La escuela, un lugar de protección y esperanza
La escuela es mucho más que el lugar donde aprender Matemáticas, Lengua, Historia… las asignaturas que ayudan a construir una formación que se extiende en el tiempo. Para quienes han tenido que huir de sus hogares a causa de los conflictos, la violencia o la persecución, la educación representa estabilidad, protección y esperanza. Por eso, para esos niños y niñas las aulas se convierten en un espacio seguro donde recuperar la normalidad perdida y empezar a construir un futuro.
Pero la realidad está lejos de ser sencilla. Las familias desplazadas se enfrentan a numerosas barreras para escolarizar a sus hijos e hijas. La falta de documentación, el coste del transporte o del material escolar, así como el aprendizaje en otro idioma son algunos obstáculos habituales. A ello se suman los efectos de conflictos prolongados y crisis humanitarias que, en numerosos casos, han destruido o dañado escuelas y sistemas educativos.
La situación es más compleja en algunos de los contextos de desplazamiento más críticos del planeta. En países como Sudán, Siria, Afganistán o la República Democrática del Congo, millones de niños, niñas y adolescentes han visto interrumpida su educación a causa de la violencia y la inseguridad. Muchos han pasado años fuera de las aulas o han tenido que continuar sus estudios en condiciones extremadamente difíciles.
Educación, un eje fundamental de trabajo para ACNUR
La Agencia de la ONU para los Refugiados trabaja junto a gobiernos, comunidades y organizaciones socias en todo el mundo para facilitar el acceso de la población refugiada a los sistemas educativos de cada país. El objetivo es que los niños y niñas desplazados puedan aprender junto a sus compañeros y compañeras, recibir una educación de calidad y obtener una titulación que les abra puertas en el futuro.
Las iniciativas son diversas: construcción y rehabilitación de escuelas, formación de profesorado, distribución de materiales educativos, apoyo económico a las familias más vulnerables y programas específicos para adolescentes que han visto interrumpidos sus estudios. En muchos lugares, también se impulsan proyectos de educación digital y aprendizaje acelerado para ayudar a quienes han perdido años de escolarización.

Durante 2025, ACNUR reforzó su papel clave en educación en países como Uganda, Chad, Etiopía, Kenia, Sudán del Sur, Pakistán, Sudán, Mali, Bangladesh o Siria, entre otros. En todos ellos, se apoyó programas de acceso a educación primaria y secundaria, los sistemas de examen y continuación del aprendizaje, así como el acceso a estudios universitarios con programas como DAFI (Iniciativa Académica Alemana Albert Einstein).
Dos millones de personas beneficiadas
En total, dos millones de personas se beneficiaron de los programas educativos de ACNUR y sus socios en 68 países en todo el mundo. De ellos, un 96 % fueron personas refugiadas y solicitantes de asilo.
Sin embargo, factores como la pobreza, los gastos asociados a la educación, el trabajo infantil o el matrimonio precoz continúan empujando, sobre todo a adolescentes, a abandonar la escuela. El foco y el esfuerzo de ACNUR permanece en entornos frágiles y afectados por conflictos, inseguridad y desplazamientos.
Según datos de finales del pasado año, el porcentaje de niños, niñas y adolescentes refugiados y solicitantes de asilo matriculados en sistemas nacionales de educación sigue descendiendo desde 2023. En aquel año, se situaba en un 51 %, mientras que a finales de 2025 era de un 39 %. Sin embargo, en países como Burundi, la República Centroafricana, Jordania, Líbano y Malí se observó una notable mejoría.
El trabajo de ACNUR en educación no termina en los datos. Detrás de cada número hay historias, ilusión por aprender y vidas que merecen un futuro. Gracias a las aportaciones y donaciones de nuestros socios y socias, empresas y fundaciones, tenemos la oportunidad de garantizar el acceso a la educación de la infancia refugiada y desplazada por la fuerza.
Ningún niño o niña debería ver truncado su aprendizaje por haber tenido que abandonar su hogar. Porque, incluso en los contextos más difíciles, la educación sigue siendo una de las formas más poderosas de mantener viva la esperanza en que otro futuro es posible.


