Cómo recuperar la salud de la piel después del verano

El sol, el cloro, la sal y los cambios de temperatura pueden dejar la piel más seca, apagada y sensible. Recuperar las rutinas de cuidado personal y reforzar la hidratación ayudan a devolverle su aspecto saludable y luminoso
Por Sonia Recio 2 de septiembre de 2026
corazón pierna crema
Imagen: chezbeate
El verano pone a prueba nuestra piel. El sol, el calor, el aire acondicionado, el sudor y el contacto con el agua del mar o de la piscina pueden alterar su equilibrio, dejándola más seca, apagada y con un aspecto menos uniforme. A esto se suman los cambios de horarios y costumbres, que muchas veces hacen que los cuidados habituales queden relegados a un segundo plano. Pero septiembre es un buen momento para volver a prestar atención a la piel, adaptar los cuidados a sus necesidades y retomar unos hábitos saludables. Además, a veces, resulta útil recurrir a tratamientos de refuerzo, siempre bajo la supervisión de un profesional. Y hay algo que no conviene olvidar: la fotoprotección.

Cómo el verano deja huella en la piel

Durante los meses estivales, la piel está más expuesta al sol, al calor y al sudor, pero también a factores menos evidentes, como el aire acondicionado o los continuos cambios de temperatura entre exteriores e interiores. A ello se suman la arena de la playa, la sal del mar y el cloro de las piscinas, que pueden alterar la barrera cutánea y favorecer la sequedad y la irritación.

Los hábitos también cambian en esta época: comemos y dormimos de otra manera, no siempre bebemos suficiente agua y es frecuente que los cuidados dermatológicos diarios se relajen. Todo ello puede contribuir a que la piel llegue al final del verano más seca, apagada, sensible o con manchas.

hombre playa
Imagen: Sammy-Sander

Problemas más frecuentes en la piel después (y durante) el verano

Aunque cada piel responde de manera distinta, hay ciertos problemas cutáneos que se repiten con especial frecuencia durante y después de estos meses, sin olvidar que también hay enfermedades dermatológicas que se agravan con el calor.

Estas son las afecciones más comunes que sufre la piel en la temporada estival:

🔴 Quemaduras solares

El exceso de exposición a la radiación ultravioleta puede provocar enrojecimiento, ardor y sensibilidad. Cuando la quemadura es más intensa, también pueden aparecer descamación o ampollas.

🔴 Erupción por calor

También conocida como miliaria o sarpullido, aparece cuando el sudor se acumula en la piel. Se manifiesta en forma de pequeños granitos, sobre todo en el cuello, la espalda y los pliegues, y suele producir picor y molestias.

🔴 Sequedad y deshidratación

La combinación de sol, sal, cloro y aire acondicionado puede alterar la barrera cutánea. La piel puede quedar más seca, tirante y sensible, además de perder parte de su luminosidad.

🔴 Manchas y cambios en la pigmentación

La exposición solar estimula la producción de melanina y puede hacer que aparezcan o se acentúen manchas como los léntigos solares o el melasma, especialmente en el rostro, el escote y las manos.

🔴 Irritación y dermatitis

El contacto prolongado con el cloro, la sal o la arena, así como el uso de determinados cosméticos (cremas y protectores solares), puede provocar rojeces, picor o sensación de ardor. En las pieles más sensibles, estos factores también pueden causar brotes de afecciones como la rosácea.

🔴 Acné y foliculitis

El calor, la sudoración y la acumulación de restos de cosméticos pueden obstruir los poros y favorecer la aparición de granitos. También es frecuente la foliculitis, pequeñas inflamaciones del folículo piloso que pueden surgir, por ejemplo, tras llevar durante horas ropa húmeda o muy ajustada.

🔴 Arrugas más marcadas

La radiación ultravioleta acelera el envejecimiento cutáneo y acentúa líneas y arrugas en zonas delicadas —como el contorno de ojos, los labios o la frente— al reducir el colágeno y la elastina, que mantienen la piel firme.

🔴 Lesiones precancerosas o melanomas

Exposiciones prolongadas, repetidas y sin protección pueden contribuir a la aparición de queratosis actínicas y, en casos más graves, melanomas.

Los pilares para devolver la salud a la piel tras el verano

Septiembre puede ser un buen momento para revisar los cuidados cutáneos y recuperar los hábitos que se han podido relajar durante el verano. El primer paso es valorar el estado de la piel y adaptar los productos y tratamientos a sus necesidades: lo que funcionaba antes de los meses estivales puede no ser lo más adecuado ahora.

El Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid (COFM) propone algunas pautas para recuperar la piel:

Limpiar bien, mañana y noche

Una buena limpieza, mañana y noche, ayuda a que la piel respire y se mantenga equilibrada. Lo recomendable es utilizar productos suaves y adaptados a cada tipo de piel, aplicarlos sin frotar y utilizar agua templada. Aceites, geles o aguas micelares pueden ser adecuados según las necesidades de cada persona.

Exfoliar con moderación

Eliminar las células muertas ayuda a mejorar la textura y recuperar la luminosidad. La exfoliación, sin embargo, debe hacerse con moderación y adaptarse a cada piel para evitar irritaciones. Los alfahidroxiácidos (AHA), como el ácido glicólico o el mandélico, y los betahidroxiácidos (BHA), como el ácido salicílico, están entre algunas de las alternativas disponibles.

Reforzar la hidratación

Tras el verano, la piel puede necesitar un aporte adicional de hidratación. Ingredientes como el ácido hialurónico, la glicerina, el pantenol o la urea ayudan a retener agua, mientras que otros, como las ceramidas o el escualeno, contribuyen a reforzar la barrera cutánea. La clave está en elegir una fórmula adecuada a cada tipo de piel y ser constante en su aplicación.

cosmético piel
Imagen: Anna Tarazevich

Incorporar activos específicos

No todas las pieles necesitan lo mismo. La vitamina C, la niacinamida, el ácido hialurónico o los retinoides pueden incorporarse para tratar problemas concretos, desde las manchas y la falta de luminosidad hasta la sequedad o los signos del envejecimiento. Su elección y frecuencia de uso deben adaptarse a las características de cada piel.

Valorar tratamientos dermatológicos

En determinados casos, los cuidados diarios pueden complementarse con tratamientos de refuerzo realizados por profesionales. Entre ellos se encuentran la mesoterapia facial o el plasma rico en plaquetas, que pueden utilizarse para mejorar aspectos como la hidratación, la luminosidad, la elasticidad o la firmeza cutánea.

Recuperar los buenos hábitos

Dormir bien, mantener una alimentación equilibrada (preferiblemente, la dieta mediterránea), hacer ejercicio, beber suficiente agua y evitar el tabaco y el alcohol también contribuyen al buen estado de la piel. Son gestos sencillos que ayudan a que vuelva a mostrarse más luminosa y equilibrada.

Mantener la fotoprotección

Que termine el verano no significa que haya que guardar el protector solar en el cajón. La radiación ultravioleta permanece durante todo el año, por lo que la fotoprotección debe mantenerse como parte de los cuidados diarios, especialmente cuando vamos a pasar tiempo al aire libre. Recuerda que el producto que elijas debe tener un factor de protección adecuado a la actividad y al tiempo de exposición en el exterior.

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