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Un pequeño insecto ha estado a punto de acabar con los milenarios cedros del Líbano

Estos árboles se caracterizan por su resistencia a las altas temperaturas, la humedad y el envejecimiento

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 25 marzo de 2003
Los milenarios cedros del Líbano han estado a punto de desaparecer. Conocidos por su madera resistente a las altas temperaturas, la humedad y el envejecimiento, estos árboles sirvieron a los fenicios para construir sus embarcaciones y a los egipcios sus sarcófagos. Si la tala ha hecho que los bosques de cedros actuales no sean más que los restos del inmenso bosque primitivo que, junto a cipreses, pinos y robles cubría literalmente el Líbano, una plaga de insectos ha estado a punto de rematarlos.

Después de cinco años de trabajos, finalmente se ha logrado contener esta plaga: la "Cephalcia tannourinensis", un sírice de la madera que amenazaba con arrasar la mayor parte de los bosques de cedros del Líbano y avanzar hacia los países colindantes. Gracias a la ayuda técnica de la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO), un grupo de científicos de la Universidad Americana de Beirut, el Ministerio de Agricultura del Líbano y expertos franceses encontraron la forma de combatirlo.

Los científicos descubrieron este sírice en 1998, y observaron que deposita sus huevos en los brotes nuevos del cedro, de los que se alimenta la larva al nacer. Más adelante, las larvas se dejan caer al suelo y se entierran para hibernar. Los árboles infectados quedan más expuestos al ataque de otros insectos y pueden morir por defoliación (caída prematura de las hojas por enfermedad). Para combatir de inmediato este tipo de plagas se recurre a los plaguicidas biológicos. Pero el desconocimiento del ciclo vital del insecto, por ejemplo, cuánto tiempo hiberna bajo tierra antes de salir para reproducirse, hace difícil planificar con anticipación la aplicación del plaguicida, que es más eficaz durante la primera y la última fase del ciclo, cuando el insecto vive fuera de la tierra.

Los expertos realizaron aplicaciones aéreas de plaguicida biológico entre 1999 y 2002, al tiempo que se desarrollaba la investigación minuciosa del ciclo vital de la plaga y de los métodos para atraparla. En este sentido, y aunque pueda parecer rudimentario, resultaron de particular utilidad unas tiras adhesivas amarillas, ya que este color atrae a los insectos, que se quedan pegados al papel.

Uno de los bosques donde actuaron los investigadores es el de Tannourine-Hadath El-Jebbeh, una de las poblaciones de cedros más numerosas del país, con 50.000 ejemplares distribuidos en 600 hectáreas. Antes de poner en marcha el proyecto de lucha contra el insecto, la situación del bosque era crítica porque el 80% de los cedros estaba infectado.

Los científicos todavía necesitan encontrar mucha información sobre el insecto para evitar nuevos brotes. Ahora, estudian la composición de las feromonas, con las que atraen a la pareja para reproducirse, para utilizarlas en las trampas.

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