Consejos y recursos para evitar las pseudociencias en niños y adolescentes

Para que niños y adolescentes puedan distinguir sin problema entre ciencia y pseudociencia, hace falta fomentar en casa y en los colegios el desarrollo de un pensamiento científico y crítico
Por María Huidobro González 17 de marzo de 2022
ciencia pseudociencias ninos
Imagen: Victoria_Borodinova
Así como combatir contra las superbacterias no es solo asunto de mayores, luchar contra las pseudociencias también concierne a niños y adolescentes. Que nuestros hijos crezcan creyendo en las falsas ciencias hace que todos perdamos. Y no solo la salud o la vida, que son los peligros más destacados de las pseudoterapias, sino también tiempo y dinero. Como en otros ámbitos de la vida, la educación y la formación que reciban en casa y en los colegios e institutos resulta clave. En las siguientes líneas abordamos qué piensan los más jóvenes sobre ciencia y pseudociencia, los factores que influyen en esta percepción, qué podemos hacer para ayudarles a que no se dejen llevar por las falsas ciencias y a qué recursos es posible recurrir.

Adolescentes, ciencia y pseudociencias

Los más jóvenes son el grupo de población más interesado por la ciencia y tecnología; ellos más que ellas. Y se informan de sus avances principalmente por redes sociales y a través de medios generalistas en su versión digital. Lo hace así el 80 % de los adolescentes entre 15 a 24 años, según la 10ª Encuesta de Percepción Social de la Ciencia, realizada en 2020, de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT).

El estudio “Evaluación Nacional de la cultura científica en Educación Secundaria Obligatoria” llevado a cabo por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y la Universidad Camilo José Cela (UCJC) afina más: prefieren a Google (66 %), sus profesores (57 %), la televisión (53 %) y YouTube (41 %), mientras que sus padres (28 %) y las redes sociales (27 %) no están entre sus medios favoritos para saber más de temas científicos.

Para la mayoría de los estudiantes consultados (el estudio encuestó a más de 8.000 alumnos de 12 comunidades autónomas con edades comprendidas entre los 12 y los 16 años), la ciencia es útil (79 %), pero también lo son las pseudociencias (72,5 %). Y a pesar de que les queda claro que química, física o astronomía son ciencias, también lo creen así de la astrología, la parapsicología o la homeopatía, y están muy confundidos con respecto al horóscopo (la mitad de los jóvenes creen que sí lo es). Además, con la pandemia, ha empeorado su percepción de la ciencia, siendo un 7 % inferior respecto a antes del confinamiento.

En términos más concretos respondieron los 207 chicos y chicas de primero y tercero de la ESO que sondearon en dos centros de educativos de Granada Guillermo Quevedo, Francisco González y Gracia Fernández para este estudio sobre el pensamiento pseudocientífico, publicado en 2019 por la revista ‘Didáctica de las Ciencias Experimentales y Sociales’.

Los autores concluyeron que los estudiantes “son relativamente escépticos” en afirmaciones pseudocientíficas del tipo “El horóscopo suele acertar las predicciones sobre dinero, amor, trabajo o salud” o “El gobierno oculta la existencia de alienígenas”, y algo menos en “La ciencia oculta la existencia de algunos animales para diversos fines” o “La ciencia no quiere aceptar cosas que sabe que en realidad son ciertas”. Sin embargo, reconocen que es “llamativo” que el mayor nivel de aceptación de creencias pseudocientíficas se presenta en la radiestesia, donde son comunes afirmaciones como “Con el uso de varillas, péndulos o incluso sus manos, la gente puede detectar energías”.

ciencia pseudociencias ninaImagen: MART PRODUCTION

Asimismo, como en otros trabajos, los investigadores del Departamento de Didáctica de las Ciencias Experimentales de la Universidad de Granada observaron diferencias significativas por género: “En la astrología y la quiromancia las chicas se mostraron más crédulas; y los chicos tienen más tendencia a aceptar creencias de la ufología y la fisiognomía”.

Factores que influyen en esta percepción

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué nuestros jóvenes no tienen tan claro qué es ciencia y qué pseudociencia? Para el profesor Francisco González, “la influencia es claramente cultural y social”. Y para ello pone como ejemplo a los horóscopos en las revistas de moda, con incluso consejos de dietas según el signo zodiacal, o las colecciones de rocas y piedras que hablan de sus hipotéticos poderes. “Parece que hay tradiciones o ideas populares que son muy difíciles de erradicar”, se lamenta.

