Cinco pasos para conocer nuestra huella de carbono
1. Identificar cuáles de nuestras actividades diarias generan emisiones
En nuestra huella de carbono influyen nuestras emisiones directas e indirectas y se componen de cinco factores principales:
- Consumo energético. Electricidad, el gas y otros combustibles fósiles, como el gasóleo que se utiliza en calderas, cocinas o estufas.
- Transporte. Los coches (su combustible, la electricidad que consume si es eléctrico, la frecuencia en la que lo usamos o su eficiencia), los vuelos y otros medios de transporte.
- Alimentación. Los alimentos que comemos tienen su propia huella. La carne, por ejemplo, tiene un impacto alto.
- Consumo de bienes y servicios. Desde la ropa hasta los aparatos electrónicos, todo tiene una huella.
- Residuos. Qué hacemos con nuestra basura, si la reciclamos o no, genera emisiones adicionales.
2. Recopilar nuestros datos
Para calcular nuestra huella, tenemos que tener claro nuestras cifras de consumo: electricidad (kWh), gas natural (kWh), gasóleo de calefacción (litros) y otros combustibles, kilómetros recorridos por tipo de vehículo y hábitos alimentarios (consumo de carne, productos locales) y frecuencia de compra de bienes (electrodomésticos o ropa).
3. Usar una calculadora de huella de carbono
Existen varias herramientas en línea que simplifican el cálculo. El Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 cuenta con su propia calculadora en la que introducir nuestros datos de consumo.
4. Analizar los resultados
Estas herramientas analizan el ciclo de vida de los productos y la energía que consumimos, su impacto ambiental relacionado con el uso de los recursos naturales y con las emisiones en el suelo, el agua y el aire. Con esto, podemos saber las áreas en las que más contaminamos.
5. Establecer unos objetivos realistas para reducir nuestra huella
Esto puede incluir medidas como usar más transporte público, reducir nuestro consumo energético en el hogar o cambiar nuestra alimentación.
Cómo reducir nuestro impacto en el medio ambiente

Conocer nuestra huella de carbono nos permite tomar conciencia del impacto de nuestras acciones. “Pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia a largo plazo”, dicen desde la Comisión Europea. Estos son algunos ejemplos.
✔️ Cambiar cómo nos movemos
Caminar, usar bicicleta o el transporte público son las opciones más sostenibles. En la medida de lo posible, hay que evitar los transportes más contaminantes: el avión genera 285 g de CO2/km por persona; el coche emite 192 g CO2/km por persona, y el tren, 41 g CO2/km por persona.
✔️ Planificar nuestra alimentación
Comprar productos de temporada y de proximidad reduce la huella del transporte, también lo hace limitar el consumo de carne roja, sobre todo de vacuno. Por cada kilo de esta carne que se produce, se generan unos 27 kg de CO2, mientras que, por cada kilo de lentejas, solo 0,9 kg de CO2.
✔️ Apostar por el consumo responsable
Antes de comprar algún producto, ropa o tecnología sobre todo, debemos preguntarnos si realmente lo necesitamos. Alargar su vida útil, reutilizarlos y, si no los necesitamos, reciclarlos reduce la huella.
✔️ Mejorar la eficiencia energética en el hogar
Iluminar con bombillas LED, apagar dispositivos que no estemos utilizando, así como usar las escaleras y no el ascensor, poner la lavadora y el lavavajillas cuando estén completamente llenos y seleccionar una temperatura baja del agua son algunos gestos que reducen nuestra huella.
✔️ Evitar las soluciones “trampa”
Un estilo de vida con alto consumo no se compensa con el reciclaje, comprar productos “eco” no reduce la huella, si seguimos comprando más de lo necesario, y acciones como plantar árboles son complementarias, ya que no compensan el resto de las emisiones.


