¿Eliminar el alcohol hace que estas bebidas sean más saludables?
Robert Durán, dietista-nutricionista y miembro del Colegio de Dietistas-Nutricionistas de Catalunya (Codinucat), nos recuerda la brújula básica sobre las bebidas si nos ceñimos a la salud: “Nuestra bebida principal es el agua, o tés e infusiones, incluso algunas marcas de kombucha pueden ser saludables”. En cuanto a las bebidas sin alcohol, considera que su consumo tiene que ser puntual. “No por ser sin alcohol las podemos beber diariamente”, aconseja.
Aunque retirar el alcohol elimina de raíz el principal factor de riesgo asociado al consumo de bebidas alcohólicas, ya que la ingesta de etanol se relaciona con múltiples patologías, como varios tipos de cáncer, enfermedad hepática o hipertensión, hay matices importantes que conviene tener presentes para no sustituir un riesgo por otro.
“No conviene convertir la ausencia de alcohol en un todo vale: no es una bebida saludable que podamos tomar tranquilamente. Aunque se reduzca el riesgo al no tomar alcohol, no eliminamos todos los inconvenientes: azúcares, calorías vacías, sulfitos…”, analiza Durán. Todo esto tiene que ver con los ingredientes: “Es una suma de calorías innecesarias, que también se almacena en forma de grasa y hace subir la glucosa del cuerpo”, comenta.
Los edulcorantes también pueden ser un problema. “Aunque algunos no sumen calorías, sí que nos acostumbran a este gusto dulce y, por tanto, hace que nuestro paladar y nuestro organismo quieran alimentos con un alto contenido de dulzor”, añade Durán. El riesgo más habitual es el del halo saludable: al percibirse como inocuas, se pueden consumir en exceso o con demasiada frecuencia.
¿Por qué sube el consumo de bebidas sin alcohol?
Según Euromonitor International, el mercado de bebidas sin alcohol en España ha experimentado un crecimiento del 18 % anual en los últimos tres años. Además, nuestro país es líder en producción y consumo de cerveza sin, que representa un 14 % sobre el total de cerveza, según Cerveceros de España.

¿Por qué crece el consumo de estas bebidas? Para la sumiller Meritxell Falgueras, esto se debe al auge de la inquietud por la salud y el bienestar, y a una mayor concienciación por la conducción responsable, el embarazo y la lactancia, la compatibilidad con horarios laborales y una nueva cultura social.
El consumo, además, deja de asociarse únicamente a quienes no pueden beber. “Antes se pensaba que el vino sin alcohol es para gente que no puede beber. Pero no es así. El consumidor de vino sin alcohol es alguien que bebe vino, pero que no quiere estar siempre bebiendo una bebida alcohólica”, indica Falgueras. En restauración, el cambio también se nota: “En los hoteles que yo asesoro, ahora han empezado a introducir los vinos desalcoholizados, porque que han visto que el consumo de la coctelería sin alcohol ha subido un 30 %”, señala la sumiller.
El tecnólogo de los alimentos y dietista-nutricionista Àlex Blasco destaca otra de las claves del éxito de estas bebidas: “No sustituyen al alcohol, pero sí permiten participar socialmente sin tener que justificarnos. Son una opción realmente inclusiva: nosotros decidimos cuándo queremos beber alcohol, pero sin renunciar al ritual. Es una manera de decir ‘nosotros también estamos, también brindamos, pero a nuestra manera’”.
👉 El movimiento ‘sober curious’
En este escenario, el movimiento sober curious, que se ha convertido en trending topic en redes entre los jóvenes, se replantea la cultura dominante del consumo de alcohol de forma automática, sobre todo, en grupo. El término fue popularizado por Ruby Warrington, autora del libro ‘Sober Curious‘ (2018).
No defiende la abstinencia, sino un enfoque alternativo a esa relación entre alcohol y diversión que habitualmente domina las relaciones sociales. No consiste en dejar de beber alcohol completamente, sino en replantearse la relación con la bebida y de ser más consciente y reflexivo sobre cuándo, por qué y cómo se bebe.
Los riesgos que no vemos
Seguir vinculando este tipo de bebidas a un ritual social también tiene sus peligros. El nutricionista Robert Durán advierte de que el vínculo que establecemos puede ser una puerta de entrada al consumo de los mismos productos en su versión con alcohol. “Los jóvenes pueden consumir bebidas sin alcohol y luego piensan ‘mira qué bueno que es este producto, otro día lo probamos con alcohol”, opina.
Además, en España, la publicidad de bebidas alcohólicas está limitada por la normativa estatal y autonómica, pero según el experto, las marcas pueden hacer publicidad indirecta de sus bebidas alcohólicas a través de sus versiones desalcoholizadas: “Hacen anuncios de productos sin alcohol para que creamos que es una marca que trabaja el aspecto saludable, e indirectamente nos están vendiendo todos sus otros productos.” Según Àlex Blasco, “esta estrategia tiene un nombre, se llama publicidad de marca paraguas: se anuncia la variedad sin alcohol, pero el branding —nombre, logotipo, colores— es prácticamente igual que el producto original con alcohol. Es legal, pero es una forma de exposición indirecta al alcohol”.
En definitiva, este tipo de bebidas pueden ser una opción en situaciones puntuales, pero no son saludables ni se deberían consumir de forma frecuente.


