Según los últimos datos recogidos, los terremotos han causado 4.829 muertes y 16.740 personas heridas, mientras las evaluaciones de daños continúan en las zonas afectadas. Además, 20.936 personas permanecen alojadas en 107 campamentos temporales y 17.907 han perdido su vivienda.
Para muchos niños y niñas, sin embargo, el daño no se puede contar en cifras. En muchos casos, han perdido su hogar o a algún miembro de su familiar y se han visto obligados a desplazarse y vivir con el miedo a nuevas réplicas. Todo ello, en un estado de angustia constante que requiere apoyo emocional urgente.
UNICEF ha estado presente en las zonas más afectadas desde el primer momento. Lleva apoyando desde entonces a miles de niños y niñas con la movilización de toneladas de suministros de emergencia y la activación de decenas de intervenciones en servicios básicos para la población afectada.
Falta de servicios básicos
Los riesgos por la interrupción de servicios esenciales —ya muy deteriorados antes de la emergencia—han aumentado en Venezuela. Esto afecta de forma directa a la atención sanitaria, el acceso a agua y saneamiento seguros, la educación o la protección de la infancia. A esto se suma el propio impacto de una crisis de esta magnitud en los casos de niños y niñas no acompañados o separados de sus familias, unas situaciones en las que se incrementa el riesgo de sufrir explotación, abuso y trata de personas.

Las actividades escolares permanecen suspendidas en numerosos municipios de Aragua, Carabobo, Falcón, La Guaira, el Distrito Capital y Miranda. Muchos niños y niñas viven ahora en estadios, instalaciones deportivas y otros espacios habilitados como campamentos, donde se enfrentan a graves dificultades para cubrir sus necesidades básicas.
Con cinco décadas de presencia en Venezuela, UNICEF ha podido activar una respuesta humanitaria inmediata. La organización tiene como objetivo llegar a 650.000 personas, incluidos 234.000 niños y niñas, con intervenciones en servicios esenciales para la infancia. En la actualidad, lidera los clústeres de agua, saneamiento e higiene (WASH), protección y educación, y sigue coordinando esfuerzos para garantizar que la ayuda llegue de forma urgente a quienes más lo necesitan.
Impacto emocional en la infancia
Pasados los primeros días tras la catástrofe, una intervención adecuada debe también tener la capacidad de sostenerse en el tiempo para ofrecer una respuesta integral a las necesidades de la población afectada y apoyar a la infancia, porque quien ha quedado con vida materialmente lo ha perdido todo. El impacto emocional de la pérdida, el miedo y la incertidumbre, además, tienen consecuencias directas en la salud mental de las personas supervivientes, especialmente de los niños y niñas.
El apoyo psicosocial supone uno de los pilares fundamentales de la intervención de UNICEF en emergencias. A través de los Espacios Amigos para la Infancia, se ofrece ayuda psicológica y actividades lúdicas para niños y niñas, convirtiéndose en entornos seguros donde comenzar a procesar lo sucedido y gestionar el estrés y el trauma provocados por la catástrofe.

Lejos de sus hogares y de las rutinas que les proporcionaban estabilidad, el juego, el aprendizaje y el acompañamiento de madres, padres y cuidadores son fundamentales para que los niños y niñas recuperen de forma progresiva la sensación de seguridad. Contar con espacios protegidos donde puedan relacionarse, expresar sus emociones y retomar algunas de sus actividades habituales contribuye a reducir el impacto de una emergencia que continúa marcando su vida cotidiana.
Desde UNICEF se insiste en que la recuperación debe atender los daños materiales, pero también las consecuencias emocionales de la emergencia. Garantizar la protección, el apoyo psicosocial y la continuidad de la educación será esencial para que niños y niñas puedan recuperar sus rutinas y reconstruir progresivamente su vida en un entorno seguro.
La respuesta de UNICEF en emergencias
Gracias a la presencia de los equipos de UNICEF antes, durante y después de las emergencias, se puede proporcionar una asistencia ágil y adaptada a cada contexto, rápida y eficaz, en coordinación con los gobiernos y el resto de actores humanitarios.
El Fondo de Emergencias permite a la organización contar con recursos para dar respuesta a las necesidades más urgentes de los niños y niñas en situaciones de crisis y acción humanitaria. También posibilita contar con la flexibilidad suficiente para atender una situación de emergencia repentina o, por el contrario, actuar en situaciones que se prolongan mucho en el tiempo y generan necesidades crónicas urgentes.