Otro factor son las redes sociales, en las que pasan mucho tiempo los alumnos de la ESO. “En ellas pululan muchos mitos donde las falsas ciencias medran”, alerta. Y, por descontado, existen muchos magufos (acrónimo de mago y ufólogo), personas que se dedican a las pseudociencias y a su difusión.

Por el contrario, a los chavales “les faltan conocimientos científicos para poder diferenciar entre falsedades o medias verdades o argumentos falaces sobre muchos temas. En salud —afirma González— es ciertamente preocupante, en ocasiones, cómo los expertos tienen puntos de vista diferentes (lo vemos con la covid-19). Eso se aprovecha para medrar o convencer a la gente joven sobre cualquier cosa”, afirma González.

Y ahí está verdaderamente el peligro para nuestros adolescentes. “En ese momento de búsqueda de identidad y espacio propio, de definir quiénes son o quiénes quieren ser y, con frecuencia, de ruptura de puentes con los adultos, y en particular con sus padres y madres, si se les seduce y les ofrecen alternativas ‘mágicas’ que les generen certidumbre y que les proporcionen otra de las cosas que más buscan (grupos de referencia), pueden ser más susceptibles de ser captados por sectas o por elementos de terapias alternativas, que en los últimos tiempos van de la mano”, sostiene Guillermo Fouce, profesor de Psicología Social en la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras.

🔬 Educación y formación

Las ideas y el ejemplo de sus progenitores, por supuesto, también influyen. Y que se hable de ello o no en los centros educativos, y cómo se haga esto, también puede ser decisivo. De hecho, como tal, el tema de las pseudociencias o concepciones alternativas no figuran por ahora en el currículum oficial de Educación Primaria ni de Educación Secundaria Obligatoria.

En el caso de primaria , en su nuevo currículo de contenidos mínimos, con la competencia matemática y competencia en ciencia, tecnología e ingeniería (STEM), el alumno “utiliza el pensamiento científico para entender y explicar algunos de los fenómenos que ocurren a su alrededor, confiando en el conocimiento como motor de desarrollo, utilizando herramientas e instrumentos adecuados, planteándose preguntas y realizando experimentos sencillos de forma guiada”. Y en el actual currículo básico de ESO, se especifica que, a través de Biología, Geología, Física y Química, se adquieren las estrategias del método científico. “El alumnado deberá desarrollar actitudes conducentes a la reflexión y el análisis sobre los grandes avances científicos de la actualidad, sus ventajas y las implicaciones éticas que en ocasiones se plantean”, dice el texto del Ministerio de Educación y Formación Profesional.

Se espera un nuevo currículum en secundaria que actualice este punto. “Previsiblemente ocurrirá, debido a la preocupación que ha surgido sobre el tema, en particular por sus implicaciones en la salud”, manifiesta Francisco González. Por el momento, es determinante el compromiso del docente en el tema y el tiempo del que disponga en sus clases para tratar este asunto, sobre todo cuando sus pupilos expresen ideas erróneas influidas por la pseudociencia.

Mientras, en la enseñanza hasta los 12 años, la formación no tan específica de los maestros podría ser contraproducente para incluir este temario a esas edades. “En el currículo de primaria se han introducido competencias STEM, pero si no se cambia la formación inicial del profesorado, es como poner el carro delante de los caballos”, asegura el experto.

ciencia pseudociencia adolescenteImagen: Alena Darmel

Cómo ayudar a niños y adolescentes a diferenciar entre ciencia y pseudociencia

Entonces, ¿qué se puede hacer? Lo que coinciden los expertos consultados es que no se hace lo suficiente para fomentar un espíritu crítico o creencias afincadas en la ciencia y el pensamiento crítico o para que se pueda distinguir entre ciencia y pseudociencia.

Por si fuera poco, “alguna de las tendencias y lanzamientos o debates que se hacen hoy desde la ciencia —como el relativismo absoluto— contribuyen a aumentar los problemas: todo es relativo, todo puede cuestionarse. Pero no todo tiene la misma validez, y la forma de contrastarlo debería ser la realidad y los efectos de lo que digo en ella”, agrega el psicólogo Guillermo Fouce. Por eso, es necesario desarrollar un pensamiento científico y crítico, que señala que si alguien afirma algo, debería demostrarlo o mostrarlo.

El profesor de la Universidad de Granada recuerda que para ello es básico insistir en que la metodología científica se basa en la contrastabilidad y repetición de los resultados en los estudios científicos, frente a las “falsas profecías” de las pseudociencias. Y pone como ejemplo un horóscopo. “No se puede contrastar. Es más, se puede rebatir fácilmente; viendo que sus predicciones son ideas vagas o generales o que a dos personas con el mismo horóscopo les puede ir de forma muy diferente”, asegura.

