Isabel Sastre, subdirectora de Prestación Farmacéutica del Área Sanitaria de A Coruña y Cee, y Mercedes Cao, nefróloga del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac), han desarrollado iniciativas en Galicia para concienciar a sus colegas sobre el valor de una prescripción adecuada y los riesgos del sobreconsumo. Según el Observatorio del Uso de Medicamentos, el 13 % de la población española toma a diario prazoles, frente a la media de la Unión Europea que se sitúa entre el 5 % y el 7 %.
Los prazoles se conocen popularmente como protectores de estómago. ¿Lo son realmente?
Isabel Sastre (I. S.): Para situarlos, los inhibidores de la bomba de protones están indicados para el tratamiento de enfermedades relacionadas con la secreción ácida del estómago, como puede ser la úlcera de estómago. Esta es su indicación general. Pero no son protectores gástricos en sentido estricto. Sí que inhiben la producción de ácido, pero no crean una capa protectora en la mucosa del estómago, como sí hacen otros medicamentos.
¿A qué se debe esta idea de que protegen el estómago?
I. S.: No deja de ser una estrategia de marketing. Las palabras son importantes y el término ‘protector’ nos invoca connotaciones positivas. Esta terminología da una falsa sensación de seguridad, de inocuidad, y hay que evitarla.
¿Qué término sería más adecuado?
Mercedes Cao (M. C.): Proponemos llamarles prazoles. Ni protectores del estómago ni tampoco inhibidores de la bomba de protones porque es algo muy técnico, más propio de los profesionales sanitarios. «Prazol» es fácil de recordar porque todos los fármacos de esta familia, omeprazol, esomeprazol, lanzoprazol, etc., terminan así. Denominándolos prazoles se evitaría la banalización que entraña el nombre de protectores del estómago.
¿Por qué en España se consumen más o menos el doble que en la Unión Europea?
M. C.: No tengo una explicación clara. Podría ser que, al tratarse de unos fármacos muy eficaces y seguros en la indicación para la que están aprobados, ganaron mucha popularidad, incluso entre la clase médica. También influye el que estén disponibles sin receta médica. Lo que está claro es que el sobreconsumo de prazoles, mal denominados «protectores de estómago», es un problema de salud pública.
¿Son medicamentos seguros?
M. C.: Lo son en las indicaciones terapéuticas aprobadas, a las dosis y durante el periodo indicado en la ficha técnica.

¿Por qué pueden comprarse sin receta médica?
I. S.: Porque la Agencia Española del Medicamento estima que tomarlos durante un tiempo corto y en una dosis determinada es una automedicación que puede considerarse responsable. Ocurre igual con analgésicos como el paracetamol o antiinflamatorios como el ibuprofeno. Es verdad que, cuando se comercializan sin receta, los prospectos acotan mucho su utilización. En concreto, el omeprazol ya se presenta en envases de 14, no de 28, y eso limita a dos semanas el tratamiento.
¿Hay situaciones en que no estén indicados y sin embargo se estén prescribiendo?
M. C.: Más que eso, lo que pasa es no se revisa la medicación y se mantienen indefinidamente. Ocurre con frecuencia en los casos de polimedicación. Es posible que los cuatro, cinco o más fármacos que toma un paciente no sean gastrolesivos, pero se incluye el omeprazol en la receta para “proteger el estómago”. Es una práctica médica muy extendida.
¿Cuándo estaría indicado un prazol en casos de polimedicación?
I. S.: Solo cuando un medicamento sea gastrolesivo, da igual que se tome uno o cinco. Tomar varios medicamentos no es un criterio de gastroprotección.
¿Qué efectos adversos puede tener un uso inadecuado?
M. C.: Los más conocidos son la hipomagnesemia, el déficit de vitamina B12, calcio y hierro. En el riñón, la nefropatía tubulointersticial aguda, un cuadro inflamatorio grave que requiere ingreso hospitalario para su diagnóstico y tratamiento.
¿Alguno más?
M. C.: Menos conocido, aunque cada vez hay más evidencia científica, es el daño renal crónico. Cursa de manera silente y es más grave porque no da síntomas hasta que no está en una fase muy avanzada, y cuando se diagnostica, el daño es irreversible, condicionando la necesidad de tratamiento sustitutivo renal, con la consiguiente disminución de la calidad y esperanza de vida. Los pacientes más susceptibles tienen una enfermedad renal de base. El problema es que la mayoría de los pacientes y sus médicos no saben que la padecen.
