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Aumento de labios

La propia grasa del paciente sirve para obtener el volumen deseado

Materiales utilizados

Con cada año cumplido, el aspecto físico es testigo del paso del tiempo. Los cambios en el rostro son cada vez más acentuados y el labio comienza a perder grosor, rodeado de arrugas que ganan en profundidad. Es sobre todo a partir de los cuarenta años cuando las personas perciben más claramente estas alteraciones y surge el interés por la mejora estética.

Devolver a los labios su forma y dejar atrás el efecto plano es tarea de los cirujanos plásticos, aunque hay que asegurarse de que éstos cuentan con los correspondientes títulos y permisos sanitarios para realizar la intervención. Respecto a los materiales de relleno, en la actualidad existen multitud de ellos pero no todos son adecuados. Así, pueden dividirse en dos grupos: los permanentes y los temporales.

En el grupo de los primeros se incluyen aquellos cuyo efecto perdura en el tiempo, por lo que hay que estar muy seguro del paso que se va a dar: el implante queda en el organismo, integrándose en él, y no desaparece. Entre los más empleados se encuentran el Aquamid, el Dermalive y el Bio-Alcamid lips, obtenidos en laboratorio mediante la mezcla de preparados acrílicos.

Por otro lado, si el paciente desea que el volumen del labio dure un determinado periodo de tiempo, el cirujano puede recurrir a materiales reabsorbibles como el ácido hialurónico -también utilizado para corregir arrugas finas y superficiales- y el colágeno – para arrugas más marcadas-, que son absorbidos por el organismo de manera progresiva, con lo que al cabo de un tiempo el relleno o perfilado conseguido en la intervención desaparece. Este tipo de material es también recomendable para personas que no están seguras de dar el paso definitivo: pueden probar cómo les quedaría el relleno, y si se sienten a gusto con el resultado obtenido, se sentirán más seguras al someterse a la intervención con el material permanente.

Otro ‘material’ utilizado en el tratamiento de aumento de labios es la propia grasa del paciente que, una vez extraída por liposucción, es procesada, purificada y, por último, inyectada en el labio. “Una alternativa muy efectiva que carece de algunos de los potenciales efectos secundarios que presentan los materiales sintéticos”, matiza el cirujano plástico Juan Monreal.

En cuanto a la silicona, muy utilizada como prótesis en el aumento de pecho, el Ministerio de Sanidad y Consumo prohibió su uso en forma de aceite al comprobar sus efectos perniciosos en el organismo, puesto que, según explica el presidente de la Asociación Española de Cirugía Estética y Plástica (AECEP), Cristino Suárez, “mientras en cualquiera de los casos el material inyectado se puede retirar con una pequeña incisión, en el caso del aceite de silicona es totalmente imposible”.
“El aceite se mezcla con las estructuras formando un todo, como si echáramos aceite en una esponja. Se han dado situaciones en las que ha sido necesario extirpar parte del labio porque la reacción de la silicona había sido muy agresiva”, advierte.

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