Planes de pensiones: revisión profunda ante la crisis

Su ventajosa fiscalidad es indudable pero conviene estudiar la evolución de la rentabilidad y la posibilidad de cambiar de plan
Por roserblasco 16 de diciembre de 2008
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Imagen: Hamed Masoumi

Garantizar el ahorro

Encontrar refugio seguro para su dinero se está convirtiendo en una obsesión para muchos ahorradores. Quien más quien menos se siente vulnerable y sufre por ese dinero ahorrado a lo largo de los años, eobre todo cuando se concibe como un elemento imprescindible para encarar el futuro post-laboral, la jubilación, con garantías de solvencia y capacidad económica. La rentabilidad nunca se menosprecia, pero en coyuntura de crisis e incertidumbre como la actual, la prioridad es la seguridad; en otras palabras, que se garantice que el capital ahorrado con tanto esfuerzo y paciencia ni se va a evaporar ni se va a depreciar de modo significativo. Porque una cosa es invertir y asumir que las cosas pueden torcerse, por ejemplo en la Bolsa, y otra bien distinta, evitar riesgos y limitarse a ahorrar. Algunos inversores, de hecho, ya han abandonado la Bolsa y los fondos, y han dirigido su dinero hacia depósitos y deuda pública, más seguros.

Ahora bien, ¿qué hacer con los planes de pensiones, uno de los productos financieros más populares en nuestro país, además de ahorro ilíquido por excelencia, que no puede rescatarse hasta el momento en que se llega a la jubilación? En sintonía con el mercado, su rentabilidad en 2008 fue decepcionante: los planes de pensiones del sistema individual perdieron un 6,13% de media en los últimos doce meses a cierre de septiembre, según informó Inverco. Tan sólo los planes de pensiones de renta fija a corto plazo resisten en positivo, con ganancias medias del 1,42%. A falta de unas semanas para cerrar el año, y con las perspectivas económicas y financieras tan poco estimulantes, no pocos ahorradores plantean si será este un buen momento para invertir por primera vez en un plan de pensiones. Y algunos de quienes ya lo tenían contratado, reflexionan sobre si conviene o no realizar aportaciones extra a su plan de pensiones contratado hace una década o más. E incluso, las ventajas de traspasar sus ahorros de un plan a otro con mejores condiciones. Ahora, más que nunca, conviene evaluar los pros y los contras de estos activos financieros diseñados para el largo plazo.

La fiscalidad: principal atractivo

Los planes de pensiones imponen al titular una disciplina de ahorro que le va a acabar facilitando componer lentamente un patrimonio al que podrá dar uso sólo una vez llegada la jubilación. Aunque las cifras no son comparables con las de otros países europeos, en España ya hay más de 8,52 millones de cuentas de partícipes que han contratado planes de pensiones en el territorio común y Navarra. Y más de 1,2 millones de vascos cuentan con una EPSV (Entidades de Previsión Social Voluntaria), producto de similares características y fiscalidad a los planes de pensiones, con la particularidad de que permiten el rescatar el dinero a los 10 años. En total, hay más de 50.000 millones de euros invertidos en estos instrumentos, según puede deducirse de los datos de Inverco y del Observatorio Vasco de Previsión Social.

En general, las entidades permiten abrir un plan de pensiones o una EPSV desde 6 euros al mes y dejan libertad al ahorrador para ingresar en el producto las cantidades que considere oportunas y cuando le parezca conveniente. En otros casos, sin embargo, exigen hacer aportaciones anuales, con mínimos que van desde los 300 euros. De cualquier modo, el objetivo del plan de pensiones es constituir un capital que sirva de complemento para la pensión pública de jubilación, meta interesante para cualquier ciudadano, puesto que se estima que la Seguridad Social podría sufrir problemas dentro de dos o tres décadas para hacer frente al pago de todas las pensiones comprometidas.

La principal ventaja, y la vez, motivación que impulsa a los ahorradores a suscribir un plan de pensiones es su fiscalidad: permiten reducir la base imponible general del contribuyente, lo que significar pagar menos impuestos en la próxima Declaración de la Renta.

Los planes de pensiones que mejor están capeando el temporal son los que invierten en activos de renta fija

En el territorio general, las aportaciones realizadas por contribuyentes de hasta 50 años de edad se reducen de la base imponible general hasta 10.000 euros anuales o el 30% de la suma de los rendimientos netos del trabajo y de actividades económicas percibidas individualmente en cada ejercicio (se tomará la menor de las cantidades). Los mayores de 50 años podrán reducirse hasta 12.500 euros o el 50% de la suma de los rendimientos netos de trabajo. Los contribuyentes cuyo cónyuge no obtenga rendimientos netos del trabajo ni de actividades económicas, o los obtenga en un importe inferior a 8.000 euros, pueden reducirse también las aportaciones realizadas al plan de pensiones de su cónyuge, con el límite de 2.000 euros anuales.

En Navarra, la reducción es de 8.000 euros o el 30% de los ingresos obtenidos por trabajo para los ahorradores de hasta 50 años. Podrán deducirse 12.500 euros como máximo o el 50% de la suma de los ingresos por trabajo. En este caso, si el cónyuge obtiene ingresos inferiores a los 8.500 euros anuales, la reducción puede ampliarse en otros 2.000 euros al año.

En País Vasco, las EPSV reducen la base imponible del contribuyente en 8.000 euros anuales, como máximo para las personas de hasta 52 años. Quienes superan esta edad podrán reducirse 8.000 euros anuales más 1.250 euros por cada año de edad que exceda de 52 años hasta 24.250 euros para los de 65 o más años.