¿Qué porcentaje de la población la sufre y lo desconoce?
M. C.: Se estima que afecta a un 10 % de la población y es más frecuente cuanto mayor es la edad. En pacientes mayores de 80 años la prevalencia de la enfermedad renal crónica se acerca al 40 %.
¿Cómo se puede atajar la imagen de inocuidad que rodea estos medicamentos?
I. S.: Para empezar, hay que llamarles por su nombre: prazoles. Es necesaria la formación continuada para los profesionales sanitarios. Además, hay que medir los consumos y valorar la eficacia de las medidas que se pongan en marcha para acabar con el sobreconsumo. Por otra parte, hay que dirigirse al usuario. Sería bueno que una persona que lo tome sin control médico se plantee la pregunta: ¿por qué tengo que tomar este medicamento?
¿Qué debe hacer alguien que lo tome desde hace años después de hacerse esta pregunta?
M. C.: Es algo que debe consensuar con el profesional sanitario. En la consulta me ha sorprendido gratamente que, cuando le propongo al paciente suspenderlo y le digo que el uso innecesario genera un daño, algunos me dicen: “Algo leí ya sobre el tema”. El control médico es muy importante, porque al suspenderlo se produce un cuadro de hipersecreción ácida de rebote que dura aproximadamente dos semanas. El paciente tiene que saberlo para garantizar el éxito de la retirada.
¿Hay que explicar que el beneficio es a largo plazo?
M. C.: Sí, aunque el paciente se sienta peor durante unos días, evitará efectos secundarios en el futuro.

¿En qué ha consistido la iniciativa que han desarrollado para concienciar sobre el problema del sobreconsumo?
M. C.: En el Área Sanitaria de A Coruña y Cee hay una formación que se llama «Farmacia en Rede», donde se habla de prescripción razonada. Nos pareció un ámbito idóneo para sensibilizar a los médicos y farmacéuticos de Atención Primaria y Hospitalaria acerca del sobreconsumo de prazoles. Y seguimos trabajando con los profesionales sanitarios para reconducir este patrón de consumo. Una de las ideas que proponen las sociedades científicas de gastroenterología es, al menos, intentar disminuir la dosis. Eso ya sería un éxito porque el daño es acumulativo.
¿Las iniciativas que se tomaron hace unos años para acabar con el sobreconsumo de antibióticos pueden ser un buen modelo para reducir el de prazoles?
I. S.: Hay diferencias entre ambos que implican distinto abordaje. Por un lado, los antibióticos pueden producir resistencias si no se utilizan adecuadamente, y este problema no lo tienen los prazoles. Además, en general, los antibióticos son medicamentos para tratamientos agudos, que duran unos días, y los prazoles pueden tener indicaciones para tratamientos crónicos. Por último, los prazoles pueden adquirirse sin receta, algo que no ocurre con los antibióticos, y esto dificulta la monitorización de su consumo.
¿En ese objetivo de reducir el uso de prazoles habría que implicar también a los farmacéuticos?
I. S.: Sin duda. El consejo en las farmacias es fundamental porque son profesionales que tienen la facultad de recomendarlo y dispensarlo sin receta. Por otra parte, es clave la concienciación de los farmacéuticos hospitalarios y de Atención Primaria, que hacen una muy buena labor en la revisión de los tratamientos de los pacientes crónicos y de los que son hospitalizados. Su papel es muy importante porque pueden detectar una utilización inadecuada.
¿Hay personas que toman prazoles cuando tienen previsto beber o comer mucho?
I. S.: Sí, hay personas sanas que tienen por costumbre llevarse sus caramelitos, sus prazoles, cuando planean ciertas transgresiones alimentarias o excesos, por ejemplo, en época navideña, y eso es un problema de salud pública.
¿En ningún caso deben tomarse para aliviar las molestias gástricas?
I. S.: Para aliviar los síntomas de acidez o molestias gástricas son útiles otras medidas de estilo de vida, como evitar las comidas copiosas o el tabaco, antes que plantearse tomar un fármaco. Los prazoles no pueden usarse como medicación preventiva de molestias gástricas. Con los problemas gástricos, antes de recurrir a un fármaco, hay que agotar la vía no farmacológica.


