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Depósitos a un mes: sus ganancias reales

Se pueden obtener mayores ingresos que con otros productos de ahorro, pero durante plazos de tiempo muy cortos

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 7 abril de 2006

Los depósitos son uno de los productos que más se publicitan en todos los medios porque ‘ofrecen ganancias seguras, fáciles de conseguir y sin poner en riesgo el dinero del ahorrador’. Y aunque no es un producto nuevo, puesto que lleva varias décadas funcionando, en los últimos años las entidades que operan por Internet han vuelto a promocionar los depósitos ofreciendo elevadas rentabilidades, muy por encima de los tipos de interés y de la inflación española (que a febrero se situaba en el 4% en tasa interanual). En la actualidad estos depósitos de alta rentabilidad ofrecen un 6%, un 8% y hasta un 10%. Ahora bien, ¿todos son ventajas? ¿qué dice la letra pequeña? En este tipo de contratos el ahorrador debe tener muy en cuenta que son depósitos que se contratan a plazos muy cortos, habitualmente un mes y que el interés que ofrecen suele ser un tipo de interés TAE. Por lo tanto, antes de firmar es importante que se evalúen los posibles beneficios a través de unas simples operaciones, porque pasado el plazo de un mes las entidades no suelen permitir renovar los depósitos a ese interés tan elevado.

¿Cómo funcionan?

Los depósitos a plazo o imposiciones a plazo fijo (IPF) constituyen el producto más clásico de inversión. Su principal atractivo es su seguridad, se trata de un producto sin riesgo que permite obtener ganancias sin perder ni un céntimo del capital invertido. Luis Martín Jadraque, del área de Inversiones de Deutsche Bank, afirma que, precisamente por su carácter conservador, los depósitos son uno de los productos más contratados en España. “A cierre de 2004, más de un 12,5% de la población española tenía suscrito un depósito a plazo”, afirma. “La clientela percibe a los depósitos bancarios como una inversión sencilla y segura. Este hecho puede que sea la base del éxito que han tenido entre el público”, comenta Juan Ramón Quintás, presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA).

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Concretamente, los depósitos a plazo son un producto financiero que se instrumenta a través de un contrato: en él se estipula que el cliente se compromete a mantener en la entidad hasta su vencimiento el importe del depósito. A cambio recibe una retribución, más elevada que en las cuentas corrientes y acorde con la cuantía de la imposición efectuada. Al concluir el periodo pactado, el banco o caja devuelve al cliente el ahorro depositado y los intereses correspondientes. Los intereses del depósito se liquidan en una cuenta corriente que el cliente ha debido abrir previamente en la entidad en cuestión.

Las entidades invierten los saldos de los depósitos a plazo en títulos del Tesoro a muy corto plazo. Normalmente, ‘repos’ (activos con pacto de recompra) y ‘colas de Deuda’ (emisiones a largo plazo a las que les resta poco tiempo para su vencimiento).

Hasta la década de los 90, los depósitos eran productos que ofrecían rentabilidades a medio plazo (unos 6 meses de media) algo por encima de la inflación, pero que no eran muy relevantes (en torno al 3,5-4% de interés TAE). No obstante, con el nacimiento de la banca on-line, los depósitos a plazo cobraron más interés. A finales de los 90, con el objetivo de ganar clientes, las entidades que operan por Internet se lanzaron a ofrecer depósitos con altas rentabilidades, de hasta el 10% TAE. La novedad es que eran productos a plazos muy cortos, generalmente de un mes. Es decir, los ahorradores podían disfrutar de las llamativas rentabilidades prometidas, pero sólo durante un mes. Pasado ese mes, el ahorro deja de remunerarse a ese tipo de interés elevado. En algunos casos, la rentabilidad que se ofrece a partir de entonces equivale al interés que dé la cuenta corriente en la que se liquidan los intereses (las cuentas “on-line” dan un interés que ronda el 2% TAE).

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