Contrato por diferencias

Recomendados para perfiles de riesgo, sus ganancias pueden superar a las obtenidas en Bolsa, pero las pérdidas también
Por Gracia Terrón 1 de octubre de 2009
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Los productos de inversión no se ciñen a los fondos, planes de pensiones y acciones. Además de estas populares y masivas formas de invertir, el mercado ha acogido en los últimos años nuevas fórmulas, más sofisticadas, que se han convertido en una alternativa para los perfiles agresivos. “Warrants”, ETF, opciones y futuros, se suman a un producto más reciente y con una demanda al alza: los contratos por diferencias, conocidos en la jerga financiera como CFD (Contract For Differences). Permiten participar de las subidas y bajadas del precio de acciones o índices, sin necesidad de ejecutar la compra o el desembolso total del efectivo operado. Su principal ventaja es que se pueden adquirir o vender grandes volúmenes de acciones con pequeñas cantidades de dinero. Su inconveniente: es un producto de alto riesgo, que puede ocasionar elevadas pérdidas. Proporciona ganancias exponenciales superiores a las de la inversión directa en Bolsa, pero puede implicar que se pierda toda la aportación.

Cómo funcionan

Los CFD son un instrumento financiero que se puede suscribir a través de determinados brokers de inversión. Su peculiaridad estriba en que permiten participar en las subidas y bajadas del precio de acciones o índices sin tener que efectuar la compra ni el desembolso total del efectivo. Posibilitan jugar al alza o a la baja sobre ambos factores y su valor está vinculado de manera directa a la evolución del precio de la acción o al índice subyacente.

Al suscribir un CFD, el cliente compra o vende con la aportación de una pequeña parte del valor total del activo al que está referenciado el producto. Esto supone operar con un alto grado de apalancamiento (como si la operación fuera financiada) y multiplicar los resultados de la inversión. Este contrato no tiene vencimiento y se liquida cuando lo decide el cliente, con el intercambio de la diferencia del precio del subyacente en el momento de compra y de venta, de acuerdo con las garantías mínimas exigidas. Carecen de fecha de vencimiento, sin embargo, si el subyacente al que replican la tiene, vencerá al mismo tiempo.

Permiten adquirir o vender grandes volúmenes de acciones con pequeñas cantidades de dinero

Cuando los contratos por diferencias se utilizan para tomar posiciones bajistas, la operativa se denomina venta en corto: si un inversor piensa que el precio de un valor o un índice bajarán, puede suscribirlos. El inversor ganaría dinero si el activo al que está referenciado este producto baja y, cuando decide cerrar la posición, está a un precio inferior al que tenía cuando suscribió el producto. Son útiles para aprovechar movimientos en el corto plazo, para hacer “trading intradía” con distintos valores e índices nacionales e internacionales.

Ventajas y tipos

Una de las principales ventajas de estos contratos es que permiten acceder a casi cualquier activo con el desembolso de una pequeña parte del dinero que costaría en el mercado, pero dan la posibilidad de beneficiarse de la totalidad de las ganancias. Además, se puede invertir a la baja y sacar provecho de los descensos de los mercados (acciones, futuros, oro, petróleo…). Otra ventaja es su transparencia. Si se invierte en CFD sobre acciones, el inversor accede a los precios reales de mercado de las mismas. En cualquier momento puede saber cuánto gana o pierde. No es necesario hacer cálculos engorrosos para deducir la prima, como ocurre con los warrants, en los que un cambio de volatilidad puede afectar al beneficio.

Son un instrumento útil para aprovechar movimientos en el corto plazo

Las clases de contratos por diferencias dependen del subyacente al que repliquen. Se pueden encontrar desde acciones, índices y materias primas, hasta divisas, ETF, opciones o bonos casi de cualquier producto financiero que cotice. El inversor español demanda, en especial, CFD sobre Telefónica, Iberdrola, Repsol, BBVA, Santander o el Ibex-35, entre otros.

Perfil del cliente

Los CFD son aptos para inversores capaces de asumir riesgos altos. Conviene saber utilizarlos, conocer su funcionamiento y operar con rigor, eficacia y diligencia. Es necesario tener unas bases previas sobre los peligros del producto para evitar el efecto negativo del apalancamiento.

Por operar con CFD se debe pagar un interés diario, cuya cuantía varía en función del broker y de los tipos oficiales

Es un producto corto o medio placista, uno de sus principales inconvenientes. No es aconsejable si se pretende una estrategia a largo plazo, puesto que el apalancamiento exige el pago de intereses diarios. Si bien en la coyuntura actual, debido a la caída de los tipos, son muy bajos. Su cuantía varía en función del broker y de los tipos oficiales del momento. Cuanto más tiempo se mantenga la inversión, más se pagará y más rentabilidad se necesitará para conseguir ganancias reales.

No obstante, la demanda de este producto es creciente, como lo demuestra la cantidad de proveedores que ofrecen CFD en España. Si en 2007 apenas dos o tres entidades estaban especializadas, la cifra ronda ahora la decena.