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Iluminar el salón

La clave del éxito está en combinar con acierto fuentes de luz suave con otras fuertes dirigidas a puntos de trabajo concretos

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 18 octubre de 2007

El salón es uno de los espacios de la casa donde más tiempo se pasa durante el día. Es el lugar de reunión, ocio y descanso por excelencia. Por ello, es necesario crear un ambiente acogedor y resulta imprescindible combinar las distintas fuentes de luz. Éstas deben responder al resultado que se pretende, en función de la decoración y las necesidades.

Luces para crear ambientes

Para crear un ambiente acogedor y confortable, es indispensable realizar una combinación correcta de luces y sombras. El truco radica en combinar con acierto fuentes de luz de fondo suave con otras más fuertes dirigidas a puntos de trabajo concretos. Hay que elegir una iluminación flexible, que se pueda adaptar con facilidad a las preferencias y necesidades de cada momento para obtener un conjunto agradable y relajante. Además, debe ser adecuada tanto para realizar tareas del trabajo como para estar en reposo.

Para iluminar el salón en todo su volumen, con la luz necesaria para desplazarse y realizar tareas, es necesaria una iluminación general, uniforme y que no genere sombras. Este efecto se consigue con apliques, lámparas de techo o halógenos empotrados.

Para una iluminación general, es necesaria una luz uniforme y que no genere sombras

Una lámpara de pie o de sobremesa orientada al techo proporcionará una luz ambiental o de fondo. Delimitará distintos ambientes al iluminar unas zonas y dejar otras en sombra. Para suavizar su intensidad lumínica y controlar y cambiar el brillo, bastará con colocar unos reguladores de voltaje en los interruptores.

La denominada iluminación decorativa, de acento o de destaque, permite poner de relieve un cuadro o cualquier otro objeto localizado en una habitación. Para lograr este efecto, hay que colocar un punto de luz de baja intensidad, suave y de un tono cálido en la pared, una mesa, una estantería o el suelo, orientado al objeto que se desea resaltar.

Un tipo de iluminación para cada actividad

Para iluminar zonas concretas, como una butaca, un sillón o un sofá, donde se lleva a cabo alguna actividad de lectura, costura o juegos de tablero, la mejor opción son las lámparas orientables. Deben desprender una luz blanca y directa, además de situarse de modo que la luz llegue por encima del hombro de la persona que la utiliza. Así se evitan los deslumbramientos. Si la luz proviene de una lámpara de sobremesa, la pantalla de ésta ha de ser pequeña, de modo que se pueda centrar el foco en el punto donde se necesite.

Para iluminar zonas concretas donde se lleva a cabo alguna actividad, la mejor opción son las lámparas que se pueden orientar

Uno de los principales protagonistas del salón es el televisor. Una completa oscuridad o una iluminación muy fuerte, sobre todo si se refleja en la pantalla, pueden conllevar cansancio visual.

Para evitar estos y otros problemas, se debe colocar detrás del receptor una luz tenue orientada a la pared que está detrás del aparato. También es posible disponer una lámpara de pie unos dos metros delante del televisor o detrás de quien lo ve. De este modo, el ojo no tendrá que realizar el esfuerzo para adaptarse a los constantes cambios de luminosidad de las distintas escenas del programa o película que se proyecte en la pantalla.

Si el salón dispone de una mesa de comedor, la mejor elección es colgar una lámpara de techo a una distancia aproximada de un metro con respecto a la mesa para que no deslumbre a los comensales. Esta luminaria debe guardar proporción con la forma y el tamaño de la mesa.

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