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No hay que regar todas las plantas por igual

Es recomendable comprobar con la mano la humedad del sustrato antes de proceder al riego

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: lunes 5 abril de 2004
Un error muy común a la hora de regar las plantas consiste en llevar a cabo esta tarea cada cierto tiempo, de manera automática y aportando la misma cantidad de agua a cada planta sin comprobar las necesidades de cada una de ellas. A ello contribuye el rápido ritmo de vida que se vive en la actualidad y el hecho de tener todos los ejemplares emplazados en un mismo lugar.

Este tipo de riegos no son lo más adecuados e, incluso, pueden dañar a las plantas. Para que esto no suceda, es recomendable comprobar la humedad del sustrato de cada ejemplar antes de regar.

Si la tierra se queda pegada a los dedos, es conveniente no añadir más agua, ni tan siquiera a los ejemplares en flor. Además, durante el invierno es aconsejable dejar que el sustrato se seque un poco antes de volver a regar para prevenir los efectos de las heladas. También hay que tener presente que siempre es más fácil matar a una planta por exceso que por defecto de agua, ya que el defecto siempre se puede arreglar regando en cuanto aparezcan los primeros síntomas de sequedad.

Para las plantas de interior lo más acertado radica en colocar bajo el tiesto un platillo para recoger el exceso de agua y así evitar manchar el suelo. Sin embargo, y contra la creencia popular de que la planta absorbe el agua que queda en el plato, es muy recomendable retirarla porque las raíces pueden llegar a pudrirse. Para evitar tener que vaciarlo casi cada vez que se riegue, se podrá rellenar el plato de grava y dejar que tenga agua pero sin que toque la base del tiesto, que ha de estar asentado sobre las piedritas. Así se conseguirá que la planta tenga suficiente humedad, sobre todo en invierno cuando las calefacciones desecan el ambiente en las casas.

También es sumamente importante la calidad del agua empleada a la hora de regar. Lo mejor, desde luego, no es emplear el agua que sale directamente del grifo, sobre todo si tiene un exceso de cloro. Si el agua tiene exceso de cal, se puede hervirla y dejarla enfriar antes de utilizarla, así se logrará que el cloro se evapore y la cal se deposite en el fondo del recipiente.

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