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Farmacias y herbolarios se disputan las plantas medicinales ante su próxima regulación

La UE prepara una normativa para que sigan las mismas normas y controles que los fármacos

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  • Fecha de publicación: lunes 30 diciembre de 2002
"Los principios activos de las plantas medicinales pueden encontrarse presentes en el total de la especie (caso de las algas) o bien en distintos órganos o partes del vegetal. En el ginkgo, senes y melisa, se encuentran en las hojas; en el sauce, en la corteza; en la equinácea, en la raíz; en el mirtilo y el anís, en el fruto, por citar algunos ejemplos", señala Concepción Navarro, catedrática de Farmacología de la Universidad de Granada y presidenta del Centro de Investigación sobre Fitoterapia (Infito).

Son estas virtudes terapéuticas las que las convierten ahora en objeto de discusión. La Unión Europea (UE) prepara una Directiva, que debería ver la luz el año próximo, y cuyo punto de partida es que las plantas medicinales deben ser consideradas como medicamentos y, por tanto, seguir las mismas normas y controles que éstos.

Esta premisa trazará necesariamente una línea fronteriza entre los "medicamentos tradicionales a base de plantas" (fitofármacos), que sólo podrán dispensar las farmacias, y las especies vegetales que puedan adquirirse en un herbolario.

"En Europa no es una norma especialmente polémica; en España, sí. España tiene una larga tradición de consumir hierbas medicinales, que siempre han tenido el "privilegio" de comercio libre -y así queda recogido en una norma de 1973-, mientras que los medicamentos tienen su venta restringida a las oficinas de farmacia", explica Diego Martínez, adjunto de la dirección de la Agencia Española del Medicamento y responsable de la elaboración de la norma española.

Esta norma está pendiente de aprobación desde la Ley del Medicamento de 1990, que ordenaba su elaboración en dos años y admitía la venta libre de plantas medicinales tradicionales, siempre y cuando no se ofrecieran con finalidad terapéutica.

Se elaboraron varios borradores que no salieron adelante por diversos problemas. Y el que ahora se está preparando, al coincidir con la iniciativa europea, también debe esperar. "Lo que tendrá que dilucidar la Agencia Española del Medicamento es qué plantas seguirán vendiéndose libremente, y bajo qué preparaciones, y cuáles sólo podrán dispensarse en oficinas de farmacia", continúa Diego Martínez.

Ahora, el primer grupo "se vende sin indicaciones, con la sola mención de su forma de utilización, y teóricamente no deben ofrecer dudas en cuanto a su seguridad. Aparte, existen los medicamentos de plantas medicinales, de distribución en oficinas de farmacia y con un registro sanitario que especifica indicaciones, contraindicaciones, efectos secundarios, interacciones y posología", indica María José Alonso, vocal de Plantas Medicinales del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona. Pero el mercado se ha desordenado, dice, "como se ha podido comprobar por la retirada de numerosos productos de plantas medicinales de carácter ilegal que ha llevado a cabo el Ministerio de Sanidad y Consumo" en el año que termina.

Todos los expertos relacionados con este sector (farmacéuticos, médicos, fabricantes, naturópatas, herbolarios y tiendas naturales) coinciden en que la regulación es necesaria, pero discrepan del camino que debe seguir.

A esta divergencia no es ajena la confrontación de intereses en un sector que está creciendo en los últimos años. La fitoterapia recupera adeptos entre los consumidores e interés entre los científicos: tan sólo el pasado año cuatro plantas medicinales (soja, té verde, hipérico y ginkgo biloba) han acumulado más de 400 estudios en revistas científicas, apuntan desde el Infito. ¿Y la demanda? El 70% de los españoles ha utilizado en algún momento las plantas medicinales para aliviar un trastorno, y el 30% lo hace habitualmente, según los datos difundidos en septiembre pasado durante el Congreso Anual de la Sociedad de Investigación en Plantas Medicinales.

