Aun así, hay suplementos que aparecen mencionados de forma recurrente en contenidos en redes y que, frente a todo pronóstico, acumulan cierta evidencia en lo que respecta a su relación con la depresión, por lo menos en titulares. Es el caso de los suplementos de omega 3. ¿Qué dice la ciencia? Aunque hay estudios que parecen encontrar una relación positiva, actualmente no existe suficiente evidencia para determinar sus efectos en personas con depresión.
¿Qué son los omega 3 y por qué interesan para la salud mental?
Los ácidos omega 3 son nutrientes esenciales que desempeñan un importante papel tanto en la salud cardiovascular, como en la producción de hormonas y en que nuestro sistema inmunitario funcione como tiene que funcionar. Se consideran esenciales porque, a pesar de ser necesarios en funciones fundamentales en el organismo, nuestro cuerpo no los produce, y solo los podemos obtener a través de la dieta.
El precursor del resto de estos ácidos es el ácido alfa-linolénico (ALA), que podemos incorporar, por ejemplo, incluyendo en nuestros platos semillas de lino, colza y soja, nueces y aceites y grasas derivadas, como las margarinas.
A partir del ALA, el organismo puede generar los llamados ácidos grasos omega 3 de cadena larga: el ácido eicosapentaenoico (EPA), el ácido docosapentaenoico (DPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA). También podemos obtenerlos a través de la alimentación, principalmente en pescados grasos como el salmón, la sardina o el atún.
¿Por qué se cree que podrían influir en la depresión?
El origen de la relación entre estos ácidos grasos y su posible papel en el tratamiento o la prevención de la depresión se encuentra en los resultados de algunas revisiones de estudios.

Una de ellas es la publicada en la revista American Journal of Psychiatry en 2006. Los investigadores observaron un aumento en las tasas de depresión en las sociedades occidentales que podría estar relacionada, según sus hipótesis, con los cambios en la dieta general ocurridos en las últimas décadas. Comer menos pescado y alimentos de origen vegetal y más alimentos de origen animal y de aceites vegetales se traduciría en un menor consumo de ácidos grasos omega 3 y una ingesta mayor de omega 6, lo que se cree que podría promover la respuesta inflamatoria.
Otros estudios observaron que era común en las personas con diagnóstico de depresión tener niveles más bajos de ácidos grasos omega 3 en sangre que las personas que no padecían esta afección.
Es decir, lo que sugiere la evidencia científica es que “las personas que consumen más EPA y DHA tienden a tener menor riesgo de depresión”, subraya Javier Sánchez Perona, investigador en el Instituto de la Grasa del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y profesor asociado del área de nutrición y bromatología en la Universidad Pablo de Olavide.
“Además, los omega 3 tienen actividad antiinflamatoria en el sistema nervioso central, modulan la producción de neurotransmisores y favorecen la neuroplasticidad. Todos estos procesos están asociados con la depresión. Por tanto, parecería que la relación epidemiológica observada se explicaría mediante estos mecanismos”, añade.
Entonces, ¿estos suplementos funcionan?
En general, aunque los experimentos parecen respaldar esta relación, no existe suficiente evidencia como para garantizarla.
Esto sucede porque, unas veces, estos estudios se llevan a cabo en pocas personas, y porque otras se realizan in vitro (es decir, solo en células y en condiciones de laboratorio, no en humanos). Pero también porque no comparan los resultados de los experimentos con un grupo de control (no comprueban si hay diferencias entre el grupo que toma suplementación y otro que no lo tome), o porque la población no era uniforme y tomaba otros medicamentos para tratar la depresión (encima, diferentes).
Como recuerda Sánchez Perona, aunque algunos metaanálisis (estudios con mayor grado de evidencia) sí sostienen la relación entre el consumo de omega 3 y la depresión, otros no han encontrado diferencias significativas frente a placebo. “Probablemente, la ausencia de significancia se deba a la heterogeneidad de los ensayos realizados en cuanto a características de los participantes, dosis y forma de administración de omega 3 (dieta o suplementos) y tiempos de estudio”, agrega.
Todo ello hace que, hasta hoy, no exista evidencia lo suficientemente contundente como para afirmar que los suplementos de omega 3 reduzcan el riesgo de depresión o sirvan, incluso, para tratarla una vez diagnosticada. “Como ocurre muchas veces en ciencia, se necesitan más datos para poder realizar determinadas afirmaciones. Y eso lleva tiempo”, concluye el experto.

Además, no es lo mismo suplementar que comer
Añadido a la falta de evidencia suficiente, no tiene el mismo efecto suplementar los ácidos grasos omega 3 que comerlos (literalmente): los resultados más robustos se han obtenido a partir de omega 3 procedente de la dieta. En palabras de Sánchez Perona, este resultado es coherente al encontrado para otras patologías: los suplementos no funcionan igual.
“En este sentido, además, hay que tener en cuenta que los omega 3 son ácidos grasos extremadamente susceptibles a la oxidación, por lo que se pueden degradar muy rápidamente si no se almacenan de modo correcto. Eso puede haber afectado a algunos de los estudios realizados que emplearon suplementos, y es algo que deben tener muy en cuenta las personas que los consuman”, explica.
Con respecto a suplementar “por norma”…
A la vista de los resultados, suplementarse por norma no es lo recomendable. Podría, como mucho y en palabras de Perona, ser un coadyuvante a los tratamientos farmacológicos, sobre todo en poblaciones en las que el consumo de pescado es bajo.
“La recomendación es alcanzar los 250 mg de EPA y DHA al día, y la mayoría de la población española no alcanza esas cifras, a pesar de ser un país con un elevado consumo de pescado. Por otra parte, es necesario tener en cuenta que ALA no tiene el mismo efecto que los de origen marino y debe transformarse en EPA para ser efectivo. Lamentablemente, la tasa de bioconversión de ALA en EPA es muy baja”, comenta.
“Por tanto, hay que concluir que la veracidad del mensaje analizado es incierta y que actualmente, con la evidencia disponible, no sabemos si tomar estos suplementos reduce o no los síntomas depresivos”, concluye una evaluación de Nutrimedia.
“Necesitamos más investigación sobre cómo funcionan [estos suplementos], cuán efectivos son realmente y su seguridad a largo plazo antes de poder hacer recomendaciones concluyentes para las personas que padecen problemas de salud mental o que desean mejorar su estado de ánimo”, añade David Mischoulon, profesor titular de psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard (Estados Unidos).


