Bufandas y gorros: aliados contra el frío, enemigos de la piel

En invierno, bufandas y gorros son accesorios indispensables, pero su uso continuado puede favorecer los brotes de acné. Una rutina de cuidado de la piel es imprescindible
Por Sonia Recio 23 de diciembre de 2025
acné del abrigo por gorros y bufandas
Durante el invierno, la piel se enfrenta a una combinación de factores adversos —temperaturas bajas, viento y calefacción— que alteran su equilibrio natural. La barrera cutánea se debilita, la superficie pierde hidratación y los poros tienden a obstruirse con mayor facilidad, lo que crea el marco idóneo para la aparición de brotes o la reactivación del acné. A este escenario se suman grandes aliados para protegerse del frío, como los gorros o las bufandas. Pero su uso prolongado puede provocar roces, limitar la ventilación y propiciar la acumulación de sudor o bacterias en los tejidos. Todo ello irrita la piel y favorece la aparición de granos, espinillas o puntos negros, especialmente en la frente, la mandíbula y el cuello.

¿Qué le ocurre a la piel cuando hace mucho frío?

El aire frío y seco del invierno reduce la humedad ambiental y, con ella, la capacidad de la piel para retener agua. La barrera cutánea se altera: se reseca, pierde parte de sus lípidos protectores y la superficie se vuelve más frágil y sensible al roce o a los cambios bruscos de temperatura.

En muchos casos, las glándulas sebáceas reaccionan aumentando la producción de grasa para compensar la sensación de sequedad. Este mecanismo de defensa, aunque natural, puede generar un desequilibrio evidente: la piel se nota seca y tirante en la superficie, mientras que en las capas más internas hay un exceso de sebo.

La combinación de deshidratación y mayor producción sebácea favorece la obstrucción de los poros y, con ello, la aparición de puntos negros o brotes inflamatorios, sobre todo en personas con piel mixta o tendencia acneica. A esto se suma el contraste entre el aire frío del exterior y el calor seco de los espacios interiores, que intensifica la irritación y contribuye a que la piel se vea más apagada.

Gorros y bufandas: ¿por qué pueden producir acné?

Durante el invierno, los complementos que usamos para protegernos del frío, como gorros y bufandas, pueden convertirse en un factor desencadenante de brotes de acné. Su contacto continuo con la piel crea un entorno poco saludable: fricción, falta de ventilación y acumulación de sudor, maquillaje y bacterias. El resultado es una piel irritada, obstruida y más propensa a los granos, especialmente en la frente, la mandíbula y el cuello.

acné por usar gorro y bufanda
Imagen: Clem Onojeghuo

Estas son las principales consecuencias dermatológicas del llamado “acné del abrigo”:

🧣 Acumulación de bacterias

Las bufandas permanecen en contacto directo con la piel, el sudor y el maquillaje. Si no se lavan con frecuencia, pueden convertirse en un reservorio de bacterias que desencadenen brotes e irritaciones.

🧣 Fricción constante

El roce repetido del tejido contra la piel provoca inflamación, enrojecimiento y microlesiones. Este fenómeno, conocido como “acné mecánico”, favorece la obstrucción de los poros y la aparición de granos en la mandíbula y el cuello.

🧣 Sudor y humedad

Al cubrir la parte inferior del rostro, las bufandas retienen el calor y crean un microclima húmedo. Este ambiente estimula la actividad de las glándulas sebáceas y facilita la proliferación bacteriana, dos factores determinantes en el desarrollo del acné. 

🧣 Materiales poco transpirables

Las prendas elaboradas con fibras sintéticas o tejidos densos dificultan la ventilación y agravan la irritación cutánea, lo que aumenta el riesgo de inflamación y brotes acneicos.

Cómo evitar que gorros y bufandas causen acné

No es necesario renunciar a los accesorios de invierno para cuidar la piel. Con algunos hábitos sencillos, es posible protegerse del frío sin favorecer la aparición de granos ni irritaciones. 

  • Lava gorros y bufandas con frecuencia, al menos una vez por semana —o más a menudo si los usas a diario o sudas mucho— para evitar la acumulación de bacterias y sudor en el tejido.
  • Elige complementos confeccionados con materiales respetuosos con la piel. Apuesta por tejidos suaves y transpirables, como algodón, lana merina fina u otras fibras naturales, y evita las telas sintéticas o ásperas, que aumentan la fricción y la irritación. 
  • Reduce el uso de maquillaje en las zonas en contacto con gorros y bufandas. Si la parte baja del rostro estará cubierta, evita aplicar base o polvos en la mandíbula y el cuello para prevenir que el producto se transfiera al tejido y obstruya los poros. 
  • Opta por bufandas y gorros con un ajuste cómodo: firmes, pero sin ejercer presión. De este modo, la piel puede respirar mejor y se minimiza la fricción.
cuidar la piel en invierno y evitar acné
Imagen: Mikhail Nilov

¿Qué hacer si ya tengo un brote de acné?

Si notas granitos o irritación en la piel del cuello, la mandíbula o la frente, es importante actuar pronto para evitar que el problema empeore: 

  • Deja de utilizar bufandas o gorros hasta que la piel se recupere.
  • Aplica productos calmantes y no comedogénicos. Ingredientes como niacinamida, pantenol o aloe vera ayudan a aliviar la irritación y reforzar la barrera cutánea. Puedes complementar la rutina con un tratamiento específico para el acné, según la tolerancia de tu piel. 
  • Evita tocar los granos: rascar o frotar solo aumenta la inflamación y puede dejar marcas o cicatrices.
  • Consulta con un dermatólogo si los brotes persisten, duelen o se extienden. 

Cómo cuidar la piel en invierno

La Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) recuerda que el invierno exige una rutina de cuidado más constante y adaptada a las bajas temperaturas. El objetivo es proteger la barrera cutánea y evitar la deshidratación que provocan el frío, el viento y la calefacción.

  • En invierno, la piel pide más hidratación. Aumenta la frecuencia de aplicación de cremas hidratantes y emolientes, más nutritivas de lo habitual y con fórmulas capaces de reparar la barrera hidrolipídica dañada por el frío. No te límites al rostro: cuello y escote también necesitan ese extra de cuidado.
  • Al lavar la cara, huye tanto del agua muy caliente como de la muy fría. Lo idóneo es usar agua tibia, acompañarla de limpiadores suaves y aplicar la crema hidratante de inmediato, cuando la piel aún conserva algo de humedad. Presta especial atención a las zonas más sensibles o con pliegues, donde la piel tiende a resecarse e irritarse con mayor facilidad.
  • Cuidado con la calefacción: el calor reseca el aire de los espacios interiores y, con él, la piel. Colocar humidificadores ayuda a mantener la hidratación cutánea y a reducir la molesta sensación de tirantez.
  • Aunque en invierno el sol parezca menos intenso, la radiación ultravioleta sigue presente. Usar fotoprotector a diario es clave para prevenir manchas y minimizar el daño solar acumulado. Y un recordatorio que suele olvidarse: los labios también necesitan protección, mejor con un bálsamo nutritivo.

Como hábitos complementarios, la AEDV recomienda evitar el tabaco y el alcohol —factores que reducen la oxigenación y deshidratan la piel—, beber entre 1,5 y 2 litros de agua al día y aumentar el consumo de frutas y verduras ricas en vitamina C. 

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