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Amelia Calonge, presidenta de la Asociación Española para la enseñanza de las Ciencias de la Tierra (AEPECT)

La carga lectiva del conjunto de materias relacionadas con la ciencia es insuficiente

Imagen: CONSUMER EROSKI

La Asociación Española para la enseñanza de las Ciencias de la Tierra es una entidad sin ánimo de lucro fundada en 1992 que dedica sus esfuerzos a defender la presencia y contribución de las Ciencias de la Tierra en la formación de los ciudadanos. Entre sus objetivos está el favorecer el intercambio de investigaciones y experiencias educativas y propiciar la actualización científica y didáctica del profesorado.

Su presidenta desde hace dos años, Amelia Calogne, doctora en Ciencias Geológicas, es catedrática de universidad e imparte Micropaleontología en la Facultad de Biológicas; por su parte, el vicepresidente, Xavier Juan Pons, con más de 30 años de experiencia docente, enseña Biología y Geología en un instituto de Secundaria. Ambos científicos, desde el punto de vista del nivel educativo universitario uno y desde el anterior a los estudios superiores el otro, nos acercan en esta entrevista realizada al alimón a la situación actual de la enseñanza de la materia en nuestro país y abogan por la necesidad de que la sociedad conozca la Geología y la introduzca como un conocimiento básico en su vida cotidiana.

¿Qué disciplinas forman parte del término Ciencias de la Tierra y cómo se aplican?

La disciplina principal es la Geología y sus derivadas (Geofísica, Geoquímica, Ingeniería Geológica, Paleontología, Estratigrafía…), pero también las Ciencias Ambientales, Ciencias del Mar, la Geografía, la Ecología y demás Ciencias Biológicas. Respecto a su aplicación, no hay que olvidar que los saberes geológicos son esenciales para proseguir estudios en aquellas carreras que necesitan del conocimiento de los materiales terrestres para su explotación, transformación o uso, como es el caso de Ciencias Geológicas, Ingeniería de Minas, Ingeniería de Montes, Ingeniería Agrónoma, Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, Arquitectura, etc. Pero también es fundamental para todas aquellas carreras que se ocupan del estudio de los seres vivos y que necesitan conocer su origen y evolución o las interacciones que se producen entre los organismos y el medio en el que habitan. Entre éstas se encuentran: Biología, Ciencias Ambientales, Ciencias del Mar, y otras.

¿Hasta qué punto la educación y la enseñanza de las materias relacionadas con las Ciencias de la Tierra ayudarán a que la sociedad actual afronte el futuro con responsabilidad?

Es necesario que la población sepa más sobre geología, sobre los recursos minerales e hídricos y su carácter limitado para hacer su uso sostenible, los procesos de cambio global; sobre lo que son los suelos y su vulnerabilidad; los océanos y los problemas que están afectándoles, sobre qué aspectos del terreno en que vivimos pueden afectar a nuestra salud, y otros muchos asuntos de nuestro planeta. Conociéndolos estaremos más preparados para resolver, individual y colectivamente, estos problemas.

¿Cuál es el principal problema al que se enfrentan en su enseñanza?

El escaso prestigio social y las reducidas remuneraciones hacen que esta profesión no resulte atractiva para los estudiantes
El descenso suave pero continuado del número de alumnos de opciones científicas; la competencia con interpretaciones acientíficas de la realidad cotidiana con que han de enfrentarse los alumnos y la población en general; el escaso prestigio social y las reducidas remuneraciones de los investigadores, que hacen que esta profesión no resulte atractiva para los estudiantes, y el espejismo de creer que podemos vivir en un mundo altamente tecnológico y científico sin formar en estas disciplinas a la población.

¿Es suficiente la formación en estas disciplinas que se proporciona a los estudiantes de niveles anteriores a la universidad?

Rotundamente no: la carga lectiva (horas de clase) del conjunto de materias relacionadas con la ciencia es insuficiente, incluso para aquellos alumnos que ha realizado ya la opción de seguir estudios científicos. Los currículos muy cargados, unidos a la falta de tiempo, dan como resultado, en muchos casos, un número insuficiente de actividades prácticas.