Pero ¿y cómo contrasto o pongo a prueba un dato? ¿Cómo puedo criticarlo, refutarlo? Francisco González pide que nos fijemos en un anuncio de cosmética que dice que rejuvenece un 25 % o reduce las arrugas un 50 %, y tiene un asterisco y una letra pequeña que apunta que eso está probado en 30 mujeres de 25 años. “Lo aclara para que no se le acuse de fraude (y por tanto eso no es pseudociencia, sino que se manifiesta su contrastabilidad y repetición). Eso no aparecía en cualquier afirmación falsa, donde tan solo se dan opiniones personales que te puedes creer o no, o confías en la credibilidad o fama del que lo anuncia”, comenta.

Es decir, cualquier publicación puede analizarse de forma crítica y analizar sus carencias. Someterlos a una crítica pausada y ver si cumplen los requisitos del método científico (observación, investigación, hipótesis, experimentación, análisis de datos, conclusión, comunicación). Y es que para González, “si se comprende bien cómo trabaja la ciencia y cómo se genera el conocimiento científico, es más fácil diferenciarlo de la pseudociencia. Habría que centrarse más en saber cómo se genera el conocimiento científico, y no tanto en acumular conocimientos que se van actualizando”.

✅ Consejos con los hijos

¿Cómo hacemos con los hijos? Además de enseñar a discriminar entre lo que es una información mala y una buena, válida y contrastada, Fouce propone con los hijos: “Dialogar, conversar, que planteen sus dudas y sus exploraciones en todo caso, pero no confrontar con ellos —en parte lo buscan— sino apuntar alternativas y practicarlas con ellos, servir de ejemplo y mostrar el ejemplo, indicar las consecuencias de los atajos pseudocientificos y plantear de manera socrática (preguntas sistemáticas) lo absurdo de señalar elementos como el alma, la energía o similares con cuestiones como ¿qué son? o ¿cómo se miden?”.

✅ Recursos y herramientas

En cuanto a los recursos en los que padres y profesores pueden apoyarse en esta labor, estos son algunos de ellos:

  • Universitat de Barcelona tiene en su plataforma ‘La UB divulga’ una serie de vídeos muy ilustrativos y divertidos, pero sin palabras, con los que explican diversos aspectos de la ciencia. El método científico es uno de los más visitados y didácticos.
  • ConCIÉNCIAte se llama la propuesta didáctica para primaria y para secundaria, editada por el Ministerio de Educación y Formación Profesional, que aborda la importancia de la ciencia y sus avances en general y, en particular, frente a la pandemia originada por la covid-19.
  • SeEduca: creatividad y pensamiento científico es un proyecto global educativo cofinanciado por la Fundación Séneca-Agencia de Ciencia y Tecnología de la Región de Murcia y la FECYT para el desarrollo del pensamiento científico, creativo, crítico y la solución de problemas. Consulta las fichas prácticas de experimentos y experiencias para infantil y primaria y para secundaria.
  • Science Truck se denomina la idea de la FECYT donde youtubers científicos acercan la ciencia a los más jóvenes despertando su curiosidad y estimulando su pensamiento crítico. En cada programa se responde a una cuestión relacionada con mitos urbanos, pseudociencias o el pensamiento mágico contraponiendo al método científico y el pensamiento racional.
  • Big Van Ciencia cuenta con varios proyectos con adolescentes (12-18 años) en los que sus científicos abordan la problemática de las noticias falsas y las pseudociencias. Algunos son shows específicos sobre desinformación durante la pandemia (transmisión, vacunas, 5G, etc.) que pudieron realizar con ayuda del Ayuntamiento de Barcelona, mientras otros, a través del stand-up comedy (monólogos científicos), hablan sobre ensayos clínicos o emergencia climática. También en las redes sociales, con vídeos cortos, tratan de dar información científica.
  • Desmontando mitos, en el portal GCiencia, consta de diez vídeos cortos, donde se tratan temas controvertidos y de actualidad en los que las pseudociencias han conseguido abrir una brecha frente a la realidad de la ciencia y del conocimiento contrastado (la supuesta relación de la covid-19 con el 5G , la posible influencia de los ciclos lunares en el carácter de las personas o los partos…). Cuenta con la participación de científicos de la Universidad de Santiago de Compostela.
  • Surfear la Red consiste en el programa educativo de Fundación FAD Juventud y Google dirigido a que el alumnado de primaria navegue con seguridad (Sé Genial en Internet) y a que el de secundaria detecte y evite bulos y otro tipo de desinformación en la Red (Eraser).