Suplementos de colágeno para el corazón: ¿promesa real o simple moda?

El colágeno ha saltado al botiquín con promesas que van más allá del cuidado de la piel. Esta proteína, esencial para la estructura de los tejidos, se presenta también como beneficiosa para la salud cardiovascular
Por Adrián Cordellat 11 de junio de 2026
suplementos de colágeno para el corazón
Imagen: Getty Images
Durante años, la industria cosmética —especialmente la orientada al antienvejecimiento— ha convertido el colágeno en un ingrediente estrella y en un reclamo comercial de primer orden. La producción de esta proteína, la más abundante del cuerpo humano, empieza a disminuir a partir de los 25 años —se estima que en un 1 % anual—. Los suplementos de colágeno prometen ayudar a revertir parte de los signos asociados a esa caída: pérdida de hidratación, elasticidad y firmeza de la piel e incluso aliviar molestias articulares y fortalecer los huesos. Desde hace poco, también se asocia su consumo con la protección del corazón.

El interés no surge de la nada. El colágeno es esencial para estructurar piel, huesos, tendones, cartílagos y vasos sanguíneos: aporta resistencia a los tejidos, favorece su recuperación y previene su degeneración. Pero que una molécula sea importante para el organismo no significa automáticamente que suplementarla mejore una enfermedad o reduzca el riesgo de sufrirla.

El papel del colágeno en la salud cardíaca

“El colágeno juega un importante papel en el sistema cardiovascular a la hora de mantener la estructura del músculo del corazón, el miocardio, y de la pared vascular de los vasos sanguíneos”, explica Clara Bonanad, vocal de la Asociación de Cardiología Clínica de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

“Pero no realiza solo una función estructural, también facilita la adecuada comunicación entre las distintas células que forman parte del corazón”, añade Arantxa González Miqueo, investigadora del Departamento de Cardiología de la Clínica Universidad de Navarra (CUN).

Además, el colágeno forma parte importante de la matriz extracelular de los órganos, es decir, actúa como el pegamento que mantiene a las células unidas, dándoles forma, firmeza, resistencia y elasticidad. “Aproximadamente el 45 % de las muertes en el mundo se producen por alteraciones en esta matriz extracelular o, lo que es lo mismo, están relacionadas con el deterioro o mal funcionamiento del pegamento y soporte estructural que rodea a nuestras células. Esto significa que el colágeno está implicado en casi todas las patologías, desde las cardiovasculares hasta el cáncer”, reflexiona González Miqueo.

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Imagen: www.kaboompics.com

En el sistema cardiovascular, ese equilibrio es especialmente delicado: “Cuando hablamos del sistema cardiovascular, si el equilibrio de los niveles de colágeno se altera, puede aparecer rigidez e incluso fibrosis miocárdica, que ocurre cuando el tejido cardiaco sufre alteraciones debido a la acumulación excesiva de depósitos de colágeno”, añade.

Este punto es clave para entender por qué el debate no es tan sencillo como “más colágeno igual a mejor corazón”: en algunas situaciones, un exceso de colágeno en tejidos cardiovasculares se asocia a endurecimiento y cambios no deseables.

Qué ocurre cuando ingerimos el colágeno

Una de las claves para evaluar cualquier suplemento es distinguir entre lo que, en teoría, podría tener un efecto y lo clínicamente demostrado. En el caso del colágeno, el primer gran obstáculo está en la forma en que el organismo lo procesa.

La investigadora Arantxa González Miqueo lo resume así: “Cuando ingerimos colágeno, nuestro sistema digestivo no lo absorbe tal cual, sino que lo descompone principalmente en aminoácidos. Durante ese proceso, pueden generarse pequeños fragmentos —péptidos— con algún efecto limitado sobre las células que producen colágeno. Sin embargo, en términos generales, resulta muy difícil que el colágeno consumido llegue intacto a los tejidos o tenga un impacto directo en los órganos”.

Este matiz ayuda a poner en contexto las promesas de los suplementos: si el colágeno se descompone durante la digestión, cualquier posible efecto dependería de mecanismos indirectos —por ejemplo, de esos fragmentos peptídicos—, y no de “reponer” colágeno de forma directa en arterias o corazón.