¿Han detectado que esta carencia influye en la calidad y nivel de conocimientos de los alumnos universitarios?

Como no podía ser de otro modo. Las carencias en estas materias que traen los alumnos a la universidad alargan y complican los procesos de aprendizaje. Esta circunstancia es causa también de desmotivación de estos alumnos que tienen que hacer un esfuerzo mucho mayor para poder acceder a niveles suficientes de conocimientos.

¿En qué se concretan las carencias?

La enseñanza se basa demasiado en la transmisión de conocimientos y no tanto en la indagación y la interpretación
Como sucede en otras asignaturas científicas, los currículos están saturados de conceptos (en algunos casos no muy actualizados) y se incide todavía poco en los aspectos relacionados con la tecnología y la sociedad. En general, a pesar de los esfuerzos de gran parte del profesorado, todavía la enseñanza se basa demasiado en la transmisión de conocimientos y no tanto en la indagación y la interpretación.

¿En qué ciclo educativo (Primaria, Secundaria o Bachillerato) deberían reforzar la enseñanza de las Ciencias de la Tierra?

En todos. Al tratarse de una ciencia que admite grados de abstracción variables permite una fácil adaptación al desarrollo cognitivo de los estudiantes. En general, podríamos decir que el porcentaje de horas dedicadas al estudio de las Ciencias de la Tierra no se corresponde con su importancia social. Podríamos citar, a modo de ejemplo, el hecho de que prácticamente todos los materiales que utilizamos en nuestra vida cotidiana tienen un origen geológico.

¿Podríamos decir que la Geología ha desaparecido de los libros de estudios?

Efectivamente. De las ciencias clásicas (Física, Química, Biología y Geología) sólo esta última está ausente entre las asignaturas de modalidad del Bachillerato actual, aunque sí figuraba en el antiguo COU. En clara contradicción con la realidad, ya que la relevancia científica, económica y social de las Ciencias de la Tierra no ha dejado de aumentar en las últimas décadas. De manera que, hoy más que nunca, es necesario que un estudiante del Bachillerato de Ciencias curse una asignatura específica de Ciencias de la Tierra. No se limita a responder al interés científico, se ha olvidado algo que ocupa muchísimo interés: el económico. A los recursos minerales (rocas industriales, combustibles fósiles o aguas subterráneas) se han añadido los grandes problemas que afectan a la humanidad y al futuro de nuestro planeta (cambio climático, desertización, riesgos geológicos, gestión de recursos naturales, etc.) debido a las consecuencias sociales, económicas y ambientales que conllevan. Son cuestiones que no pueden ser comprendidas sin el cuerpo teórico y procedimental aportado por las Ciencias de la Tierra.

¿Qué actitud detectan entre sus estudiantes hacia el aprendizaje de estas disciplinas?

En general positiva, puesto que se trata de ponerlos en contacto con el mundo físico que les rodea y que influye, y hasta determina, en cierta manera sus vidas. Cuanto más contextualizada es la aproximación a la ciencia, más interesada es su respuesta.

¿Se transforman la curiosidad e interés naturales de los niños hacia la ciencia en su primera infancia en desinterés cuando llegan a la adolescencia?

Las Ciencias de la Tierra figuran entre las materias menos afectadas por el desinterés de los estudiantes
Lamentablemente, se constata un declive en el interés que muestran los alumnos por la mayoría de disciplinas al llegar a la adolescencia. Quizás siempre haya sido así y, por fortuna para nosotros, las Ciencias de la Tierra figuran entre las materias menos afectadas por ese supuesto desinterés. No será ajeno a estos resultados el hecho de que los temas conservacionistas y medioambientales impregnen prácticamente toda la materia.

Desde este curso se imparte en Bachillerato la asignatura obligatoria para todos los alumnos denominada “Ciencias para el Mundo Contemporáneo”, ¿qué aportará a la didáctica de Ciencias de la Tierra?

