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Hipocondría: “el enfermo eterno”

Una de cada cien personas en el mundo padece esta enfermedad

¿Quién no tiene un pariente, un amigo o un conocido que continuamente se lamenta de las enfermedades que cree sufrir? A menudo se tilda a estas personas de quejicas y su entorno más cercano, como familiares y amigos, considera que la única razón de los habituales lamentos es conseguir ser el centro de atención. Sin embargo, en muchas ocasiones, se enfrentan sin saberlo y sin hallar la comprensión de quienes les rodean a una enfermedad crónica y de difícil solución: la hipocondría.

Cómo se diagnostica

Los especialistas definen la hipocondría como la preocupación excesiva que una persona siente por su propia salud, una inquietud fuera de lo normal por padecer enfermedades que no se tienen, o por magnificar las ya existentes. Angustia, depresión y abandono de actividades habituales para dedicarse al cuidado de uno mismo son algunos de sus efectos.

Para diagnosticar esta enfermedad, según el CIE 10 (Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud, publicado en 1992), el paciente debe de estar convencido de padecer como máximo dos enfermedades graves y que al menos conozca el nombre y la sintomatología de una de ellas. Para descartar otros males físicos o psíquicos, se mantiene al paciente en observación -con controles periódicos- durante seis meses.

El doctor José Antonio García Higuera, del Centro de Psicología Clínica de Madrid, recuerda que en Estados Unidos entre el 4% y el 9% de los pacientes que acuden al hospital lo hacen debido a síntomas hipocondríacos. Amaia Bakaikoa, psicóloga clínica y sexóloga, estima que alrededor del 1% de la población mundial padece esta enfermedad.

Mónica Elorza Motriz, psicóloga de AM&EM Asociados, enumera las pautas en las que se basan los especialistas para diagnosticar hipocondría:

  • Preocupación y miedo a tener, o la convicción de padecer, una enfermedad grave a partir de la interpretación personal de síntomas somáticos.


  • Preocupación persistente a pesar de las exploraciones y explicaciones médicas apropiadas.


  • La preocupación puede llegar a provocar un gran malestar o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.


  • La duración del trastorno es de al menos 6 meses.


  • La preocupación no se explica mejor por la presencia de trastorno de ansiedad generalizada, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno de angustia, episodio depresivo mayor, etc.

Detonantes


Las causas que pueden producir el desarrollo de la hipocondría, según la psicóloga Mónica Elorza, son las siguientes:

  • Educación basada en el miedo o la protección excesiva.
  • Experiencias traumáticas relacionadas con la enfermedad o la muerte.
  • Interpretación incorrecta de síntomas.
  • Proceso de la historia del aprendizaje: “se pone” enfermo para despertar la atención de los demás.
  • Haber padecido enfermedades durante la infancia.
  • Recibir información alarmante sobre enfermedades.

Las enfermedades graves, particularmente en la infancia, y los antecedentes de alguna enfermedad en miembros de la familia se asocian a la aparición de la hipocondría. Se cree que las situaciones de estrés psico-social, sobre todo la muerte de alguna persona cercana, pueden precipitar la aparición de este trastorno.
También influye la convivencia o cercanía de un enfermo de este tipo. La negatividad del hipocondríaco y su metodología para interpretar los síntomas corporales resultan ser “contagiosos”.

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