¿Y tiene cabida el psyllium en una alimentación saludable? “Por supuesto”, aclara Jordi Salas Salvadó, catedrático de nutrición y director de la Unidad de Nutrición Humana de la Universitat Rovira i Virgili (URV), en Tarragona.
Ahora bien, no es lo mismo útil que necesario: “Esta fuente concentrada de fibra soluble puede ser una herramienta interesante en determinadas situaciones. Pero una persona sana que sigue una alimentación variada y rica en alimentos vegetales puede obtener perfectamente la fibra que necesita a partir de ellos”, añade. Además de que es una forma mucho más cómoda para el bolsillo, ya que el kilo de este suplemento fluctúa entre los 17 y los más de 40 euros.
¿Psyllium sí o psyllium no?
Recurrir al psyllium puede resultar útil en caso de no llegar a la ingesta suficiente de fibra a través de lo que comemos o en casos en los que se busca un aporte adicional de fibra soluble con un objetivo concreto. Por ejemplo, y como recuerda Salas, está indicado en personas con estreñimiento, porque aumenta el volumen de las heces y retiene agua, favoreciendo un tránsito intestinal más regular.
En estos casos es importante comerlo de la manera adecuada: acompañado de abundante líquido. Así se forma una especie de gel a la par que aumenta su volumen. Por el contrario, si el líquido no es suficiente, puede resultar contraproducente e incluso favorecer molestias gastrointestinales.
“También es aconsejable comenzar con cantidades pequeñas e ir incrementándolas progresivamente, según la tolerancia”, aconseja Salas. De este modo, añade, se pueden reducir las molestias que aparecen cuando se aumenta bruscamente la cantidad de fibra de la dieta. “Y, por supuesto, hay que seguir las indicaciones de administración y las cantidades recomendadas en cada preparado”, recuerda.
Un complemento, no una solución
Por otro lado, a pesar de existir evidencias de que el consumo de psyllium puede contribuir modestamente a reducir el colesterol LDL y a mejorar el control de la glucemia en determinadas situaciones, “estos efectos deben entenderse como complementarios a una alimentación saludable, y no como una razón para sustituir los alimentos ricos en fibra por un suplemento”, contextualiza el experto.
De hecho, recomienda priorizar una alimentación que incluya frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas que, además de fibra, aportan vitaminas, minerales y numerosos compuestos bioactivos. “El psyllium puede complementar una alimentación saludable, pero no debería presentarse como un producto imprescindible ni, mucho menos, como una solución milagrosa para mejorar la salud intestinal”, aclara el experto.

¿Hay casos en los que puede resultar contraproducente?
Sí. Por ejemplo, en casos de obstrucción intestinal; de impactación fecal, cuando las heces forman una masa dura y seca que no puede salir del colon o del recto; o de alteración intestinal aguda que requiera valoración médica.
Además, el psyllium puede modificar la absorción de algunos medicamentos: “Las personas que toman medicación habitualmente deberían consultar con su médico o farmacéutico sobre la forma y el momento más adecuados para tomarlo”, continúa Salas. Y, aunque no es habitual, hay personas que son alérgicas a este compuesto y deben evitarlo.
Como ocurre con cualquier incremento importante de fibra, al empezar a incorporar psyllium a nuestra alimentación, es posible notar gases, distensión abdominal o sensación de hinchazón, sobre todo cuando se empieza con cantidades elevadas o en personas poco habituadas a consumir fibra. De ahí que, según Salas, sea preferible introducirlo de manera progresiva.
¿Qué relación hay entre el psyllium y la diabetes? ¿Y con la pérdida de peso?
Como recuerdan desde el Consejo Europeo de Información sobre Alimentación (EUFIC), la fibra soluble puede ralentizar la digestión y la absorción de hidratos de carbono. Es decir, puede reducir la subida de la glucosa en la sangre que se produce después de comer (postpandrial) y la respuesta insulínica. Esto no significa que este tipo de fibra, en la que se incluye la que aporta el psyllium, cure la diabetes, como afirman contenidos en redes, sino que podría contribuir a que las personas diabéticas tengan un mejor control de la glucemia.
En relación a los contenidos que presentan este complemento como el “Ozempic natural”, como supuesta ayuda en un proceso de pérdida de peso, precaución: “Si estás intentando alcanzar un peso más saludable, [primero] consulta con tu médico”, recuerda la portavoz de la Academia de Nutrición y Dietética de Estados Unidos, Vanessa King, en WebMd.
Lo que consiguen los agonistas del receptor GLP-1 como la semaglutida, conocida bajo el nombre comercial Ozempic (un medicamento autorizado para el tratamiento de la diabetes tipo 2), es ralentizar el vaciado gástrico, lo que produce una mayor sensación de saciedad. Aunque el psyllium también puede aumentar esta sensación, Ozempic (cuyo uso requiere valoración y seguimiento médico) “es mucho más potente que las pequeñas reducciones de peso y circunferencia de cintura que puede causar el psyllium”, afirma King.
El psyllium, que se comercializa como suplemento o complemento alimenticio, no como medicamento (y, por lo tanto, bajo un marco regulatorio diferente), no es equivalente a la semaglutida ni acumula el mismo nivel de evidencia. Comparar ambas sustancias simplifica cuestiones de salud complejas, puede generar falsas expectativas e incluso a llegar a sustituir tratamientos médicos eficaces.


