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Educación nutricional

Una información y formación adecuadas en el ámbito doméstico sobre higiene de los alimentos conllevan mejoras tangibles de seguridad alimentaria

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La seguridad alimentaria se ha basado tradicionalmente en el control de todos aquellos factores que ayudan a desencadenar problemas de salud pública ligados a los alimentos. Por este motivo, y desde hace unos años, se han ido incluyendo temas asociados a la nutrición como un peligro más a controlar. Si bien los nutrientes implicados en enfermedades de tipo cardiovascular, hipertensión e incluso obesidad y diabetes, pueden contemplarse desde una perspectiva del control de puntos críticos, el problema es más amplio y no puede controlarse sólo desde una perspectiva de legislación y prohibición. Es necesaria la implicación de los consumidores en el ámbito doméstico.

La implicación de los consumidores es cada vez más imprescindible para conocer y aplicar medidas adecuadas de prevención y control alimentarias, de forma que sea el ámbito doméstico el que se encargue de la educación integral de sus miembros. Esta solución puede parecer muy teórica y poco práctica; sin embargo, tiene una aplicación sencilla, cada vez más puesta de manifiesto por educadores.

Se trata tan solo de comer en familia, en grupo, marcando unas directrices correctas desde la infancia, algo que se convierte en un ámbito educativo de primer orden. El principal problema es que para educar hay primero que formarse, por lo que las campañas con información sencilla y adecuada pueden ser uno de los elementos fundamentales para empezar a conseguir este objetivo.

Criterios de formación

En lo relativo a la alimentación, y aplicable a cualquier etapa de la vida, una buena nutrición y una dieta equilibrada ayudan a crecer de forma saludable, a mantener un buen estado de salud en la edad adulta y a prevenir o retrasar enfermedades propias del envejecimiento. Las cinco mejores estrategias son:
  • Establecer un horario regular para las comidas que permita conseguir orden y organización en el consumo de alimentos energéticos.
  • Servir variedad de alimentos, entre los que se incluyan verduras, legumbres y frutas; reducir e incluso eliminar productos con elevadas concentraciones de azúcar y grasas.
  • Dar un buen ejemplo comiendo estos mismos alimentos, no despreciándolos en casa.
  • Evitar discutir o generar debates excesivamente intensos durante las comidas, puesto que se puede relacionar la comida con momentos de enfrentamiento. Con ello se impide cualquier intento formativo.
  • Involucrar a los niños en el proceso de la alimentación, desde la compra a la preparación de algunas comidas.
Es evidente que tomar estas medidas no es fácil. El devenir de la vida actual, con jornadas sobrecargadas de trabajo, dificulta la preparación de alimentos, una tarea que puede resultar excesivamente tediosa y, en consecuencia, se acaba por optar por las comidas preparadas o por cocinar platos sencillos que se pueden preparar en pocos minutos.

Comidas en familia

La adolescencia es un buen momento para reforzar los hábitos de higiene y de nutrición Comer en familia, si se convierte en un hábito, es una costumbre agradable y puede que saludable para los padres y sus hijos. A los niños les suele gustar ese período en el que se producen intercambios de información, en el que cada uno puede estar relajado y contar cosas, anécdotas u opiniones. Pero al mismo tiempo, esa situación facilita la imitación, ya que los niños copian las actitudes de sus padres. Por ello, si reciben información correcta sobre el lavado de las manos antes de la comida, la higiene de los alimentos en general, el cuidado de la cadena del frío o la manera en la que se preparan las comidas más habituales, es frecuente que se consiga una mejor manipulación y una mejor nutrición. Ambas medidas conllevan mejoras tangibles en los niveles de seguridad alimentaria.

Una comida familiar también ofrece la oportunidad de conocer los alimentos que gustan y los que no y qué tipo de cocinado es más aceptado. El objetivo es introducir, de forma regular, los productos considerados esenciales. Si la formación y la información son adecuadas, se en la edad adolescente se habrá asumido la base perfectamente. Es en este período cuando es más importante la colaboración de los jóvenes. Es posible que los adolescentes no se entusiasmen con el prospecto de comer en familia. Sin embargo, estudios han mostrado que los adolescentes esperan los consejos y la opinión de sus padres; por lo cual es un buen momento para reforzar los hábitos de higiene y de nutrición.

Esta etapa, además, es la ideal para que los jóvenes se impliquen en la planificación, compra, preparación y cocinado adecuado de los alimentos, así como en la limpieza posterior, ya que en el ámbito de la seguridad de los alimentos, y en la prevención de las contaminaciones cruzadas, esto es de extraordinaria importancia.

¿Qué se considera una comida en familia?

Se entiende por comida en familia cualquier momento en el que se reúna para comer, ya sean alimentos traídos de un restaurante o una comida completa preparada en la casa. Para ello, hay que establecer horas de comida de manera que coincidan todos los miembros de la familia y en la que se ponga de manifiesto la importancia de los alimentos y las preparaciones saludables. Esto significa que, en función de la actividad doméstica, hay que hacer un esfuerzo especial en conseguir unos horarios apropiados. Al mismo tiempo, la compra ha de hacerse con criterios de alimentos seguros y nutrientes apropiados, por lo que poder comprar algunas veces con los niños es un hábito que facilita la posterior aplicación de medidas correctas.

Hay que prestar especial atención a la despensa doméstica. Los niños, especialmente los más pequeños, comen cualquier cosa que haya en la casa en cuanto tienen hambre. Es muy común que vaya a la despensa y coma lo primero que encuentre, normalmente productos dulces o muy energéticos como galletas con chocolate, bollería o productos similares. Por eso es importante controlar las provisiones y colocarlas a alturas o en lugares apropiados. Es importante facilitar el acceso a fruta, yogur o algunos tipos de galletas, mientras que hay que eliminar o poner en sitios no visibles las chuches y alimentos poco saludables. Al mismo tiempo, se debería reducir el consumo de carne, si éste es elevado, y consumir alimentos ricos en proteínas de calidad, como las legumbres, una cierta cantidad de huevos y hacer habitual el consumo de nueces.

CÓMO DAR UN BUEN EJEMPLO

La mejor manera de estimular a los niños a comer saludablemente es dando ejemplo, ya que imitan lo que hacen los adultos. El mensaje más adecuado que puede enviarse es comer frutas y vegetales y reducir la ingesta de alimentos poco nutritivos. Es importante además limitar la cantidad de comida y evitar comer en exceso.

Por otra parte, no es recomendable se esté siempre a dieta y disconformes con nuestro cuerpo ya que se puede dar una idea negativa y contraria a la comida. Esto está en la base de algunos casos de anorexia y bulimia de muchos adolescentes, por lo que conviene olvidar esas expresiones.

Otro de los puntos fundamentales a la hora de dar un buen ejemplo se basa en evitar cualquier fuente de conflicto durante la comida. Este periodo debe ser un momento para la educación y el intercambio de opiniones e ideas, lo que se convierte en una oportunidad idela para establecer bases formativas de calidad.

Bibliografía

  • Boutelle KN, Fulkerson JA, Neumark-Sztainer D, Story M y French SA. 2007. Fast food for family meals: relationships with parent and adolescent food intake, home food availability and weight status. Public Health Nutr. 10(1):16-23.
  • Videon TM y Manning CK. 2003. Influences on adolescent eating patterns: the importance of family meals. J. Adoles. Health. 32(5):365-73.

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