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Potitos infantiles de carne o pescado y hortalizas: composición e ingredientes regulados

La normativa garantiza un adecuado valor nutricional y una óptima calidad higiénica en los alimentos infantiles

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 10 julio de 2008
El estilo de vida y los hábitos alimentarios se han modificado, y este cambio también llega a los más pequeños. Antes, la elaboración de los purés de los bebés era principalmente casera y sólo en ocasiones se recurría a los potitos comerciales. Hoy día, y desde hace tiempo, la oferta de alimentos preparados infantiles es enorme, aunque todavía muchos padres y madres se preguntan si los potitos comerciales y los caseros son igual de nutritivos y equilibrados en cuestión de calorías, contenido en azúcares, grasas o sal, entre otros componentes.

Composición nutritiva regulada

La nutrición en el primer año de vida es crítica, ya que el crecimiento y desarrollo son más rápidos que nunca, y es cuando los órganos digestivos del bebé están más inmaduros. Las pautas nutricionales para esta edad están establecidas por organismos de salud mundiales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Comité de Nutrición de la Academia Europea de Pediatría y el Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Nutrición, Gastroenterología y Hepatología Pediátrica (ESPGHAN, en sus siglas en inglés).

La Directiva 2006/125/CE regula las cantidades máximas en los alimentos infantiles de los nutrientes más problemáticos, como azúcares, grasas y sodio

Así, se establecen tres etapas bien diferenciadas durante el primer año de vida: el periodo lácteo (hasta los cuatro o seis meses) donde la leche (preferentemente materna) será el alimento exclusivo; el periodo de alimentación complementaria o beikost (a partir del cuarto o sexto mes de vida) en el que se van introduciendo con prudencia alimentos no lácteos, preparados de forma adecuada en consistencia y cantidad, y adaptados al grado de maduración y desarrollo del bebé; y el periodo de maduración digestiva en el que poco a poco se incluyen nuevos alimentos según las necesidades propias del lactante.

La composición de alimentos infantiles también está regulada. A finales de 2006 se hizo pública la última revisión de su composición, que incluye la determinación del valor nutritivo con contenidos máximos y mínimos de ciertos nutrientes (carbohidratos, proteínas, tipos de grasas, vitaminas y minerales como el sodio). La Directiva 2006/125/CE de la Comisión, de 5 de diciembre, también incluye el control riguroso de plaguicidas, que no se podrán emplear en los productos agrícolas que vayan a ser destinados para la fabricación de alimentos elaborados a base de cereales ni en alimentos para lactantes y niños de corta edad.

Grasas y sodio

En el ámbito industrial se establece que los alimentos infantiles del tipo papillas de hortalizas con proteína (carne o pescado) contengan cantidades máximas de los nutrientes más problemáticos como grasas y sodio, entre otros.

Respecto al contenido en grasa, si la carne de pollo o el queso son los únicos ingredientes proteicos del producto, la cantidad total de grasa no deberá superar los 4,5 g por 100 Kilocalorías (kcal). El contenido de sodio está ajustado con el fin de educar el gusto de los bebés por sabores más suaves. Así, el contenido final de sodio en el producto no deberá ser superior a 200 mg por 100 kcal, salvo si el único ingrediente proteico del producto es el queso, y en este caso, al ser un alimento concentrado en sodio, se permite un máximo de sodio de 300 mg/100 kcal.

BEIKOST O DIVERSIFICACIÓN ALIMENTARIA

Se entiende por diversificación alimentaria o alimentación complementaria a la variación o introducción en la dieta del lactante de alimentos diferentes a la leche materna o de fórmula, en cualquiera de las texturas (líquida, semilíquida o sólida). En Europa también se utiliza el término “beikost” para referirse a la introducción de cualquier alimento distinto de la leche. La leche como alimento único a partir de los seis meses no proporciona la energía y los nutrientes que precisa el lactante.

Además, las funciones digestivas han madurado lo suficiente como para incluir una alimentación complementaria, siguiendo unas normas regladas. No se recomienda introducir nuevos alimentos antes de los cuatro o seis meses, y tampoco es aconsejable hacerlo más allá de los seis, porque la falta de diversificación es motivo frecuente de pérdida de apetito. Además, se desaprovecha una época muy válida para la educación del gusto y la adaptación progresiva a una alimentación equilibrada, variada y suficiente.

A la edad de seis meses, el beikost debe proporcionar no más del 50% de las calorías diarias. En este período es de vital importancia la introducción tardía del gluten (proteína presente en trigo, centeno, avena, cebada y triticale) en la dieta para reducir el riesgo de celiaquía. Igualmente conviene retrasar la administración de alimentos alergénicos como huevo, pescado, leche de vaca o ciertas frutas, para reducir el riesgo de desarrollo de alergias alimentarias en la infancia, sobre todo, si hay antecedentes familiares de estas enfermedades.

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