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Pobreza visual: un drama contra el que no cabe hacer la vista gorda

Más de seis millones de personas podrían necesitar gafas, pero su situación económica les impide hacer frente al gasto

qué es la pobreza visual Imagen: Pixabay

En los últimos tiempos, al compás del encarecimiento de la energía eléctrica, hemos escuchado la expresión “pobreza energética”. Pero hay otras modalidades de pobreza igual de lacerantes y menos conocidas. Puede sorprender en pleno siglo XXI que exista en España la pobreza visual. Sin embargo, es una realidad según el ‘Libro Blanco de la Visión. Edición especial covid-19’, presentado en fechas recientes. Los autores piden al Gobierno poner en marcha ayudas para la compra de equipamientos ópticos, como el Bonus Vista que funciona en Italia, con el fin de evitar esta situación que afecta al bienestar de un amplio segmento de población.

 

Un problema que afecta a los más mayores

El ‘Libro Blanco de la Visión. Edición especial covid-19’, editado por la Federación Española de Asociaciones del Sector Óptico (FEDAO) y la asociación de utilidad pública Visión y Vida, subraya el alto impacto de la pandemia en la salud óptica del país.

En concreto, los especialistas sostienen que en la franja poblacional de mayores de 85 años, en la que por lógica el 100 % de las personas requerirían equipamientos ópticos, la cifra de uso de gafas y lentillas solo alcanza al 77,5 % de la población. La cifra contrasta con el 87,9 % que utiliza gafas o lentillas entre los 65 y los 84 años.

¿Qué está pasando?

Los profesionales del sector se plantean si estos datos nos hablan de falta de revisión o de seguimiento para que estas personas reciban asesoramiento óptico sobre cómo dar respuesta a sus necesidades o si, por el contrario, estamos ante la ya conocida como pobreza visual, la imposibilidad de adquirir los equipamientos ópticos necesarios para cubrir las necesidades visuales debido a un problema económico. Y más bien se trata de esto último.

La pobreza visual ya comenzó a asomar con la crisis financiera de 2008 y vuelve ahora a repuntar. Aquel desplome económico que se extendió hasta 2013 redujo las visitas al óptico-optometrista en un 25 %.

Los especialistas consideran que, en España, más de seis millones de personas necesitan gafas o lentillas para sus quehaceres diarios. Y muchos de los afectados no pueden hacer frente al coste que ello supone.

En Italia se vive una situación parecida, pero el Gobierno transalpino ha aprobado el llamado Bonus Vista, dotado con 15 millones de euros en tres años, que se traduce en una ayuda de bonos de 50 euros para la compra de gafas para personas con renta inferior a 15.000 euros anuales. El plan beneficiará a unos 100.000 de sus ciudadanos al año.

En este contexto, la asociación Visión y Vida reclama al Gobierno español introducir en su Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia un sistema de ayudas similar para las rentas más bajas.

Los efectos de la pandemia en la vista

Según los impulsores del libro, durante la crisis sanitaria el 57 % de los ciudadanos ha experimentado un empeoramiento de su visión al estar obligados a permanecer más tiempo en espacios de interior y al forzar su campo de visión próxima. El 91,4 % de los encuestados ha usado mucho más tiempo pantallas de lo que era habitual. El 66,3 %  afirma, de hecho, que el doble de tiempo del que solían invertir.

A esta realidad se superpone otra: la población no está cuidando su salud visual de manera preventiva. Un 70 % de la población aseguró que, tras terminar el estado de alarma, se revisaría la vista. Pero este propósito solo lo ha llevado a cabo un 18,2 %.

Por si fuera poco, el cuidado de la visión infantil sigue relegado a un segundo plano. Según datos de octubre de 2020, solo una de cada cuatro familias realizó una revisión visual a sus hijos para preparar la “vuelta al cole” y comprobar si el sistema visual se había dañado durante el confinamiento.

No mucho mejor es la situación entre la juventud, pues según los datos de Visión y Vida, más de 6 de cada 10 jóvenes ya es miope.

Y en la etapa adulta, los conductores con peor visión tienen tres veces más accidentes que el resto: más de siete millones de conductores sufren problemas visuales y en torno a 600.000 no deberían sentarse frente al volante.

Con estos datos en la mano, el sector reclama un Plan Nacional de Salud Visual con la implicación de agentes estatales, autonómicos y locales que permitan monitorizar el estado de la visión de cada ciudadano desde el momento de su nacimiento hasta sus últimos días.

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