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Radares en las carreteras

Ubicados en tramos peligrosos, su objetivo es reducir el número de accidentes y de víctimas

Las carreteras españolas contarán en los próximos tres años con 500 nuevos radares fijos. Una cantidad que se unirá a los existentes en la actualidad, cerca de 300, y que pondrá aún más trabas al conductor a la hora de pisar el acelerador. El objetivo es reducir el número de accidentes en los que la velocidad es el factor determinante y obligar a respetar los máximos marcados por la normativa de tráfico. En este sentido, un informe reciente del RACE destaca cómo el 54% de las carreteras con niveles de riesgo elevado presentan excesos de velocidad, es decir, en ellas los conductores circulan a una velocidad por encima de la establecida, con medias de hasta 152 kilómetros por hora en las autopistas. No obstante, cuando la fotografía de un radar capte al conductor, éste puede recurrir la sanción si considera que la velocidad a la que circulaba no era tan excesiva y solicitar el certificado de revisión del radar, ya que en ocasiones éstos no pasan el control anual, o lo hacen fue
ra de fecha, y cabe la posibilidad de que su funcionamiento presente anomalías.

Proceso de denuncia

El mercado actual cuenta con coches más potentes cada día y, sin embargo, la normativa de tráfico es más estricta en cuanto a la velocidad de los automóviles. Y es que la cilindrada de un vehículo no debe estar reñida con la seguridad, tanto del propio conductor como del que viaja en el coche contrario. Móviles o fijos, los radares están diseñados para descubrir a aquellos conductores cuya velocidad al volante supera la establecida por la ley. Y aunque también caben fallos en su funcionamiento, los nuevos radares de tecnología láser son, además de más baratos (con un coste de 24.000 euros frente a los 60.000 de un equipo de microondas), más eficientes.

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En general, el funcionamiento de los radares se basa en un proceso en el que interactúan diversos factores y que tiene como base la emisión de distintas frecuencias. Así, el radar envía primero una señal al vehículo en circulación y recibe, a su vez, otra señal rebotada que, según la diferencia de frecuencia con respecto a la emitida, determina la velocidad a la que circula el automóvil. “Posteriormente -explican desde la Dirección General de Tráfico-, el equipo instalado obtiene una fotografía a la que se añaden los datos sobre la carretera, punto kilométrico, datos identificativos del radar, velocidad a la que circulaba, fecha y hora”. Una completa información con la que se configura un fichero informático que es enviado telemáticamente al Centro de Gestión de Tráfico correspondiente, donde, también por un sistema informático, se consulta la base de datos de propietarios de vehículos y se obtiene la identidad del titular del mismo, lo que da comienzo al
procedimiento sancionador.

No obstante, cuando se localizan varios vehículos en la carretera y dentro del ángulo de captación del radar, éste suele tener problemas para diferenciar cuál es el automóvil que viaja a una mayor velocidad, por lo que es habitual que anule automáticamente la fotografía sancionadora, si bien el conductor deberá ser consciente de esta posibilidad cuando reciba en su casa la multa, junto con la fotografía y demás datos, ya que, en realidad, el vehículo sancionado podría no ser el suyo. Asimismo, el titular del coche multado deberá aclarar si era él mismo u otro quien conducía el automóvil en el momento de sobrepasar los límites de velocidad establecidos. Será entonces cuando, una vez identificado el infractor, éste recibirá la notificación de la denuncia y podrá optar por abonar el importar de la sanción o formular las alegaciones que estime oportunas.

En cualquier caso, lo mejor es respetar los límites de velocidad marcados y recordar que los radares suelen estar colocados en las estructuras existentes en las carreteras, como los pórticos de señalización, o en los márgenes de las vías, en cabinas blindadas, aunque también existen radares móviles colocados en vehículos policiales y sin una ubicación fija. “Los puntos en los que se han colocado los radares han sido elegidos por las autoridades competentes con el criterio que se considera más adecuado”, indica la Directora Técnica de la Asociación Española de la Carretera, Elena de la Peña.

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