un pez con siglos de historia en los ríos españoles
Aunque por lo general se asocia a los grandes ríos de los países nórdicos, el salmón atlántico lleva miles de años formando parte de los ecosistemas del norte de la península ibérica. Tras la última glaciación, la especie colonizó las cuencas cantábricas, donde encontró las condiciones idóneas para completar su singular ciclo vital: nacer en agua dulce, crecer en el océano y regresar al río de origen para reproducirse.
Históricamente, el salmón se distribuía en casi todos los grandes ríos que desembocan en el mar Cantábrico, desde Galicia hasta el País Vasco, sin olvidar algunas cuencas navarras. Así, los ríos Miño, Sella, Nalón, Navia, Asón, Pas o Bidasoa albergaron grandes poblaciones de salmones que impulsaron una importante actividad pesquera y dieron lugar a tradiciones muy arraigadas. Una de las más emblemáticas es la del campanu, el primer salmón de la temporada capturado en Asturias.
¿Por qué está desapareciendo el salmón de nuestros ríos?
El declive del salmón atlántico en España comenzó a hacerse evidente a lo largo del siglo XX. La construcción de presas y otros obstáculos fluviales dificultó sus migraciones, mientras que la contaminación y la sobrepesca redujeron de forma drástica sus poblaciones. Muchas cuencas perdieron por completo sus ejemplares reproductores y, donde la especie logró sobrevivir, quedó relegada a tramos cada vez más reducidos y aislados.
A estas amenazas se ha sumado en las últimas décadas el impacto del cambio climático. El aumento de la temperatura del agua, las sequías más frecuentes, la alteración de los caudales de los ríos y los cambios en las condiciones del océano afectan a todas las etapas del ciclo vital de estos peces.
La combinación de estos factores ha provocado un descenso continuado y cada vez más acusado de las poblaciones de salmón atlántico, hasta el punto de que científicos y conservacionistas reclaman medidas urgentes para garantizar su supervivencia.
¿Dónde se pueden pescar salmones en España?
Hoy, la pesca del salmón atlántico solo está permitida en unas pocas cuencas del norte y bajo una regulación muy estricta. Asturias y Cantabria son las únicas comunidades que mantienen una temporada oficial, con cupos muy reducidos, pocos días hábiles y normas detalladas sobre artes y técnicas de pesca. En el País Vasco, la escasez de ejemplares ha llevado a suspender prácticamente toda la actividad.
Los ríos donde aún se autoriza la pesca, siempre en tramos concretos, son los siguientes:
- En Asturias, Sella, Narcea, Eo, Cares-Deva, Navia, Nalón y Esva.
- En Cantabria, Asón, Pas, Nansa y Deva.
No todos los tramos están abiertos y las condiciones cambian según cada cuenca y cada temporada. La campaña suele comenzar en primavera y prolongarse parte del verano, aunque las fechas exactas dependen de la normativa autonómica. Si se alcanzan los cupos o el estado del río empeora, las administraciones pueden cerrar la pesca de forma anticipada.

Cómo preservar la población de salmones
La presión científica y social para que el salmón atlántico sea incluido en el Catálogo Español de Especies Amenazadas como especie en peligro de extinción va en aumento. Los expertos recuerdan que, al encontrarse en el límite sur de su distribución europea, esta población es especialmente vulnerable al calentamiento global y a cualquier alteración de su hábitat.
El Ministerio para la Transición Ecológica ha pedido al Comité Científico que asesora al Comité de Flora y Fauna un informe actualizado sobre el estado de conservación del salmón y sobre si procede otorgarle esta categoría.
Pero la recuperación del salmón no depende solo de decisiones administrativas: también requiere actuaciones en los ríos. Estas son las medidas que los científicos consideran más eficaces:
- Restaurar los ríos. Eliminar presas obsoletas, mejorar las escalas para peces y recuperar cauces naturales permite que los salmones remonten de nuevo los tramos donde antes se reproducían.
- Garantizar caudales ecológicos. Mantener suficiente agua en los ríos, incluso en periodos de sequía, es esencial para la supervivencia de los juveniles.
- Reducir la contaminación de los ríos. Depuradoras eficaces, control de vertidos y menos pesticidas en agricultura mejoran la calidad del agua, un factor crítico para la especie.
- Proteger el hábitat marino. Los cambios en corrientes y disponibilidad de alimento afectan a los salmones en el océano. La reducción de emisiones y la lucha contra el calentamiento global son aspectos claves.
🐟 ¿Podemos hacer algo los consumidores?

Aunque la mayor parte del salmón que se vende en España procede de piscifactorías, las decisiones de compra también pueden ayudar a proteger las poblaciones salvajes.
- Una forma sencilla de hacerlo consiste en optar por productos con certificaciones de sostenibilidad, como los sellos MSC para pesca salvaje o ASC para acuicultura responsable, que garantizan que el pescado proviene de sistemas con estándares ambientales estrictos.
- Los expertos también recomiendan moderar el consumo de salmón salvaje y diversificar la dieta con especies locales como la trucha, la sardina o el jurel, que ofrecen un excelente perfil nutricional y tienen un impacto ambiental mucho menor.
- También resulta fundamental prestar atención al origen del producto: conocer si procede de Noruega, Escocia, Chile o Canadá permite seleccionar la opción con una huella ecológica óptima.