Esta nueva asignatura, materia común para todos los alumnos del primer curso de Bachillerato, surge con el objetivo de atenuar las evidentes carencias en el ámbito científico de buena parte de los ciudadanos al acabar esta etapa y acceder a la universidad o al mundo laboral. Somos conscientes de que una sola materia de dos horas semanales difícilmente puede compensar esta situación, pero entendemos que, al menos, es un paso en la dirección correcta. Creemos también que la implantación de esta nueva materia constituye una respuesta, aunque tímida, a una demanda muy sentida y justificada, no tan sólo de los profesores de ciencias, sino de todo el profesorado de Enseñanza Secundaria y de toda la sociedad.

¿Cuentan los docentes de niveles no universitarios con la suficiente formación inicial para impartir las materias de Ciencias de la Tierra?

Creemos que sí, y no sólo aquellos con una formación universitaria más geológica, sino también los procedentes del campo de la Biología. En nuestra asociación (AEPECT) contamos con todos ellos tanto en las tareas organizativas como en las tareas de formación y participación en nuestros simposios bianuales.

Una de las grandes ventajas que tiene la docencia de esta materia es la gran posibilidad de darle un enfoque práctico a su enseñanza, ¿utilizan este recurso frecuentemente los docentes?

Nos consta que sí. En nuestras dos principales líneas de formación del profesorado constatamos un interés sostenido por parte del profesorado tanto por asistir a las actividades de campo de los simposios, como por participar en nuestras expediciones naturalistas. Estamos convencidos de que todas estas experiencias de campo tendrán su reflejo en la práctica cotidiana del profesorado. Asimismo, en nuestros simposios, destaca la gran participación y posterior valoración positiva de aquellos talleres con un fuerte componente práctico.

¿Qué lugar ocupan las carreras universitarias directamente relacionadas con Ciencias de la Tierra en la elección de los estudiantes de nuestro país?

Se observa un decrecimiento en el interés de los jóvenes en nuestro país, al igual que en otros de nuestro entorno, por la ciencia
Se observa un decrecimiento en el interés de los jóvenes en nuestro país, al igual que en otros de nuestro entorno, por la ciencia que se refiere a las características físicas de nuestro planeta. En muchas facultades de Geología, de Ciencias Medioambientales y en escuelas técnicas, el número de matrículas está reduciéndose o se ha estabilizado, lo que significa que, a corto o medio plazo, puede haber un serio problema de escasez de expertos que científica o tecnológicamente estén capacitados para cubrir las demandas futuras.

¿Cuentan estos universitarios actualmente con un futuro profesional prometedor?

Aparte de los campos tradicionales como la docencia, la investigación, la minería y la prospección de aguas subterráneas, la aprobación a finales de los años ochenta de la ley que regula la evaluación del impacto ambiental ha supuesto un fuerte impulso para la actividad profesional de los geólogos, puesto que la mayoría de obras civiles de una cierta importancia requieren un estudio geotécnico y/o geológico previo. También es de esperar que de forma gradual irá aumentando el número de profesionales implicados en la gestión ambiental (residuos, recursos, impactos, riesgos, etc.) y que entre los profesionales requeridos haya muchos de ellos relacionados con el ámbito de las Ciencias de la Tierra.

Está a punto de finalizar el Año Internacional del Planeta Tierra, ¿en qué ha ayudado esta onomástica?

Ha sido encomiable el apoyo que le han brindado las universidades, los colegios profesionales y las sociedades geológicas de nuestro país para promover la sensibilización y formación en temas clave como: el agua, los desastres naturales, los materiales de construcción, los minerales industriales, el patrimonio natural. Es evidente que no podemos cuidar lo que desconocemos y, en este sentido, hay que conocer nuestro planeta para poder cuidarlo en condiciones y garantizar la edificación de sociedades futuras más saludables, prósperas y exentas de riesgos. El planeta Tierra, y los cambios que en él se han producido a lo largo de los tiempos, no es sólo un conocimiento específico de las Ciencias de la Vida o de la Tierra, sino un bien cultural cuyo conocimiento debe extenderse a toda la sociedad.


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