Gordofobia, el odio que encuentran con más frecuencia los adolescentes en las redes sociales

Un estudio sugiere que el rechazo a los cuerpos diversos se ha consolidado como la forma más habitual de violencia en redes sociales entre adolescentes
Por María Huidobro González 7 de septiembre de 2026
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Imagen: Mizuno K
En la adolescencia, el aspecto físico adquiere un papel central en la construcción de la identidad y la aceptación social. Por ello, un comentario, un mote, un like, una foto o un rumor debido al cuerpo puede suponer todo un mundo para nuestros chicos y chicas: entraña el peligro de caer en un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), el consumo de complementos alimenticios o la práctica de ejercicio de manera compulsiva. Y no solo eso. Como señala ANAR, la apariencia física sigue siendo uno de los motivos más frecuentes para meterse con una víctima de bullying. Y en las redes sociales, la diana sobre la que se descarga odio, como señala un informe reciente que analiza cómo se manifiesta la gordofobia digital entre los adolescentes en nuestro país. Estas son sus conclusiones.

Gordofobia en la adolescencia y redes sociales

El término gordofobia todavía no está registrado en el Diccionario de la lengua española (DLE), pero se conoce con el sentido de “aversión u odio a las personas gordas”. Este rechazo y violencia se amplifica en las redes sociales, donde el cuerpo tiene un protagonismo destacado en cuanto a validación social y consolidación de modelos dominantes.

Los menores, que pasan mucho tiempo en ellas y son muy sensibles a sus mensajes, aprenden pronto que su apariencia influye en el valor social que adquieran. Así, no hay más que ver el auge de las rutinas skincare en las niñas —y el problema de la cosmeticorexia que acarrea— o las modas nutricionales que denuncian los pediatras, donde triunfan determinadas dietas para perder peso, el consumo de suplementos deportivos o la tendencia de la complexión media.

Esta presión estética también se traduce en discriminación hacia ciertos cuerpos. Y es ahí donde la gordofobia digital figura como la expresión más frecuente. En las redes sociales abundan burlas, bromas, memes, chistes, críticas o comentarios negativos por el aspecto físico (body shaming) que llegan a los adolescentes. Formas de estigmatización dirigidas al cuerpo y al peso que se ceban mediante humillaciones que se camuflan con el humor y la ironía.

Pero ¿dónde se encuentran estos mensajes nuestros hijos? ¿De quiénes provienen? ¿Cómo reaccionan ante ellos? Las investigadoras Beatriz Feijoo y Patricia Lafuente, de la Universidad Villanueva, junto a Arantxa Vizcaíno y Paula Neira, de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), dan buena cuenta de ello en el informe Entre el miedo y los likes: la gordofobia digital en la adolescencia’ publicado en Colección Mundo Digital a partir de una encuesta a 1.075 adolescentes de todo el país con edades comprendidas entre los 12 y los 17 años.

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Imagen: SHVETS production

Discriminación por aspecto físico, discurso de odio más habitual en redes de adolescentes

La gordofobia no se nombra entre los principales discursos de odio, ni la ley lo tipifica su manifestación como delito de odio. Incluso es testimonial, como se ve en el informe RAXEN 2025, que analiza la incidencia del racismo, la xenofobia y otras formas de intolerancia en Andalucía.

Aun así, encaja en la definición que plantea la Estrategia y Plan de Acción de las Naciones Unidas sobre el Discurso de Odio: «Todo tipo de comunicación oral, escrita o conductual que ataque o utilice un lenguaje peyorativo o discriminatorio contra una persona o un grupo por su identidad, es decir, por su religión, etnia, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otro factor de identidad».

En el informe sobre la gordofobia digital en la adolescencia no se normaliza ni acepta: se ve como tal. Se reconoce que la exposición a discursos de odio dirigidos al aspecto físico es «elevada»: el 32,7 % de los chavales los ha presenciado “bastante o muchas veces”. Mucho más que otras formas de discriminación muy denunciadas: ideología, raza, orientación sexual o misoginia.

Además, la identificación de contenidos ofensivos sobre el cuerpo es mucho mayor en chicas que en chicos. Y también aumenta con la edad: la exposición a mensajes gordofóbicos llega al 40,1 % en el grupo de población de 16 a 17 años.

Los mensajes de odio circulan principalmente en las plataformas centradas en la imagen, es decir, a través de TikTok e Instagram, en un 62,3 % y 43,1 %, respectivamente. Y si bien el 33,4 % de los adolescentes ve estos contenidos en cuentas anónimas, son más frecuentes en perfiles de jóvenes de la misma edad, de sus propios amigos y compañeros, cuentas de memes y contenidos humorísticos y de creadores de contenido, lo que contribuye a su normalización.

