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Las estafas se renuevan

Numerosos fraudes no se denuncian porque la víctima forma parte de un acto delictivo

Img maletin Imagen: Mike Johnson

De la estampita al 'Rip Deal'

/imgs/2008/12/maletin.art.jpgLas estafas tradicionales evolucionan y se adaptan con facilidad a los cambios sociales. Existen cientos de timos y cada uno de ellos puede contar con varias modalidades. Con el paso del tiempo se modifican también las costumbres y el delincuente, gran conocedor de la psicología colectiva, transforma la estafa para poder seguir actuando. Uno de los componentes que se suele dar en este tipo de engaños es la confianza que suscita el estafador en las víctimas sumado, en algunas ocasiones, a la intención de éstas de aprovecharse de la situación de necesidad o de ignorancia que finge el propio timador. Por ello muchos fraudes no son denunciados, debido a la vergüenza que siente el estafado por haber caído en la trampa, o por haber formado parte de un acto delictivo al intentar aprovecharse de algo ilegal o moralmente reprobable.

En el timo de la estampita, una persona que aparenta padecer una discapacidad psíquica aborda a la potencial víctima enseñándole una bolsa llena de billetes a los que no da importancia porque son estampitas. Otro estafador, simulando ser un ciudadano que pasa por casualidad por allí convence a la víctima para que compre la bolsa al discapacitado. Así que éste le entrega sus estampitas tras recibir el dinero del ciudadano que, cuando se queda solo, descubre que le han engañado porque la bolsa está llena de recortes de periódico. Aunque parezca increíble, por más que este timo se haya difundido en los medios de comunicación e incluso en películas, hay quien sigue “picando”. En numerosas ocasiones ni siquiera se denuncia por la vergüenza pública que supone haber actuado de mala fe al intentar engañar a un discapacitado.

Los estafadores perfeccionan sus timos con el uso de nuevas tecnologías

Los estafadores han refinado el timo de la estampita y lo han convertido en otro conocido como ‘Rip Deal’. En él los delincuentes buscan información sobre inmuebles que están a la venta, contactan con los vendedores y se citan con ellos en caros restaurantes u hoteles de lujo. Allí, los estafadores acuden muy bien vestidos simulando ser acaudalados empresarios extranjeros. Le dicen a la víctima que están interesados en hacer una gran inversión en España y, antes de cerrar el contrato de compra de los terrenos o inmuebles, ofrecen al vendedor la posibilidad de hacer un cambio de moneda en efectivo y le informan de que se trata de dinero negro. Pueden llevar dólares, francos suizos… y piden cambiarlo por euros ofreciendo a la víctima una comisión elevada que puede llegar al 20%. También pueden intentar cambiar billetes de 500 por otros más pequeños.

Si la víctima accede, se citan en otro lugar y hacen el intercambio de maletines de manera discreta y en un sitio público, de forma que la víctima no pueda comprobar en el momento el dinero. Cuando abre el maletín descubre que sólo el primer y el último billete son verdaderos. En ocasiones, los timadores llaman al estafado para decirle que con el dinero falso sólo intentaban comprobar que los billetes que la víctima entregaba eran verdaderos y que en breve le darán la cantidad acordada. De este modo logran que la víctima tarde en poner la denuncia -si lo hace, porque realmente ha intentado quedarse con dinero negro- y les da tiempo para huir.

Este timo recuerda también a otro más tradicional, el de los billetes tintados. El timador enseña al ciudadano un maletín lleno de cartulinas negras. La primera de ellas, al rociarla con un producto se convierte en un billete. Para hacerlo más creíble el estafador puede decir que los ha tenido que teñir para sacar el dinero de su país sin que fueran detectados en la aduana. El delincuente le ofrece a la víctima el líquido y las cartulinas a cambio de una elevada cantidad. Con el fin de que todo se desarrolle de manera más rápida y el ciudadano no tenga tiempo de pensar, el timador puede decir que están a punto de descubrirle y no tiene tiempo de destintar los billetes. Cuando el timado intenta convertir las cartulinas en dinero se da cuenta de que no es posible.

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