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Consejos para evitar los celos de tu hijo cuando el nuevo hermano es adoptado

A veces el proceso de adaptación entre hermanos se complica, por lo que para evitarlo es necesario preparar el terreno para que ni el hijo biológico ni el adoptivo se sientan desplazados

hermano adoptado Imagen: mgallon

Los celos entre hermanos son normales. También es común cuando llega un nuevo bebé que el hermano mayor esté algo triste, desobedezca, tenga más berrinches y hasta que experimente alguna conducta regresiva, como volver a hacerse pis en la cama cuando esta fase ya estaba superada. En el caso de una adopción, estas reacciones también son habituales. Pero hay otras que conviene conocer si el nuevo miembro que esperáis para ampliar la familia es adoptado. Te contamos cuáles y cómo proceder.

Las reacciones de un hijo biológico ante la llegada de su hermano adoptivo suelen ser las mismas que se producen entre hermanos de los mismos padres. Pero a veces la situación de adaptación se complica y muchos progenitores se sienten culpables. Para evitar esto, es necesario preparar el terreno para que el biológico no se sienta desplazado con la incorporación del menor adoptado.

Montserrat Lapastora, psicóloga clínica y especialista en adopción, avisa que el proceso ni es tan bucólico como se pinta y mucho menos fácil, y nos da los siguientes consejos:

  • Hay que hacer al niño biológico partícipe de los preparativos previos a la llegada del hijo adoptado. Si se tiene que acudir a otro país a por el menor, sería ideal que el hermano mayor acudiera con los padres y estuviera presente en todo el proceso. Durante el tiempo de espera, lo más importante es que los progenitores estén atentos a sus miedos y sentimientos, dándole la oportunidad de que los exprese sin rodeos.
  • Un error común de los padres es sobreproteger al hijo adoptivo en un intento de reparar todo lo que ha sufrido, pero estos privilegios solo favorecen la aparición de celos y rivalidad entre hermanos. Los padres deben tener claro que los límites y las normas deben ser iguales para todos sus hijos, respetando las edades de  cada uno, pero esto no es nada fácil. No es sencillo porque la mayoría de los hijos adoptados llegan de un pasado de abusos, de casas de acogidas, de haber sufrido bastante y con la autoestima destrozada. A un niño con un trauma no puedes gritarle o levantarle la voz, ni castigarle como quizá lo harías con uno biológico, y esto es algo que genera conflicto.
  • Lo más común es que el hijo adoptado tenga celos del biológico, ya que este último tiene algo que él no tiene: los padres. El malestar no comienza inmediatamente tras la llegada a la familia, pero la mayoría de los niños adoptados no se olvidan del abandono que sufrieron, tampoco de que ellos no han estado en la tripita de esa mamá, algo que les duele mucho y les provoca celos de sus hermanos.
  • La situación más temida es cuando el hijo biológico le recuerda a su hermano que no es un verdadero hijo. En este caso, los padres no deben regañar ni  dramatizar, sino afrontar dicha situación con tranquilidad, hablar con sus hijos, decirles que ambos han sido deseados y que les quieren a los dos, aunque cada uno ha llegado de una forma diferente.

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