En tiempos de crisis, rentabilidades seguras

Una de las principales ventajas que muchas familias encuentran en este producto financiero para ajustar sus economías domésticas es el beneficio que puede suponer en 2009 la reducción de impuestos en la próxima declaración de la renta. Para ello, se debe contratar el plan de pensiones antes de que acabe el año.

En estos momentos de inestabilidad del mercado financiero y de recurrentes caídas bursátiles, quien tenga decidido que no quiere correr el riesgo de volver a ver reducirse su patrimonio (a corto plazo, no está claro que vaya a producirse una recuperación en Bolsa), puede apostar por productos conservadores, como los planes de pensiones de renta fija. Y vale tanto el consejo para quien se está planteando contratarlo por primera vez como para quien ya lo tenga suscrito. Naturalmente, los planes de pensiones que mejor están capeando el temporal, esta crisis financiera y económica, son los que invierten en activos de renta fija, sobre todo en deuda pública. A cierre de septiembre, sólo los fondos de renta fija a corto plazo registraron rentabilidades medias positivas (del 1,42%). Por tanto, los ahorradores conservadores y quienes no estén dispuestos a asumir riesgos, mejor harían si apuestan por productos de perfil bajo. Se evitarán sobresaltos y disgustos como los que pueden estar sufriendo quienes tienen contratados planes de pensiones de renta variable. En los últimos doce meses, los planes que invierten en Bolsa caen un 26,5% de media.

Cambiar de plan de pensiones

Quienes tienen un plan de pensiones suscrito desde hace varios años pueden plantearse la opción de traspasarlo a otro si no están conformes con la rentabilidad que les aporta. Es una operación que no implica gasto alguno. Pero tampoco es aconsejable retirarse precipitadamente de la Bolsa porque venderlo todo ahora es hacer efectivas las pérdidas sin darse la oportunidad de recuperarse cuando se supere la crisis. Porque la Bolsa, una crisis tras otra, siempre termina superando su enfermedad y acaba dando beneficios a quienes pueden o saben aguantar posiciones. No obstante, los ahorradores menos proclives al riesgo pueden realizar las nuevas aportaciones de 2008 a un plan de pensiones conservador. La ley permite realizar tantos traspasos como el partícipe desee, y también cambiar su ahorro desde un plan de pensiones “de Bolsa” hacia otro más conservador, para luego regresar a uno de más riesgo, cuando la situación en los mercados comience a dar síntomas de mejora. La legislación española permite tener abiertos tantos planes de pensiones como el titular quiera, aunque sólo uno servirá para hacer efectivas las desgravaciones fiscales. De esta manera, aunque se tenga ya suscrito un plan de renta variable, puede abrirse otro más conservador, para diversificar.

En cuanto a los traspasos, si un ahorrador decide cambiar de plan debe saber que tendrá que trasladar todo su ahorro acumulado (lo que se denomina técnicamente derechos consolidados). No se permite traspasar sólo una parte del ahorro.

Si un ahorrador decide cambiar de plan debe saber que tendrá que trasladar todo su ahorro acumulado

En todo caso, la inversión en planes de pensiones se debe realizar con vistas al largo plazo. Quienes ven todavía lejano el momento de jubilarse se encuentran en mejores condiciones para asumir riesgos, porque la posibilidad de que la Bolsa se recupere en un largo periodo es muy alta. Sin embargo, los clientes que tienen cerca la fecha de su jubilación deben valorar la posibilidad de afianzarse en posiciones garantizadas y traspasar su plan hacia un PPA (plan de previsión asegurado), un plan de pensiones garantizado u otro que invierta en renta fija. Precisamente, desde enero de 2008 se pueden hacer traspasos entre planes de pensiones y planes de previsión asegurados. Estos últimos son seguros de ahorro pensados para el largo plazo, con las mismas características fiscales que los planes de pensiones, pero con un tipo de interés garantizado. Son similares a los planes de pensiones garantizados. No obstante, los PPA pueden traspasarse en cualquier momento sin perder el interés ni el capital, ventaja de la que carecen los planes de pensiones garantizados.

Letra pequeña y comisiones

En la contratación de un nuevo plan de pensiones, o al firmar un traspaso, hay que fijarse en aspectos como las comisiones o la política de inversiones del producto, y no dejarse llevar por el regalo que a modo de gancho ofrezca la entidad financiera. En esta etapa final del año, las gestoras tratan de atraer a nuevos partícipes con incentivos como obsequios tecnológicos, aparatos para el hogar… pero nada es gratis. Por lo general, el ahorrador acaba pagando los regalos mediante el abono de comisiones más altas o, en algunos casos, asumiendo un mayor riesgo.

En cuanto a las comisiones, el reglamento de pensiones fija la comisión máxima que una gestora puede cobrar en el 2,5% (comisión de gestión más depósito). Dentro de una misma categoría hay productos que apuran esta tasa máxima y otros, de similar política de inversión, que exigen tasas más bajas. Lo conveniente es optar por planes de pensiones con comisiones baratas pero rentabilidades históricas medias atractivas. El dato de la rentabilidad histórica sirve para valorar la capacidad del gestor. En ciertos casos, se topa el ahorrador con productos que aplican comisiones altas pero ofrecen buenos resultados, es decir, por encima de la media de su sector. Para conocer las rentabilidades de los planes de pensiones, se puede consultar la página de INVERCO (Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Planes de Pensiones). Y para estudiar las comisiones, es útil el buscador de planes de pensiones de la Dirección General de Seguros y Planes de Pensiones (www.dgsfp.meh.es).

Los garantizados son un tipo de planes que se han puesto de moda porque garantizan el capital invertido y, por lo general, un tipo de interés fijo. Pero tienen su pega: el cliente no debe traspasar el dinero en toda la vida del producto (de media, los garantizados tienen plazos de ocho-diez años). Si se traspasa el producto, se anula la garantía y el inversor puede incluso perder dinero.