Lo que comemos, lo que mostramos en redes
En ese universo de vídeos breves, publicaciones visuales y mensajes directos conviven la divulgación útil, la experiencia personal y la desinformación. Y cuando el tema afecta a la salud, la imagen corporal o el bienestar mental, el riesgo se multiplica. Para conocer las principales narrativas que circulan en estas plataformas, Fundación EROSKI ha llevado a cabo una investigación junto con el grupo Gureiker, de la Universidad del País Vasco (EHU), liderado por la profesora e investigadora María del Mar Rodríguez.
El estudio, que concluyó a finales de 2025, analizó 4.582 vídeos en español de YouTube, 125.917 publicaciones de Instagram y 2.249 contenidos de TikTok e identificó a los principales influencers sobre alimentación, bienestar y salud, sus perfiles profesionales y la repercusión de sus contenidos. Los autores advierten de que la ausencia de información contrastada, la simplificación excesiva de mensajes visualmente muy atractivos y la difusión de prácticas sin base científica pueden contribuir a la desinformación, con graves consecuencias para la salud física y mental.
La conclusión es tan sencilla como inquietante: en las redes sociales se habla de comida, pero muchas veces, en realidad, se habla del cuerpo. De su transformación, su control, su exhibición y su valor social. El estudio lo resume así: “La alimentación vinculada a la salud, la estética y el miedo corporal convergen en un espacio digital donde el cuerpo se convierte en objeto de espectáculo, de consumo y de juicio constante”.
YouTube: cuando el cambio físico se convierte en espectáculo

YouTube aparece como una plataforma donde la alimentación se mezcla con testimonios personales, consejos médicos, entrenamiento y relatos de transformación corporal. Los contenidos con más interacción no siempre son los más técnicos ni los más rigurosos, sino los que muestran cambios visibles: adelgazar, superar la obesidad, “recuperar” la forma física o enseñar un antes y un después impactante.
Según el informe, los vídeos con mayor engagement (vistas, me gusta y comentarios) son, sobre todo, aquellos que enseñan transformaciones físicas visibles, «especialmente en personas jóvenes tras procesos de adelgazamiento o, en algunos casos, de aumento de peso extremo u obesidad y el miedo a morir por estar gordo o gorda”, comenta Rodríguez. Esa carga visual y emocional convierte el cuerpo en el eje del relato. “Estas representaciones tan visuales y con tanta carga emocional se muestran como un espectáculo para captar la atención del usuario”, señalan los autores.
En paralelo, YouTube también concentra una parte importante de contenidos divulgativos, consejos sobre hábitos saludables y advertencias contra dietas mal planteadas. De hecho, el estudio destaca que una parte significativa de los creadores con más repercusión tiene formación sanitaria, sobre todo en Medicina y Farmacia. Sin embargo, esa cualificación no siempre se explica bien en sus perfiles, lo que dificulta al usuario distinguir entre una voz experta y otra que solo parece convincente.
👉 Presión estética
Ahí entra en juego otra de las mecánicas alarmantes y comunes en todas las plataformas sociales: la apariencia de autoridad. En redes abundan los mensajes con fórmulas rotundas, promesas rápidas o palabras gancho como “curar”, “limpiar” o “mejorar”, que simplifican temas complejos y generan una falsa sensación de certeza. Aun así, la investigación matiza que en YouTube no predominan las narrativas más peligrosas. “No se han detectado narrativas que hagan peligrar la salud de los usuarios por la promoción de dietas extremas o el uso de productos milagro”, concluye el estudio.
Lo que sí aparece con fuerza es la presión estética. El deseo de estar delgado —y especialmente delgada— atraviesa muchos de los contenidos más vistos en esta plataforma. Aunque se hable de salud, la estética sigue marcando el tono.
Instagram: para la vida sana también se posa
Si YouTube mezcla testimonio y divulgación, Instagram condensa la alimentación en un escaparate visual de estilos de vida. En esta red predominan las cuentas que hablan de comida saludable, ejercicio físico, pérdida de peso, bienestar y transformación personal, pero muchas de las más exitosas no aclaran su perfil profesional. Los perfiles con más seguidores no son necesariamente médicos, nutricionistas, psicólogos o cocineros, y aun así generan comunidad, confianza y miles de interacciones.
El estudio muestra que los usuarios responden especialmente bien a publicaciones ligadas a términos como “sana”, “fit”, “fitness” o “saludables”, sin que la cualificación de quien emite el mensaje parezca decisiva. Es una lógica propia de esta plataforma: importa la estética del contenido, la cercanía del tono y la promesa de un estilo de vida deseable.
Las comunidades de La mayor comunidad —este término no hace referencia a un grupo de personas, sino a un conjunto de publicaciones con temáticas similares— detectada en Instagram gira precisamente en torno a la promoción de una vida sana: equilibrio nutricional, consejos para dejar de contar calorías y mensajes sobre bienestar cotidiano. La segunda pone el foco en la obesidad y la pérdida de peso saludable, mientras que la tercera se articula alrededor del fitness, la actividad física, el yoga y el pilates como herramientas de empoderamiento y mejora personal.
🗣️ Voces diferentes
Pero Instagram también tiene una cara B evidente: la construcción visual del progreso corporal. Los testimonios de “antes y después”, los cambios de estilo de vida y los relatos de superación personal ocupan un lugar destacado. No siempre con un tono agresivo, pero sí con una narrativa constante y el mensaje de que mejorar tu cuerpo equivale a avanzar en la vida.
Al mismo tiempo, el informe detecta voces que intentan romper con esa inercia. Algunos perfiles de dietistas-nutricionistas rechazan la cultura de la dieta y la lógica de estar a dieta de manera continua y permanente. También aparecen contenidos vinculados a la salud mental, lo que amplía la conversación y la aleja, en parte, de una visión puramente estética.

