Filtros de agua

La ósmosis inversa es la técnica más utilizada actualmente, ante la ineficacia de los demás tipos de purificación
Por Benyi Arregocés Carrere 11 de mayo de 2006

La calidad del agua de consumo doméstico interesa y preocupa a los ciudadanos, que se alarman ante la posibilidad de que alguna impureza pueda llegar a sus casas a través de los grifos de agua instalados en la cocina, baño…¿son sustancias peligrosas? Diversos estudios constatan que son ‘impurezas menores’ y que el agua se puede beber sin ningún problema de salud y sin necesidad de ningún filtro extra, puesto que los procesos de purificación ya se aplican en las plantas potabilizadoras. Por tanto, ¿para qué sirve un filtro de agua? Los expertos aseguran que la utilidad de estos aparatos se reduce a a eliminar las bacterias de un agua que ya ha sido potabilizada y a quitar el sabor de cloro. No es más que una alternativa más barata al agua mineral embotellada. Por eso es necesario valorar sus prestaciones antes de decidirse por este artículo y comprarar precios, porque la horquilla oscila entre 300 y 1.500 euros.

¿Mejorar la calidad?

Un filtro de agua es un dispositivo que trata de mejorar la calidad del agua mediante sistemas que separan y retienen las partículas indeseadas que pueda contener, pero que dejan pasar el líquido. Se trata de una definición general, porque la utilidad práctica de estos dispositivos es muy diversa, así como los distintos modelos. Una persona que desee adquirir un filtro de agua debe de tener en cuenta que la mayoría no purifican el agua sino que simplemente mejoran su sabor,

La mayoría de los filtros no purifican el agua sino que simplemente mejoran su sabor

según afirma Santi Talo, desde Hydranautics, una empresa que fabrica membranas para equipos de ósmosis inversa, una técnica que ahora se potencia dentro de este sector y que sí que elimina sustancias contaminantes. Dentro del grupo de los filtros que no purifican se encuentran los de carbón activo, los mecánicos, los de resinas de intercambio iónico y las jarras, cuya función primordial es “quitar el gusto y el sabor, pero no las sales”, señala Talo.

¿Mejorar la calidad?

Por tanto, ¿a qué se reduce su utilidad? Aunque estos filtros logran que el agua del grifo sepa menos a cloro -uno de los elementos que se utiliza en las plantas potabilizadoras para limpiar las impurezas- no consiguen, en cambio, mejorar la calidad intrínseca del líquido. Este hecho se puso de relieve en un estudio realizado por la Organización de Consumidores y Usuarios en 2003 en que se desaconsejaba la compra de este tipo de dispositivos porque en algunos casos llegaban incluso a empeorar la calidad del agua al permitir que se multiplicaran los microbios. Por este motivo, quienes busquen métodos de purificación deben prestar atención al tipo de filtro que adquieran con el fin de consumir un agua limpia de impurezas.

Por otra parte, si el único objetivo del comprador es que el agua pierda sabor a cloro, el cuidado del mantenimiento en estos filtros es fundamental y se deben cambiar los cartuchos cuando lo marque el fabricante para evitar cualquier efecto negativo, fruto de la acumulación de bacterias o de las sustancias que se utilizan en el propio aparato para filtrar. También se debe tener en cuenta el coste de los recambios, que encarecen a la larga un producto que cuesta en torno a 25 euros en su versión en jarra y entre 100 y 200 para los demás tipos de filtros.

Actualmente, las empresas han dedicado sus esfuerzos a desarrollar los filtros que utilizan la técnica conocida como ósmosis inversa.”Es lo que mejor resultado ofrece en el tratamiento de aguas. Antes se utilizaban filtros de carbón activo y nosotros los fabricábamos, pero sólo eliminaban el cloro. Ahora los hemos sacado del mercado porque las necesidades han cambiado”, reconoce Paqui Muñoz desde Culligan, una firma dedicada a la elaboración de estos productos.

Ósmosis inversa

La publicidad de todos los tipos de filtros pretende convencer de que “es peligroso” beber del grifo sin la purificación de sus sistemas, pero obvia que al agua de consumo doméstico de los países desarrollados ya se le han aplicado todos los tratamientos necesarios para que sea potable. Es decir, los consumidores deben tener en cuenta que el líquido que llega al grifo se puede beber sin ningún problema de salud y sin necesidad de ningún filtro extra,

El líquido que llega al grifo se puede beber sin ningún problema de salud y sin necesidad de ningún filtro extra

porque los procesos de purificación ya se aplican en las plantas potabilizadoras.

Partiendo de esta base, el sistema de ósmosis inversa es la mejor opción que existe en el mercado doméstico para incrementar la calidad del agua, aunque no es tan eficaz contra pesticidas y contaminantes orgánicos. Este tipo de filtro se hizo popular por la polémica que protagonizó una marca de refrescos cuando embotelló y vendió en Gran Bretaña agua del grifo que previamente había pasado por ósmosis, entre otros métodos purificadores, y que después tuvo que retirar del mercado por presentar dosis altas de bromuro .

El funcionamiento de la ósmosis se basa en aumentar la presión del agua para que atraviese una membrana, que retiene los nitratos y los metales pesados, entre otras sustancias, para después conducir el agua por dos caminos: uno con el líquido filtrado y otro con las ‘sustancias indeseadas’. “Este sistema sólo permite pasar los minerales y se completa con dos dispositivos de carbón activo, uno anterior y otro posterior, que retiran todas las impurezas”, explica Muñoz.

