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Mifid: la banca se compromete a informar y proteger al cliente

Una nueva normativa obliga a las entidades a hacer un test a sus clientes para conocer su perfil de riesgo antes de que contraten un producto financiero

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  • Fecha de publicación: lunes 12 noviembre de 2007

En las últimas semanas es posible que muchos ahorradores españoles se hayan sorprendido tras recibir una carta de su banco en la que les comunican cambios en su forma de atender y asesorar al cliente. Desde el 1 de noviembre los clientes comenzaron a recibir un trato más atento y personalizado por parte de los asesores de sus oficinas. ¿A qué se debe este cambio de actitud? Todas estas cartas tienen su esencia en la aprobación de una nueva ley europea sobre el Mercado de Instrumentos Financieros (MIFID), cuyo objetivo es ampliar la protección del inversor, por lo que las entidades se verán obligadas a hacer un test a sus clientes para conocer su perfil de riesgo antes de que contrate un producto financiero.

¿Qué es la Mifid?

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A partir de ahora, en cierto modo, los bancos no podrán vender lo que quieran y cuando quieran. La directiva sobre Mercados de Instrumentos Financieros, conocida por sus siglas en inglés como Mifid (Markets in Financial Instruments Directive), es una ley aprobada en el seno de la Unión Europea que regula la prestación de servicios financieros por parte de todas las entidades que actúen en este ámbito. Se incluyen, por tanto, bancos, cajas de ahorros, sociedades y agencias de valores… La ley tiene carácter global, ya que se aplicará en todo el territorio de la Unión Europea. Surge, entre otros motivos, para responder a los cambios e innovaciones en relación con la seguridad de los mercados que se vienen imponiendo en los últimos años. En este sentido, la ley tiene su origen en América, donde se han creado las mayores leyes relacionadas con la protección del inversor.

Su objetivo es evitar que un cliente contrate un producto sin conocer cuál es su funcionamiento, los riesgos que implica y sus expectativas de rentabilidad. Josep Solé, presidente de EFPA Europa (la Asociación de Asesores y Planificadores Financieros), estima que el fin último de la Mifid es proteger al inversor-ahorrador y conseguir que contrate en todo momento el producto financiero que más se adecúe a sus necesidades. Las entidades financieras tendrán que esforzarse a partir de ahora “en explicar correctamente los riesgos y ventajas que implica la contratación de cualquier producto, sobre todo si se trata de un instrumento de inversión y no de ahorro”, según asegura Solé.


El objetivo de la normativa es evitar que un cliente contrate un producto sin conocer su funcionamiento, riesgos y expectativas

Mejorar en la prestación de servicios de inversión, es decir, en lo relacionado con la venta de acciones, fondos de inversión, de pensiones, derivados, bonos… es uno de los aspectos en los que hace más hincapié la ley. Esto es así ya que este tipo de productos pueden implicar una pérdida del patrimonio del cliente, por lo que la información a la hora de contratarlos que darán a partir de ahora las entidades deberá ser mayor. En definitiva, la Mifid conlleva la modernización de los mercados financieros y para ello amplia el poder supervisor de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) español, que es la entidad que se encarga de velar por el correcto funcionamiento del mercado, como añade Solé.

La nueva ley obliga a las empresas de servicios de inversión a divulgar en el mercado información sobre los aspectos clave de su perfil de negocio, exposición al riesgo y formas de gestión del riesgo. Además, les exigirá llevar un registro de todas las operaciones que realicen, para facilitar la supervisión por parte de la CNMV.

Productos Mifid

La normativa, por tanto, afectará a la prestación de servicios relacionados sólo con los productos de inversión. Es decir, productos que implican cierto riesgo y con los que cabe la posibilidad de asumir pérdidas. Por lo tanto, no serán productos Mifid, sujetos a la nueva normativa y al test y a la firma del contrato de servicios, instrumentos como las cuentas corrientes, los depósitos bancarios o las hipotecas. “Cuando un cliente vaya a abrir una cuenta no estará sometido al test, porque éste no es un producto sujeto a la Mifid. S´” lo son todos aquellos instrumentos que de algún modo impliquen una inversión en mercados secundarios”, comenta Solé.

Las acciones, participar en una OPV (oferta pública de venta), contratar un fondo de inversión, un plan de pensiones, un CFD (contrato por diferencia) o algún instrumento derivado sí que deberá pasar el filtro de la Mifid. En estos casos, el asesor sí que deberá comprobar cuál es el nivel de conocimiento del cliente y su aversión al riesgo. El alcance de la Mifid es muy amplio. En general, todas las entidades y personas que actúen en los mercados se verán afectados.

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