Principales conclusiones del análisis

Ante esto, ¿cuál es la posición de los adolescentes? Hay conciencia del grave problema que existe en cuanto a la gordofobia en las redes sociales: prácticamente todos reconocen los mensajes que ridiculizan el cuerpo como problemáticos y consideran que pueden afectar mucho a la salud mental de la víctima. No obstante, se hace poco: solo el 23,6 % reacciona de manera activa (con comentarios o denuncias) cuando ve contenidos ofensivos, “lo que evidencia una brecha entre conciencia moral y activismo digital” que perpetúa la normalización de este tipo de discriminación.

Así, la mayoría de los jóvenes confiesan que se sienten incómodos al ver este tipo de comentarios, pero los chicos tienden a trivializarlos más que las chicas: al 16 % las bromas les parecen divertidas y hasta el 17 % cree que “algunos cuerpos deberían limitar su exposición en redes sociales”. Y aunque los adolescentes rechazan de forma masiva la normalización y justificación del odio corporal, también uno de cada cuatro asume como norma implícita que la exposición en redes conlleva aceptar las críticas, incluso cuando se reconoce el daño que pueden causar.

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Imagen: Samson Katt

🔶 Más miedo a futuros ataques y, por tanto, autocensura

Llama la atención que, ante esas críticas, los chavales tengan miedo a ser las siguientes víctimas y por eso tiendan a autocensurarse, sobre todo cuando son más jóvenes. Y eso que los ataques directos no son frecuentes (tan solo un 7 % ha sido objeto de comentarios negativos o burlas por su aspecto físico). Estas son las afirmaciones más destacadas al respecto:

  • El 39,8 % teme que le ataquen o ridiculicen si comparten una foto; entre las chicas el miedo es mayor, pues el porcentaje sube al 46,4 %.
  • Uno de cada cuatro teme mostrar su cuerpo.
  • También casi una tercera parte de los adolescentes evita interactuar (dar “me gusta” o comentar) por miedo a ser atacado.
  • Uno de cada diez, sobre todo chicas, borra publicaciones como estrategia para prevenir que le juzguen por su físico.
  • Un 9 % ha dejado de mostrar su cuerpo en redes tras malas experiencias.

🔶 Poca agresión activa

Por fortuna, los adolescentes apenas toman parte activa con burlas y agresiones. Y si suceden, son acciones que los chicos tienen a realizar con más frecuencia que las chicas. El informe destaca que tan solo el 5,3 % comparte memes sobre el físico que podrían resultar molestos, mientras que el 13 % admite hacer comentarios acerca del cuerpo dentro de su círculo de amigos o seguidores.

🔶 Implicaciones sociales

Para las autoras del informe, la gordofobia actúa como un mecanismo de orden socio-digital que define quién puede ocupar el espacio público, recibir atención y expresarse sin riesgo. Y esto tiene consecuencias a largo plazo sobre la representación de la diversidad corporal y el bienestar emocional de los adolescentes. De hecho, consideran que la gestión individual del malestar que genera mediante la autocensura, por ejemplo, favorece que la discriminación corporal se vea como un problema íntimo, invisibiliza su carácter social y empuja a los menores hacia trastornos de la conducta alimentaria (TCA).

Cómo detectar el odio camuflado en risas en redes sociales

En el informe se recoge que casi ocho de cada diez menores cree reconocer cuándo un mensaje en redes sociales pretende ridiculizar el cuerpo de otra persona y se ve capaz de identificar la crueldad tras los chistes sobre el físico.

Hoy en día, los discursos de odio se disfrazan en forma de memes, comentarios irónicos, vídeos virales, bromas de influencersque se difunden con facilidad entre nuestros hijos. El humor cala, se ve como inofensivo y se comparte sin apenas pensarlo. Como apuntan investigaciones recientes, los algoritmos que premian la interacción, la presión del grupo (que funciona en los inicios del consumo de alcohol) y la repetición constante de estos contenidos discriminatorios favorecen su normalización.

¿Cómo pararlo? Los expertos sostienen que hace falta promover una alfabetización mediática que ayude a comprender cómo funcionan las plataformas y qué intereses intervienen en la circulación de los contenidos. La clave está en enseñar a los adolescentes a hacerse preguntas:

  • ¿Por qué me aparece este contenido?
  • ¿Qué emociones intenta despertar?
  • ¿A quién beneficia?
  • ¿Qué estereotipos reproduce?

Con este enfoque se busca sustituir las respuestas automáticas por procesos de reflexión que permitan detectar mensajes discriminatorios antes de compartirlos. Una estrategia similar a la hora de combatir las noticias falsas.

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