Aumento de labios

La propia grasa del paciente sirve para obtener el volumen deseado
Por Azucena García 10 de marzo de 2005

Tradicionalmente, el tratamiento de aumento de labios ha estado asociado al uso de la silicona. Un material que, si bien sirve para otro tipo de implantes, en el caso de esta intervención está terminantemente prohibido por el Ministerio de Sanidad y Consumo. El aumento de labios no se realiza mediante una operación propiamente dicha, sino a través de una inyección del material elegido, según los intereses del paciente o el dinero que esté dispuesto a gastar. En su mayoría, son las mujeres a partir de cuarenta años quienes optan mayoritariamente por este tratamiento que permite eliminar las arrugas que rodean al labio y recuperar parte de su juventud por un precio que oscila entre los 500 y los 1.800 euros.

Materiales utilizados

Con cada año cumplido, el aspecto físico es testigo del paso del tiempo. Los cambios en el rostro son cada vez más acentuados y el labio comienza a perder grosor, rodeado de arrugas que ganan en profundidad. Es sobre todo a partir de los cuarenta años cuando las personas perciben más claramente estas alteraciones y surge el interés por la mejora estética.

Devolver a los labios su forma y dejar atrás el efecto plano es tarea de los cirujanos plásticos, aunque hay que asegurarse de que éstos cuentan con los correspondientes títulos y permisos sanitarios para realizar la intervención. Respecto a los materiales de relleno, en la actualidad existen multitud de ellos pero no todos son adecuados. Así, pueden dividirse en dos grupos: los permanentes y los temporales.

En el grupo de los primeros se incluyen aquellos cuyo efecto perdura en el tiempo, por lo que hay que estar muy seguro del paso que se va a dar: el implante queda en el organismo, integrándose en él, y no desaparece. Entre los más empleados se encuentran el Aquamid, el Dermalive y el Bio-Alcamid lips, obtenidos en laboratorio mediante la mezcla de preparados acrílicos.

Por otro lado, si el paciente desea que el volumen del labio dure un determinado periodo de tiempo, el cirujano puede recurrir a materiales reabsorbibles como el ácido hialurónico -también utilizado para corregir arrugas finas y superficiales- y el colágeno – para arrugas más marcadas-, que son absorbidos por el organismo de manera progresiva, con lo que al cabo de un tiempo el relleno o perfilado conseguido en la intervención desaparece. Este tipo de material es también recomendable para personas que no están seguras de dar el paso definitivo: pueden probar cómo les quedaría el relleno, y si se sienten a gusto con el resultado obtenido, se sentirán más seguras al someterse a la intervención con el material permanente.

Otro ‘material’ utilizado en el tratamiento de aumento de labios es la propia grasa del paciente que, una vez extraída por liposucción, es procesada, purificada y, por último, inyectada en el labio. “Una alternativa muy efectiva que carece de algunos de los potenciales efectos secundarios que presentan los materiales sintéticos”, matiza el cirujano plástico Juan Monreal.

En cuanto a la silicona, muy utilizada como prótesis en el aumento de pecho, el Ministerio de Sanidad y Consumo prohibió su uso en forma de aceite al comprobar sus efectos perniciosos en el organismo, puesto que, según explica el presidente de la Asociación Española de Cirugía Estética y Plástica (AECEP), Cristino Suárez, “mientras en cualquiera de los casos el material inyectado se puede retirar con una pequeña incisión, en el caso del aceite de silicona es totalmente imposible”. “El aceite se mezcla con las estructuras formando un todo, como si echáramos aceite en una esponja. Se han dado situaciones en las que ha sido necesario extirpar parte del labio porque la reacción de la silicona había sido muy agresiva”, advierte.

Precauciones y tratamiento

Dependiendo del material (permanente o reabsorbible), el coste de la intervención puede oscilar entre los 500 y los 1.800 euros. Una cifra que también varía en función del prestigio del cirujano y en la que se incluye la posibilidad de tener que someterse a posteriores retoques hasta conseguir el resultado deseado. “La moderación -aconseja el doctor Monreal- debe presidir estos procedimientos”.

En este sentido, el presidente de la AECEP considera más acertado realizar el tratamiento en dos tiempos, de manera que “en un primer tiempo se inyecta la cantidad acordada con el paciente y, una semana o diez días después, se realiza una consulta y los retoques que se crean necesarios. Casi siempre el paciente quiere un poco más de lo acordado”.

Sin embargo, las precauciones deben ser siempre las máximas. Antes de someterse al tratamiento, el paciente, “que debe estar totalmente sano”, precisa Suárez, tiene que asegurarse de no estar consumiendo ningún tipo de medicación anticoagulante -incluidas las aspirinas o el ácido acetil salicílico-, ya que es habitual que tras el tratamiento se formen hematomas en los labios. En estos casos, se debe suprimir la medicación, también la de aspirina, unos cinco días antes de la infiltración.

Posteriormente, hay que cerciorarse de que el producto que se va utilizar está autorizado y no ha sido mezclado con otros para abaratar el coste, mientras que el médico debe realizar una historia clínica rigurosa para descartar problemas de alergia -salvo en el caso del colágeno, los materiales actuales no requieren test de alergia previo- e indagar sobre si el paciente tiene implantes anteriores.

“Concluido el informe, es importante que el cirujano que va a realizar la intervención sepa exactamente qué es lo que el paciente quiere obtener y que le explique la técnica, los diferentes tratamientos y las posibles complicaciones que existen”, aclara Paloma Tejero, vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME).