TikTok: adelgazar en 30 segundos
TikTok lleva esa simplificación un paso más allá. Su formato breve, rápido y altamente emocional favorece los mensajes directos, los consejos resumidos y las experiencias personales. No sorprende, por tanto, que la comunidad más grande detectada en esta plataforma se centre en bajar de peso. El estudio identifica una fuerte presencia de publicaciones sobre control corporal, retos de dieta, resistencia a la insulina, triglicéridos y hábitos saludables asociados a la pérdida de peso.
La segunda gran comunidad se mueve alrededor del ejercicio físico, el entrenamiento y la quema de grasa. Gimnasio, rutinas, constancia, esfuerzo y motivación forman parte del lenguaje habitual. TikTok presenta así un universo donde adelgazar no solo es posible, sino urgente, visible y compartible.
Sin embargo, la plataforma también abre espacio a una corriente distinta: la positividad corporal. La tercera comunidad más relevante desafía los estereotipos tradicionales y apuesta por la aceptación del cuerpo, el amor propio y la crítica a una cultura que sigue jerarquizando los cuerpos según su tamaño o su cercanía a ciertos cánones.
En el resto de comunidades, aunque se repiten ideas que atraviesan la conversación digital sobre alimentación, como la pérdida de peso, hay espacio también para recomendaciones tan saludables y razonables como hacerlo con responsabilidad, acudir a profesionales, mejorar la salud y sostener los cambios mediante dieta equilibrada y actividad física. Curiosamente, la gastronomía y el puro disfrute de la comida existen, pero ocupan un espacio mucho menor que el dedicado al control del cuerpo.
Entre la ayuda y la presión
Para los investigadores de Gureiker, los resultados de su estudio ponen de manifiesto que, en las redes sociales analizadas, la alimentación trasciende su dimensión estrictamente nutricional. La comida se configura también como un recurso mediante el cual los usuarios expresan su identidad, sus emociones, sus hábitos y su vinculación con determinados estilos de vida. No se identifica, por tanto, un discurso único y homogéneo en torno a la alimentación, sino diferentes comunidades o agrupaciones temáticas que pueden complementarse, reforzarse o, por el contrario, entrar en conflicto.
En el caso de YouTube, los resultados muestran una orientación diferente. Los creadores de contenido desempeñan, en buena parte de los casos analizados, un papel activo en la difusión de información relacionada con una alimentación responsable. Los contenidos incorporan mensajes de concienciación sobre los riesgos asociados a los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), así como recomendaciones y pautas prácticas destinadas a favorecer hábitos alimentarios saludables.
Ahora bien, los resultados apuntan a la influencia del fenómeno fitspiration, vinculado a la difusión de determinados ideales corporales y a unos cánones de belleza difícilmente alcanzables. Este tipo de contenidos puede contribuir a generar una percepción distorsionada de la propia imagen corporal y reforzar la presión estética a la que están expuestos los usuarios de las redes sociales.
Así cambia la conversación según el género

Los contenidos publicados por hombres y mujeres en torno a este tema muestran diferentes enfoques. Cuanto más a la derecha aparece una palabra, más vinculada está a las publicaciones de hombres; cuanto más a la izquierda, a las de mujeres. Los hombres hablan con más frecuencia de ejercicio, entrenamiento y control del peso. Las mujeres se centran más en nutrición, alimentación saludable, imagen corporal y bienestar. Así, ellos relacionan la alimentación con la actividad física, y ellas lo hacen desde una perspectiva más integral.
La presión estética sigue teniendo rostro de mujer
El estudio también detecta una diferencia de género clara. Hombres y mujeres comparten interés por temas como las dietas, la salud, la obesidad o la pérdida de peso, pero la presión estética no se reparte por igual. Los trastornos de la conducta alimentaria aparecen asociados de forma casi exclusiva a las mujeres, y son ellas quienes concentran una presencia mucho mayor en comunidades centradas en fitness, nutrición y bienestar.
Los autores lo dicen sin rodeos: “Son ellas quienes más sufren la presión estética y, por tanto, les preocupa más la estigmatización por no alcanzar la perfección y la autoperfección corporal”. En otras palabras, las redes amplifican una exigencia que ya existía fuera de ellas, pero ahora lo hacen con imágenes constantes, comparación permanente y validación en tiempo real.


