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¿Por qué las altas temperaturas agravan los problemas de la piel?
La piel es especialmente vulnerable durante los meses de calor. Las altas temperaturas no solo aceleran la deshidratación cutánea, sino que también debilitan su función de barrera, favoreciendo la aparición de sequedad, irritación y una mayor sensibilidad. Estas alteraciones pueden aumentar el riesgo de infecciones y, además, agravar enfermedades dermatológicas ya existentes, como la rosácea, el lupus o el vitíligo, todas ellas sensibles al calor y la exposición solar.
La sudoración excesiva es otro factor que complica el panorama. El exceso de humedad en la piel favorece la obstrucción de los poros y la acumulación de sebo. Estudios estiman que entre un 30 % y un 50 % de las personas con acné experimentan un empeoramiento durante los meses más cálidos debido a una mayor producción de grasa.
Además, el calor y la humedad crean un entorno propicio para la proliferación de microorganismos, lo que eleva el riesgo de infecciones cutáneas. Afecciones como el pie de atleta, la foliculitis o la pitiriasis versicolor, de origen fúngico, encuentran en el verano su caldo de cultivo ideal.

¿Qué enfermedades dermatológicas empeoran con el sol? (y qué precauciones tomar al exponerse)
La exposición solar, especialmente en primavera y verano, no solo puede dañar la piel sana, sino también agravar patologías dermatológicas ya existentes, provocar brotes o acelerar su evolución. Por eso, para proteger la piel, en todos los casos los expertos recomiendan evitar la exposición directa durante las horas de mayor intensidad solar, entre las 12:00 y las 16:00 horas, además de aplicar protector solar con un alto factor de protección (SPF), buscar la sombra siempre que sea posible y mantener una hidratación constante.
Estas son algunas de las enfermedades cutáneas más sensibles a la radiación solar y los cuidados que se deben extremar en los meses de más calor:
☀️ Rosácea
La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta principalmente al rostro y que se manifiesta con enrojecimiento persistente, vasos sanguíneos dilatados y, en algunos casos, granitos y engrosamiento de la piel. La exposición solar es uno de los principales desencadenantes de sus brotes.
Durante los meses más cálidos, se aconseja extremar la protección solar, evitar temperaturas elevadas y prestar atención a factores como el estrés, el alcohol o ciertos alimentos que pueden empeorar los síntomas.
☀️ Herpes
El virus del herpes puede reactivarse por múltiples factores, y uno de los más comunes es la exposición a la radiación ultravioleta. El calor y la inflamación que provoca el sol favorecen la aparición de brotes, especialmente de herpes labial.
Para prevenirlo, es fundamental usar protector solar sobre las zonas afectadas o un bálsamo con SPF en los labios. Evitar la exposición en las horas de máxima radiación y mantener una buena hidratación cutánea también ayuda a reducir la frecuencia e intensidad de los brotes.
Si la lesión ya ha aparecido, lo más recomendable es evitar el sol directo sobre ella para acelerar su curación.
☀️ Vitíligo
El vitíligo es una enfermedad autoinmune caracterizada por la pérdida de pigmentación en zonas localizadas del cuerpo, lo que da lugar a manchas blancas de distinta extensión. Contrario a la creencia de que tomar el sol puede “igualar” el tono de la piel, estas áreas no se broncean ni cuentan con la protección natural que ofrece la melanina. Por ello, son mucho más vulnerables a las quemaduras solares y al agravamiento de las lesiones.
Los dermatólogos recomiendan aplicar protector solar de amplio espectro con SPF 50+, especialmente sobre las zonas despigmentadas, y evitar la exposición directa al sol, sobre todo en las horas centrales del día.
☀️ Melasma
El melasma es una alteración de la piel que se manifiesta con manchas oscuras, sobre todo en la frente y las mejillas. Afecta principalmente a mujeres, y suele estar relacionado con cambios hormonales como los que se producen durante el embarazo o con el uso de anticonceptivos.
La exposición solar es uno de los factores que más agravan el melasma. Por eso, la protección diaria frente al sol es fundamental: utilizar protector solar con un SPF alto durante todo el año es fundamental. También es importante tener cuidado con ciertos gestos cotidianos, como la depilación del vello facial, que puede irritar la piel y empeorar las manchas.
☀️ Pitiriasis versicolor
La pitiriasis versicolor es una infección fúngica causada por el hongo Malassezia, presente de forma natural en la piel. Bajo condiciones de calor, humedad o sudoración excesiva, este microorganismo puede proliferar en exceso, provocando manchas claras u oscuras, especialmente en pecho, espalda, cuello y brazos.
Los especialistas aconsejan a los pacientes con pitiriasis versicolor adoptar una rutina de cuidados específicos para prevenir brotes. Entre las recomendaciones están usar ropa holgada y de tejidos transpirables, evitar cosméticos grasos —como aceites corporales— y cambiarse de inmediato tras actividades que generen sudor, como el ejercicio físico. Mantener la piel limpia, seca y libre de humedad resulta fundamental para evitar la proliferación del hongo responsable de esta afección.
☀️ Lupus
Más de 75.000 adultos en España conviven con lupus, según datos de la Sociedad Española de Reumatología (SER). Esta enfermedad autoinmune puede presentarse de formas muy diversas, aunque uno de sus signos más característicos es el eritema malar, también conocido como “alas de mariposa”: un enrojecimiento simétrico que afecta a las mejillas y el puente de la nariz.
La exposición solar no solo agrava este síntoma, sino que puede desencadenar brotes sistémicos. Usar protector solar a diario, cubrirse con ropa la mayor parte del cuerpo y llevar sombreros de ala ancha son recomendaciones para prevenir que la enfermedad avance y surjan otras complicaciones asociadas, como el dolor muscular y articular.
Los riesgos de no protegerse del sol

Exponerse al sol sin la protección adecuada puede acarrear consecuencias graves, tanto a corto como a largo plazo, incluso en personas sin enfermedades dermatológicas. Las quemaduras solares son solo el comienzo: la radiación ultravioleta acelera el envejecimiento cutáneo y multiplica el riesgo de desarrollar cáncer de piel.
El daño no siempre es inmediato, es acumulativo. Con el tiempo, el sol deteriora las fibras de colágeno y elastina —las responsables de mantener la piel firme y elástica—, lo que se traduce en arrugas prematuras, flacidez, manchas oscuras y un tono desigual. Aunque las manchas solares pueden deberse a factores como la edad, los cambios hormonales o el uso de ciertos medicamentos, la exposición solar prolongada sin protección está directamente relacionada con su aparición y agravamiento.
Y no, sintetizar vitamina D no significa tumbarse al sol como un lagarto. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre 10 y 20 minutos diarios bajo el astro rey son suficientes para cubrir las necesidades del organismo, siempre fuera de las horas centrales del día y con la piel debidamente protegida. Más allá de ese tiempo, los riesgos superan los beneficios: el sol deja marcas irreversibles en la piel y aumenta la probabilidad de enfermedades cutáneas.