En cuanto al relleno o perfilado de los labios, que puede realizarse con anestesia local para que el paciente no note absolutamente nada de dolor, requiere determinar primero la zona de los labios que se va a tratar, para proceder más adelante al tratamiento elegido, que puede ser, según el presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica y Reparadora, José Manuel Pérez-Macías:

  • Intervención o queiloplastia, que se hace un avance de la mucosa labial desde la parte interna hacia la externa dando una apariencia de labio más ancho y dejando una cicatriz oculta dentro de la boca.
  • Lipofiling o introducción de la propia grasa del paciente en el labio.
  • Introducción de material permanente como el Gore-tex, mediante pequeñas incisiones en el labio.
  • Infiltración del material elegido, presentado en forma de jeringa con aguja muy fina, precargada y estéril, que se abre en el momento de su utilización, y cuyo tratamiento apenas dura 30 minutos.

“En general, son unas infiltraciones muy sencillas con las que muchas veces se intenta reemplazar sustancias como el ácido hialurónico, que se encuentran de manera natural en la epidermis pero que se han ido deteriorando por factores fisiológicos, como el irremediable paso del tiempo, y otros externos como el abuso de exposición solar, tabaco o alcohol”, describe el director del Área de Medicina Estética de Corporación Dermoestética, Fernando Blanco. “Una de sus principales ventajas -prosigue- es que el paciente puede reincorporarse casi de inmediato a su vida social, apreciándose una mejoría notable en su imagen sin que sea evidente el tratamiento y quedando un aspecto muy natural”.

Efectos secundarios

Durante los días siguientes al tratamiento, la zona afectada presenta cierta inflamación y rojez y, además, determinados materiales permanentes pueden aglutinarse y formar nódulos. Es importante, por ello, que el médico realice masajes en el área de la infiltración para evitar estos nódulos, tomar antiinflamatorios en los tres días siguientes e hidratar muy bien los labios con algún producto específico o vaselina. “En las primeras horas hay que evitar tocar el área tratada, no exponerse a calor o frío intenso hasta que la inflamación haya desaparecido y no tomar aspirina o fármacos similares, puesto que aumentan el riesgo de hematoma. Por último, debe fijarse una fecha para la siguiente consulta de revisión”, detalla la doctora Tejero.

En cuanto a las posibles complicaciones, los facultativos coinciden en afirmar que “la técnica de la infiltración es muy segura si se usa el material adecuado de una manera correcta”, por lo que, añade Tejero, “las complicaciones son muy raras”. No obstante, hay que tener en cuenta que como consecuencia del tratamiento pueden aparecer molestias leves o transitorias, “además de alguna infección a las sustancias que se introducen”, puntualiza Pérez-Macías. También hay que recordar que la mayoría de las consecuencias negativas por error o negligencia profesional están relacionadas con intervenciones en las mamas, el abdomen y el rostro.

“La infección es rara si se siguen las normas de asepsia en su colocación -asegura Tejero-, aunque como efecto secundario o complicación el eritema (nódulo) puede persistir, volverse duro o formarse granulomas e incluso en algunas ocasiones, el material infiltrado puede emigrar a zonas fuera de los labios”. La mayoría de las veces, este tipo de complicaciones están relacionadas con los materiales permanentes, que pueden acabar siendo retirados si las molestias son persistentes “o si los resultados no son plenamente satisfactorios”, apostilla el doctor Blanco.

En este último caso también cabe la posibilidad de repetir la operación unos días después del tratamiento dependiendo del material utilizado. “En el caso de los rellenos reabsorbibles, hay que tener en cuenta que el volumen conseguido suele perderse unos meses después, por lo que es muy probable que el paciente quiera repetir el tratamiento una vez pasado el efecto”, recuerda Fernando Blanco.

Otros consejos

Pese a que la intervención puede repetirse varias veces hasta conseguir el volumen deseado o centrarla en una zona determinada del labio (el contorno o el labio superior, por ejemplo), según el interés del paciente, el coste del tratamiento y el hecho de que haya que acudir a un cirujano privado -la Sanidad Pública sólo realiza este tipo de tratamientos en el caso de hundimientos o pérdidas de sustancia, entre otros- son las objeciones principales que algunas personas esgrimen para no someterse a una infiltración.

Para quienes duden o prefieran no someterse a ese tratamiento, el maquillaje y nuevas cremas con efecto volumen, basadas en una mayor hidratación de los labios, resultan muy prácticas y accesibles, si bien éstas últimas no sustituyen a ningún material de relleno y su efecto es puramente transitorio. “Pueden ser un tratamiento complementario si la persona sólo quiere conseguir el efecto de un labio con apariencia más hidratada y ligero volumen”, recalca Paloma Tejero desde la SEME.

Respecto al maquillaje, el buen uso de los lápices, barras y brillos de labios puede solucionar más de un problema, sobre todo a las mujeres. Así, ante unos labios caídos, resulta muy práctico dibujar una sonrisa más ‘subida’ con ayuda de un lápiz de color, mientras que los labios delgados obtienen un mayor volumen dibujando el contorno con un lápiz por la línea de fuera.

El uso de brillos o barras con brillo incorporado son muy eficaces también para potenciar el efecto volumen, así como unos labios muy bien hidratados, que favorecen una imagen más carnosa. En el caso contrario, quienes deseen camuflar unos labios excesivamente voluminosos, deben recurrir a colores mate o matizar el color de las barras con la aplicación de polvos sueltos.