Consumo de alcohol y riesgo de cáncer
En 1998, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) ya clasificó las bebidas alcohólicas como carcinógenas para los seres humanos. Estudios más recientes confirman que incluso pequeñas cantidades de alcohol aumentan el riesgo de desarrollar múltiples tipos de cáncer.
Y, de hecho, el impacto económico producido por los cánceres relacionados con el alcohol también se antoja alarmante: 4.600 millones de euros por pérdidas de productividad en Europa (UE, Islandia, Noruega, Suiza y Reino Unido).
Uno de los errores más frecuentes es pensar que los riesgos están asociados tan solo a las bebidas de alta graduación, como whisky, ron o ginebra. Sin embargo, la sustancia responsable del daño es el etanol, presente en todas las bebidas alcohólicas.
Esto significa que cerveza, vino, sidra o bebidas destiladas comparten el mismo factor de riesgo. La diferencia radica en la cantidad de alcohol que contienen y en la frecuencia con la que se consumen, pero ninguna de ellas está exenta de riesgo desde el punto de vista oncológico.
Por ello, cuando hablamos de prevención del cáncer, el alcohol también importa.
¿Qué tipos de cáncer se relacionan con el consumo de alcohol?
Los principales tipos de cáncer asociados al alcohol están vinculados al recorrido que éste realiza en nuestro cuerpo desde el momento en el que se ingiere: boca, faringe, laringe, esófago, hígado, colon y recto, mama en las mujeres y próstata en los hombres.

¿Existe una cantidad de alcohol segura?
La evidencia científica es clara: no existe una cantidad de alcohol completamente segura en relación con el riesgo de cáncer. Incluso un consumo bajo, inferior a una bebida al día, puede incrementarlo:
- en mujeres, aumenta el riesgo de cáncer de esófago, colon, recto y de mama.
- en hombres, eleva el riesgo de cáncer de próstata, colon y recto.
Además, el riesgo crece a medida que aumenta la ingesta. Las personas que toman de forma habitual tres o cuatro bebidas alcohólicas al día pueden llegar a triplicar la probabilidad de desarrollar cánceres relacionados con el alcohol.
Y el riesgo es aún mayor cuando se combinan alcohol y tabaco. Ambas sustancias potencian sus efectos nocivos e incrementan la probabilidad de desarrollar cáncer de boca, laringe y esófago.
¿Cómo puede el alcohol provocar cáncer?
Cuando una persona consume una bebida alcohólica, el organismo transforma el etanol en acetaldehído, una sustancia tóxica capaz de dañar el ADN de las células. Con el tiempo, este daño puede favorecer la aparición de tumores.
Además, el metabolismo del alcohol genera compuestos que producen estrés oxidativo e inflamación, deteriorando las células. También puede alterar el equilibrio hormonal, modificar la microbiota intestinal, aumentar la permeabilidad del intestino y favorecer un entorno celular más propicio para el desarrollo del cáncer. Además, el alcohol puede actuar como facilitador de otros agentes carcinógenos, elevando su capacidad para causar daño.

La evidencia científica muestra que reducir o abandonar el consumo de alcohol disminuye el riesgo de cáncer de cavidad oral y esófago. En otros tipos de cáncer relacionados con el alcohol (faringe, laringe, hígado, colorrectal y mama), el efecto del cese de consumo es menos claro, por lo que se requiere una mayor investigación.
¿Qué más hacer para prevenirlo?
Aunque no todos los casos de cáncer se pueden evitar, se estima que hasta un 40 % podrían prevenirse reduciendo la exposición a factores de riesgo.
La iniciativa SAFER (Strengthen, Advance, Facilitate, Enforce & Raise), de la Organización Mundial de la Salud en 2018, incluye medidas efectivas para disminuir los daños asociados al alcohol:
- Formación y empoderamiento de la población general sobre los riesgos del consumo de alcohol para promover la toma de decisiones informadas.
- Prohibición de la publicidad, promoción y patrocinio de bebidas alcohólicas, especialmente la dirigida a población juvenil.
- Etiquetado claro del riesgo sanitario implícito.
- Acceso a detección y tratamiento temprano del trastorno por consumo de alcohol.
- Campañas públicas y movilización ciudadana que conciencien a la población.
- Limitación de la disponibilidad, tanto de puntos de venta como de horarios.
- Subida de la edad mínima legal para la compra y consumo de alcohol (a mínimo 19 años).
- Aumento de impuestos y precios mínimos de las bebidas alcohólicas.

La prevención del cáncer comienza en tus elecciones
Hablar de alcohol y cáncer no pretende culpabilizar a nadie, sino ofrecer información basada en la evidencia para que cada persona pueda tomar decisiones conscientes sobre su salud. Hoy sabemos que no existe una cantidad de alcohol libre de riesgo en términos de cáncer y reducir o evitar su consumo puede aportar beneficios importantes y contribuir a la prevención de enfermedades.
La prevención del cáncer no depende de una única acción, pero cada elección cuenta. Mantener hábitos saludables, evitar el tabaco, seguir una alimentación equilibrada, realizar actividad física y reducir el consumo de alcohol son pasos que ayudan a proteger nuestra salud a largo plazo.
Porque, en definitiva, prevenir empieza por conocer, y conocer permite elegir mejor.


