¿Sin energía al acercarse el verano? Estas son las causas
En las últimas semanas de la primavera y las primeras del verano, muchas personas notan que les cuesta más levantarse, que el día se les hace pesado y que llegan al final de la jornada agotadas. No es solo una percepción.
A medida que aumentan las horas de luz y suben las temperaturas, los expertos en sueño observan un claro incremento del cansancio en la población. “Es una de las quejas más frecuentes durante la primavera avanzada y el inicio del verano”, apunta la doctora María José Martínez Madrid, coordinadora del grupo de Cronobiología de la Sociedad Española de Sueño (SES).
El fenómeno no deja de ser llamativo, ya que solemos asociar la falta de energía al invierno, cuando el frío invita a prolongar el descanso y alargar las horas en la cama. Sin embargo, ocurre lo contrario: pese a disponer de más luz, mejor clima y, en teoría, más posibilidades para realizar actividades, este periodo de transición entre primavera y verano puede resultar especialmente exigente. ¿El motivo? El organismo debe adaptarse a un nuevo ritmo, los horarios tienden a retrasarse casi sin darnos cuenta y el calor comienza a afectar a la calidad del sueño.

☀️ Días más largos y noches más cortas
Uno de los principales motivos de este cansancio extremo es el alargamiento progresivo de las tardes en torno al solsticio de verano. Las noches se acortan tanto que parece que el día no termina nunca. Ese exceso de luz hace que desplacemos los horarios casi sin darnos cuenta: cenamos más tarde, los planes sociales se alargan y pasamos más tiempo en la calle.
“El problema es que la hora de levantarse para trabajar o llevar a los niños al colegio no cambia. Muchas personas, sin ser conscientes, van reduciendo poco a poco sus horas de sueño sin darse cuenta”, aclara Martínez Madrid. En España, donde los horarios ya son de por sí más tardíos que en otros países europeos, este desplazamiento se acentúa todavía más.
A ello se suma el cambio horario de primavera. Alargar las horas de luz por la tarde y retrasar el anochecer contribuye a posponer algunas señales biológicas clave que preparan al organismo para dormir, como la secreción de melatonina. “Probablemente no estamos viendo un efecto residual del cambio horario como tal, sino las consecuencias de los hábitos que favorece ese horario”, apunta la especialista.
🔥 El calor: el gran enemigo del descanso nocturno
A ese aumento de horas de luz y al cambio de hábitos se suma otro factor que este año ha llegado con especial intensidad: las altas temperaturas. Las noches en las que el termómetro no baja de los 20 grados —las famosas “noches tropicales”, cada vez más frecuentes— dificultan de forma notable un buen descanso.
Para dormir bien, el cuerpo necesita reducir ligeramente su temperatura interna. Cuando el ambiente es demasiado cálido, ese mecanismo se ve comprometido. ¿l resultado es un sueño más superficial, con más despertares —muchos de ellos imperceptibles— y menos fases de sueño profundo. Se duerme, sí, pero se descansa peor, y al día siguiente el organismo lo acusa.
“El calor es, probablemente, uno de los factores más importantes ahora mismo. Para dormir bien necesitamos que la temperatura corporal descienda ligeramente durante la noche, pero cuando las temperaturas nocturnas son elevadas, el organismo tiene más dificultades para disipar calor y ese mecanismo fisiológico se ve alterado”, explica la doctora.

😴 El cansancio estacional se suma a un déficit crónico de sueño
Este cansancio aparentemente estacional no aparece de la nada. Se agrava porque una parte importante de la población ya arrastra un déficit de sueño acumulado. En general, dormimos menos de las siete a nueve horas recomendadas y, en ese contexto, cualquier factor adicional —como tener más luz, más calor o más actividad social— hace que la fatiga sea más evidente.
El sueño, en consecuencia, resulta menos reparador. “Muchas veces no somos plenamente conscientes de esos despertares. Podemos pensar que hemos dormido toda la noche y, aun así, levantarnos cansados porque la calidad del sueño ha empeorado”, comenta la especialista.
Reforzar los ritmos circadianos para mejorar el descanso
La portavoz de la SES subraya la importancia de cuidar la higiene del sueño para ayudar al organismo a mantener sus ritmos naturales.
Entre las medidas más eficaces destaca la exposición a la luz natural nada más levantarse: “la luz de la mañana es la señal más importante para que el cerebro entienda que empieza el día”, detalla.
A esto se suma la necesidad de mantener horarios de descanso lo más regulares posible, incluso durante los fines de semana. Las tardes más largas pueden favorecer que se retrase de forma progresiva la hora de acostarse, lo que acaba desajustando el reloj biológico casi sin que se perciba.
“Y, por supuesto, en épocas de calor es fundamental cuidar el ambiente de sueño”, añade Martínez Madrid. Esto implica mantener la habitación fresca, ventilar antes de acostarse y elegir ropa de cama ligera. También recomienda evitar el ejercicio intenso en las horas previas al descanso y moderar las cenas copiosas o el consumo de alcohol por la noche. “A veces buscamos soluciones complejas para el cansancio cuando la explicación es mucho más sencilla: estamos durmiendo menos horas, con peor calidad y en condiciones ambientales más exigentes”, concluye.