En este sentido, Talo apunta que la principal ventaja de este proceso respecto a otros filtros radica en que “elimina las sales con el fin de que el resultado sea mejor para el organismo”, con la intención de asemejar el agua de tubería al agua embotellada. “Si se examina una botella de agua mineral y se observa el residuo seco, se comprueba que la cantidad de sulfatos, sodios y cloruros es baja, que es justamente lo que trata de hacer la ósmosis”, añade.

Precisamente, uno de los principales caballos de batalla de los fabricantes y partidarios de la ósmosis inversa estriba en vender las ventajas del agua filtrada mediante este sistema sobre el agua mineral embotellada. Concha Germán Bes, profesora de la Escuela Universitaria de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza y experta en agua, afirma que un punto positivo de la ósmosis es el ahorro ecológico porque se evita la “basura de envases y otros costes ambientales” que acarrea el uso del agua mineral. Muñoz destaca, por otro lado, que a largo plazo se gasta menos dinero utilizando ósmosis inversa que comprando habitualmente botellas o garrafas.

Sin embargo, se producen discrepancias cuando se habla de la calidad del agua resultante de la ósmosis en comparación con la mineral embotellada. “La ósmosis es mejor exceptuando algunas marcas”, sostiene Muñoz, “porque, si se efectúa un análisis, se observa que la conductividad (cantidad de sólidos disueltos que tiene el agua) de las demás es mayor que la del agua del grifo, lo cual es escandaloso”. En cambio, Talo desmiente esta apreciación y recalca que “no es cierto que el agua de consumo doméstico sea mejor que la mineral, la ósmosis sólo quita las sales”.

Precio y mantenimiento

A pesar de las ventajas expuestas por los diferentes expertos, hay que reseñar que uno de los principales inconvenientes de la ósmosis inversa radica en su precio, bastante más alto para el consumidor que el de los otros tipos de filtros. Fernán Mauri, de Aquaprojects, una de las empresas del sector, señala que “cuestan entre 300 y 1.500 euros, según las marcas”, lo que provoca que en la mayoría de las ocasiones se haga una compra financiada que sitúa el precio en unos 33 euros al mes aproximadamente, tal y como afirma Muñoz.

El abanico tan amplio del precio de estos productos recibe distintas explicaciones por parte de los fabricantes, que, principalmente, aluden a la calidad de materiales como los filtros y las membranas. La responsable de marketing de Culligan enfatiza que sus sistemas se elaboran en Estados Unidos y que marcan la diferencia respecto a la competencia “made in Taiwan y con etapas de 5 filtros, que son baratos y se introducen en el país para uso agrícola o de acuarios, pero en ningún caso para alimentación, porque si lo hicieran no estarían cumpliendo ninguna normativa. Sabemos esto porque los hemos analizado”, denuncia.

Por su parte, Talo se muestra más práctico cuando se refiere a las oscilaciones de precios en los sistemas de ósmosis inversa, porque ha comprobado como “un mismo equipo puede costar 1.200 euros en un comercio, mientras que en otro el precio puede alcanzar los 400 ó 500 euros”. En referencia a los productos orientales, el director de ventas de Hydranautics opina que no se puede generalizar, aunque reconoce que, a veces, “estos productos comprados a mitad de precio no funcionan igual al cabo de un tiempo”.

Por otro lado, la ósmosis inversa presenta unas peculiaridades que provocan que sólo la deba instalar un profesional.

La ósmosis inversa presenta unas peculiaridades que provocan que sólo la deba instalar un profesional

La razón es que, según cómo sea el agua de cada zona, los pre-filtros y los post-filtros tienen que ser distintos para obtener un rendimiento óptimo y esta labor requiere de cierta profesionalidad. “Se debe realizar a la medida de cada lugar. Por ejemplo, en la zona sur de Barcelona hay aguas que si se pasaran directamente por ósmosis se colmarían y por esa razón se deben prefiltrar antes”, subraya Talo.

Por este motivo, los consumidores deben tener precaución con las tiendas que ofrecen la instalación de estos sistemas de purificación por su cuenta. “No lo aconsejamos, porque se trata de materiales esterilizados, que han de saberse manejar, por eso cuando trabajamos, por ejemplo, con el gremio de los arquitectos también los instalamos nosotros”, dice Muñoz.

Como se trata de equipos caros que exigen una instalación profesional y unas revisiones periódicas, muchas marcas asumen en sus ofertas de financiación el coste del mantenimiento, un aspecto importante para que no sucedan casos en que los propios filtros puedan provocar la acumulación de bacterias y algas.

Sobre esta cuestión, los expertos en este campo afirman que los elementos que constituyen el sistema de prefiltración y postfiltración se deben sustituir cada año, mientras que las membranas, el elemento central de la ósmosis, se deben cambiar cada tres años. “Es como una caldera, hay que revisarla una vez al año”, aconseja Talo, que por otra parte, revela un aspecto curioso de estos sistemas: “la ósmosis sigue haciendo su labor hasta que se rompe y el agua tiene que ser buena. He llegado tomar aguas residuales a través de un filtro de ósmosis y todavía estoy bien”, concluye.