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Imagen: Pixabay

Colágeno y corazón: una investigación como punto de partida

El debate se reactivó con un estudio publicado en 2017 en el Journal of Atherosclerosis and Thrombosis. La investigación consistía en suplementar a los participantes diariamente, durante seis meses, con 16 gramos de tripéptido de colágeno. Al término del estudio, se concluyó que la suplementación “podría contribuir a aumentar la flexibilidad de las arterias” y con ello ayudar a prevenir la progresión de la arteriosclerosis.

Los titulares llamaron la atención y el eco se propagó rápidamente en Internet y las redes sociales. Pero, al analizar y aterrizar los datos, aparecen las carencias del trabajo y se entiende por qué no es posible extraer conclusiones definitivas para la población general.

Las expertas consultadas alertan sobre las limitaciones del estudio: entre ellas, los pocos participantes en el mismo (apenas 32); que sea una investigación abierta, es decir, sin comparación con un grupo al que se le dé placebo; que, además, no evaluó eventos cardiovasculares, y sostuvo sus resultados en marcadores indirectos de enfermedad cardiovascular.

“A día de hoy, no existe evidencia robusta que demuestre que los suplementos de colágeno orales prevengan infartos, ictus o aterosclerosis en la población general. Hay algunas investigaciones preliminares que sí que observan cambios en marcadores indirectos de riesgo cardiovascular y esto puede ser interesante como punto de partida, pero no equivale en ningún caso a demostrar un beneficio cardiovascular real”, se muestra tajante Clara Bonanad, portavoz de la SEC.

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Imagen: aquaArts studio / iStock

Qué dice la ciencia sobre el uso de colágeno para el corazón

Aquí surge una aparente paradoja: el estudio sugiere una mejora de la flexibilidad arterial, pero la propia naturaleza del colágeno plantea dudas. La investigadora Arantxa González cuestiona que el colágeno sea la explicación directa de esa supuesta mejora. “El colágeno es, por naturaleza, una estructura rígida, así que no resulta lógico pensar que pueda hacer más elásticos los vasos sanguíneos”, aclara.

Además, añade un matiz importante: aunque el estudio se realizó en personas sanas, en pacientes con enfermedad cardiovascular ocurre justo lo contrario. Un exceso de colágeno contribuye a endurecer tanto las arterias como el tejido del corazón. “De hecho, desde el punto de vista terapéutico, lo que se busca es reducir ese exceso, no aumentarlo”, concluye.

Por otro lado, la misma experta añade que, aunque esa rigidez pueda parecer una desventaja, el colágeno también cumple funciones útiles en determinados contextos. “Su capacidad para aportar resistencia ayuda a mantener la integridad del corazón y de los vasos sanguíneos, lo que puede resultar beneficioso en casos de aneurisma o después de un infarto, donde es clave evitar la rotura de los tejidos”, matiza González.

Las aplicaciones biomédicas del colágeno

De hecho, en el ámbito experimental ya se está trabajando con parches de colágeno como estrategia para la regeneración cardíaca tras un infarto. “En estos parches, el colágeno actúa como una especie de andamiaje sobre el que se incorporan células madre que favorecen la reparación del tejido dañado”, añade.

Este tipo de líneas de investigación ilustra bien una idea central: que el colágeno tenga aplicaciones biomédicas prometedoras no significa que un suplemento oral produzca los mismos efectos. Son contextos distintos, con mecanismos y objetivos terapéuticos diferentes. El mensaje es claro. No existe un producto que haya demostrado ser capaz de hacer que el propio cuerpo produzca más colágeno por sí mismo de forma efectiva. “Y además, no se trataría de aumentar su producción de colágeno sin más, sino de hacerlo en zonas muy concretas para evitar efectos indeseados”, resume Arantxa González.

“De momento, aunque sabemos que forma parte del sistema cardiovascular, no está indicado en ningún caso suplementar colágeno para la prevención cardiovascular”, concluye Clara Bonanad. En otras palabras: hoy por hoy, confiar en el colágeno como estrategia preventiva puede desviar la atención de lo que sí tiene un beneficio demostrado y sostenido sobre el riesgo cardiovascular: hábitos de vida saludables, control de los factores de riesgo y seguimiento médico.

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