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Reglas de oro para obtener financiación

La solvencia actual y futura, y la tasa de esfuerzo que el crédito suponga para nuestra economía, son los principales elementos que revisan las entidades

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 3 julio de 2009
Img firma2 listado Imagen: Alexandra Lee

Desde que la crisis estallara, quien más, quien menos habrá escuchado, e incluso, sufrido en sus propias carnes que la banca ha echado el cerrojo o que ha cerrado el grifo. Lo cierto es que mes a mes el número de hipotecas concedidas baja, y lo hace también el capital prestado. Las entidades bancarias continuan con su política de concesión de créditos hipotecarios a unos niveles que hacía tiempo que no se conocían. De hecho, según los últimos datos publicados por el INE, las cajas de ahorro fueron las entidades que concedieron un mayor número de préstamos hipotecarios durante marzo (54,2% del total), seguidas por los bancos (35,6%) y por otras entidades financieras (10,2%). Conocer qué es lo que puntúa en estos momentos de forma positiva a la hora de solicitar un crédito es clave para saber si nuestro perfil se ajusta a las condiciones que ahora exigen las entidades bancarias.

Cambian los umbrales

/imgs/2008/09/firma2.art.jpgLa llave para acceder a un crédito no tiene nada que ver con la suerte ni con el azar, ni mucho menos con la disposición de soportar jornadas maratonianas de negociación entre entidad o cliente. O te lo conceden o no, nada de medias tintas. Los requisitos que el cliente debe cumplir para que la entidad le otorgue un crédito han sido desde siempre los mismos, como explica Gregorio Izquierdo, director del Servicio de Estudios del Instituto de Estudios Económicos (IEE), pero lo que la crisis ha provocado ha sido un cambio en los umbrales de esos requisitos. Ahora las entidades son más exigentes.

Probablemente el cambio más representativo se ha producido en los límites del capital prestado. Adiós a las hipotecas que rondaban el 100%, o incluso superaban el valor de tasación del inmueble… Son ya un concepto que pasó a mejor vida, y que pertenece a otra era.

En marzo el importe medio por hipoteca se situaba en 142.753 euros, cifra un 13% menor que la del mismo mes del año anterior

Para que el consumidor no haga cálculos erróneos y se lleve una sorpresa mayúscula ante la negativa de la entidad, debe interiorizar que será muy difícil que el capital prestado pueda superar el 75% del valor de tasación del inmueble. Según los datos más recientes publicados por el INE, durante el mes de marzo el importe medio por hipoteca constituida se situaba en 142.753 euros, cifra un 13,3% menor que la del mismo mes del año anterior y cerca de un 4% menos que la registrada en febrero de 2009.

Ser solvente o no, ahí está la clave

La morosidad crece y llega a cuotas que no se alcanzaban desde hace 13 años, éste es el titular que dejan los últimos datos dados a conocer por el Banco de España. Las entidades bancarias tienen créditos dudosos por valor de 83.658 millones de euros después de que en abril los impagos subieran al 4,42%. Se trata del vigésimo segundo repunte consecutivo, y de la tasa de morosidad más alta desde noviembre de 1996, cuando se situó en el 4,51%.

Tanto es así que en estos momentos las familias y empresas españolas deben más de lo que tienen ahorrado: en marzo de este año adeudaban a bancos, cajas y cooperativas de crédito un 36,5% más de lo que tenían ahorrado en depósitos, según el Banco de España. Así, los depósitos que hogares y empresas tenían almacenados en bancos, cajas y cooperativas de crédito (incluidas las de banca electrónica que representaban 23.154 millones) ascendían a 1,13 billones de euros, frente a los 1,79 billones de euros que adeudaban en esa fecha a las entidades financieras. En total, los créditos superan en más de 655.000 millones de euros a los depósitos. ¿Qué efecto produce esta situación en bancos y cajas? Miedo. En estos momentos, a las entidades les da más miedo que nunca conceder créditos. Por eso se aseguran muy mucho de que, si nos prestan “su dinero”, podamos hacer frente, ahora y en un futuro, al pago del préstamo. De ahí, que otro de los parámetros que haya cambiado con respecto a épocas anteriores sea el de los niveles de solvencia del solicitante.

Un error muy común es el de asociar la palabra solvencia con la cantidad de ahorros que podamos tener depositada en los bancos. Pero no sólo se refiere a eso. Obviamente tiene que ver con el ahorro pasado, pero también con las rentas presentes y estables, y con nuestra capacidad para generar ingresos en un futuro. Sobre esta base, los analistas de riesgos de las entidades son los encargados de evaluar si merecemos o no el título de “solvente”.

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