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Cómo prevenir el golpe de calor

El riesgo de sufrir un golpe de calor es muy elevado cuando la exposición a las altas temperaturas se prolonga

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: lunes 14 agosto de 2017

En verano, sobre todo cuando las temperaturas son muy elevadas, el calor puede convertirse en un riesgo para la salud. Cuando coinciden temperaturas extremas y exceso de calor, se produce en el organismo una pérdida de líquidos y de sales minerales y, si la exposición se prolonga, el riesgo de sufrir un golpe de calor es muy elevado. Este artículo explica cuáles son los síntomas de un golpe de calor, quiénes son más vulnerables a padecerlo y cómo actuar frente a este problema de salud. Además, se dan varias pautas para saber qué hacer ante una ola de calor.

Imagen: Tsomkaigor

El golpe de calor y los síntomas

El golpe de calor se produce cuando aumenta la temperatura del cuerpo, bien por una exposición prolongada al sol (insolación) o por hacer ejercicio en ambientes calurosos o con poca ventilación. Cuando esto ocurre, el cuerpo es incapaz de regular su propia temperatura -ya no funcionan los mecanismos de refrigeración que son el sudor y la respiración- y llega a una situación de desajuste térmico que se traduce en un incremento brusco y sostenido de la temperatura interna.

Los principales síntomas son: sudor intenso (que cesa después); sed intensa y sequedad en la boca; mareos, confusión y desorientación; piel seca; agotamiento y cansancio; vértigo, calambres musculares; dolor de estómago y falta de apetito; dolor de cabeza; y agitación. Los bebés también sufren irritabilidad (llanto inconsolable) y piel irritada por el sudor en áreas del cuerpo como el cuello, axilas, pliegues del codo y la zona del pañal.

En la mayoría de los casos, estas señales suelen ser leves y es habitual que aparezcan calambres. Cuando los trastornos son más graves puede producirse un fallo en los mecanismos cardiocirculatorios de adaptación al calor. En este caso aparecen síntomas como debilidad, cansancio, dolor de cabeza, mareo, náuseas y vómitos. La temperatura se mantiene normal o un poco elevada. Cuando el golpe de calor es grave puede producirse un fallo multiorgánico. En este caso es vital llevar al paciente a un centro hospitalario porque el riesgo de mortalidad es elevada, como también lo son las secuelas neurológicas. Durante el traslado, pueden aplicarse compresas de agua fría y dar de beber pequeños sorbos de agua.

Los más vulnerables a los golpes de calor

Si bien cualquier persona puede sufrir un golpe de calor, según la Agencia de Salud Pública de Cataluña, hay ciertos grupos de población con mayor riesgo:

  • Personas mayores, especialmente de más de 75 años.
  • Lactantes y niños menores de cuatro años.
  • Personas con enfermedades crónicas (cardíacas, renales o neurológicas).
  • Personas que toman medicamentos que actúan sobre el sistema nervioso central, como ansiolíticos y antidepresivos, y diuréticos.
  • Personas con circunstancias sociales específicas, como situaciones de pobreza, consumo de drogas o alcohol.
  • Personas con discapacidades físicas o psíquicas con limitaciones para la movilidad y para cuidarse.
También hay ciertas actividades consideradas de mayor riesgo, como los trabajadores que están expuestos a ambientes calurosos o las personas que realizan una actividad física intensa. De entre los factores ambientales que más predisponen están sobre todo la contaminación ambiental, un ambiente muy urbanizado o la ausencia de climatización o casas difíciles de refrigerar.

Un golpe de calor llega precedido por un aumento de la temperatura corporal y por un deterioro progresivo de la conciencia. Además, la persona deja de sudar y tiene la piel seca, lo que significa que su sistema de refrigeración empieza a no funcionar de forma adecuada. Cuando esto ocurre, se debe llevar a la persona a un lugar con sombra, lejos de los rayos de sol; si es posible, bañarle con agua tibia, entre los 15 ºC y los 20 ºC; darle de beber si está consciente; y, por último, llamar a los servicios de emergencia.

Qué hacer ante una ola de calor

Cuando las temperaturas son excesivamente elevadas, deben extremarse las medidas de prevención para evitar problemas como la deshidratación o el golpe de calor. Para ello, es fundamental tener en cuenta las siguientes pautas:

  • En casa, cerrar las persianas en las horas de más sol y usar ventiladores o aire acondicionado. Refrescarse con duchas o toallas mojadas con agua.
  • En la calle, usar gorra, gafas de sol y protector solar, así como ropa ligera de colores claros que no sea ajustada.
  • Beber agua de manera regular, aunque no se tenga sed, y evitar las bebidas alcohólicas y las azucaradas.
  • Mojarse la cara y las prendas de vestir.
  • Reducir la actividad física en las horas centrales del día.
  • Evitar hacer trayectos en coche durante las horas de más calor y nunca dejar dentro del vehículo niños o cualquier otra persona.
  • Evitar las comidas copiosas y muy calientes.

Etiquetas:

calor insolación verano

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