Unas trescientas especies formarían parte de nuestro acervo fitoterápico. Las que más se venden son laxantes, adelgazantes, inductores del sueño, tónicos, relajantes y digestivos, según datos de la consultora AC Nielsen. El 65% de esas ventas se realizan a través de herbolarios, tiendas de productos naturales y establecimientos similares, y el 35% en las oficinas de farmacia. Justo al contrario que en Alemania y Francia (los países europeos más aficionados a la fitoterapia), en los que esta proporción se invierte.

"Cuando esto no era importante nadie se preocupaba. En ese borrador figuran plantas que tradicionalmente se han vendido en los herbolarios. Por ejemplo, el sen (del que se usan las hojas y las flores) y la cáscara sagrada (de la que se emplea la corteza), que son de tipo laxante, llevan años usándose y nunca ha habido ningún problema. Si van a venderse sólo en farmacias tendrá que ser con receta médica; si no, sólo habremos transferido las ganancias de un sector a otro", objeta Jaume Garrit, naturópata y vicepresidente de la Asociación Española de Dietética y Herbolarios (Aedher). "Nosotros pedimos que se regulen las plantas medicinales y la naturopatía, pero no sólo desde el punto de vista de las ventas, sino de la formación, de los estudios reglados".

Las plantas medicinales están especialmente indicadas para trastornos leves o moderados y crónicos (actúan más lentamente, pero también sus efectos secundarios son menores, lo que permite emplearlas por largo tiempo). "Nunca han de considerarse sustitutas de un tratamiento farmacológico. Y tampoco el hecho de ser naturales las hace absolutamente inocuas", advierte Garrit.

"Las drogas vegetales y derivados suelen presentar un margen terapéutico amplio, pero no están exentas de posibles efectos adversos, interacciones y contraindicaciones", añade Salvador Cañigueral, presidente de la Sociedad Española de Fitoterapia. Por eso, en su opinión deben contar con estrictos controles de calidad e ir acompañadas de sus indicaciones como cualquier fármaco.

Concepción Navarro enumera algunos ejemplos: el consumo no controlado de ginseng puede producir un aumento de la presión arterial, el mismo efecto que pueden provocar dosis excesivas de regaliz. Los senes, de acción laxante y que aparecen con demasiada frecuencia en preparados destinados a combatir el sobrepeso, pueden dar lugar, en uso prolongado a alteraciones en la mucosa intestinal. Los preparados elaborados con corteza de sauce o con reina de los prados (con derivados salicílicos) están contraindicados en personas con gastritis o con úlcera gástrica.

El hipérico, de demostrada eficacia en el tratamiento de depresiones leves y moderadas, interactúa con otros fármacos, entre los que se encuentran los anticonceptivos y los antirretrovirales. "Hemos de tener en cuenta -comenta Navarro- que las plantas medicinales deben ser consideradas como medicamentos, puesto que están dotadas de actividad farmacológica y su objeto es corregir una disfunción en nuestro organismo o minimizar la molestia de determinada sintomatología. Por tanto, habrán de utilizarse de una forma racional, contando en todo caso con una correcta información facilitada por personas con una adecuada formación en el medicamento".

Para Camil Rodiño, secretario de la Asociación Española de Fabricantes de Preparados Alimenticios Especiales, Dietéticos y Plantas Medicinales (Afepadi), la clave para resolver la polémica es la dosificación. "Hay que separar conceptos, porque la Ley del Medicamento da una definición tan amplia de medicamento que, partiendo de esta base, hasta un plátano podría ser considerado como un medicamento por su contenido en potasio", argumenta. "No se debe contemplar el producto aisladamente, sino asociado a una dosificación concreta. La manzanilla, por ejemplo, es un gran digestivo, pero en dosis altas es también un vomitivo. Cualquier planta es inocua si se utiliza bien, pero puede representar algún problema en dosis elevadas. Por eso, a partir de ciertas dosis debería considerarse medicamento y, por debajo de ellas, preparado alimenticio", concluye Rodiño.

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