Entrevista

Roberto Ferrari, presidente de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC)

Los ensayos clínicos son el motor de la medicina
Por Jordi Montaner 7 de octubre de 2008
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Imagen: CONSUMER EROSKI

Catedrático de cardiología en la Universidad de Ferrara (Italia), el profesor Roberto Ferrari sucede al británico Kim Fox al frente de los cardiólogos europeos con la intención de homologar la calidad de la atención cardiovascular en todas las regiones de Europa. Todo ello sin perder de vista las investigaciones llevadas a cabo por el “Gruppo Italiano per lo Studio della Sopravvivenza nell’Infarto Miocardico” (GISSI), que, con orgullo, califica como “el esfuerzo metodológico de mayor prestigio en cardiología durante los últimos 20 años”.

El presidente saliente, Fox, y usted son viejos conocidos.

Nos conocimos hace ahora muchos años, cuando inicié una etapa de formación en el Royal Brompton Hospital (Reino Unido). Entonces mi inglés no era demasiado bueno, y me relegaron al laboratorio para estudiar conejos… Fox explica ahora que la decisión se tomó “porque los conejos eran italianos” [ríe]. Ambos hemos tomado parte en importantes proyectos en el seno de la ESC y compartimos una misma visión de futuro.

En su toma de posesión ha enarbolado la bandera del GISSI, que en cierta forma resume la aportación de un país como Italia al conocimiento de las enfermedades del corazón.

Durante las dos últimas décadas, el GISSI ha producido una serie de grandes ensayos clínicos sobre una población de más de 60.000 pacientes con infarto de miocardio. El GISSI 1 demostró en su día que el tratamiento trombolítico reduce la mortalidad con posterioridad a un infarto de miocardio. Los GISSI 2 y 3 dilucidaron qué tratamientos trombolíticos se mostraban más eficaces al respecto; el GISSI 3, además, fue el primero en demostrar que el tratamiento precoz con un inhibidor de la enzima de conversión de la angiotensina (IECA) mejora la supervivencia postinfarto. Y, por último, el GISSI-Prevenzione ha aclarado la eficacia de los ácidos grasos omega-3 y la vitamina E que, añadidos al tratamiento anticolesterolemiante (estatinas), reducen en un 20% la mortalidad de pacientes previamente infartados.

¿Y en qué se traducen estos hallazgos?

Por ejemplo, en que la mortalidad intrahospitalaria por infarto de miocardio haya disminuido un 30% en los últimos 20 años.

Los ácidos grasos omega-3, joya de la corona de la alimentación funcional, llevan años reivindicando su bondad cardiovascular.

Un tratamiento de tres años con bajas dosis de ácidos grasos omega-3 reduciría en un 20% la mortalidad de individuos diagnosticados de infarto de miocardio

Pero nunca antes se había concretado su beneficio con el rigor metodológico con que lo ha hecho ahora el GISSI-Prevenzione. En este ensayo se hizo patente que un tratamiento de tres años ininterrumpidos con bajas dosis de ácidos grasos omega-3 reduce en un 20% la mortalidad de individuos diagnosticados de infarto de miocardio (el tratamiento se inició a los tres meses del diagnóstico). Un análisis posterior descubrió, por otra parte, que la causa de muerte que más se había beneficiado de estos ácidos grasos (con menor número de muertos) fue la muerte súbita cardiaca.

¿Qué conclusiones se desprenden de los resultados obtenidos?

Puede que los ácidos grasos omega-3 ejerzan efectos antiarrítmicos y antifibrilatorios, lo que sería de extrema importancia en pacientes con insuficiencia cardiaca sintomática, habida cuenta que casi la mitad fallece por muerte súbita.

Dejando a un lado los estudios del GISSI, usted también ha participado activamente en grandes proyectos internacionales de investigación cardiológica como EUROPA, PREAMI, STRATEGY o MULTI-STRATEGY…¿Le gustan más las hipótesis que los pacientes?

Cada paciente plantea una hipótesis que, para tener validez científica, requiere de un estudio bien diseñado y con poder estadístico. Los ensayos clínicos son “la sangre” de la medicina.

¿Con qué propósitos asume la presidencia de la ESC?

Con la idea de reforzar la comunicación, continuidad, coordinación y cooperación entre todas las sociedades de cardiología que la integran. La atención que recibe un paciente en París o Roma debiera ser la misma que en Reikiavik o Bucarest… Me gusta pensar que la Sociedad Europea de Cardiología es como un árbol cuyo fruto debe ser una reducción de la carga sociosanitaria que suponen las enfermedades cardiovasculares en el viejo continente.

Pero vivimos en una Europa de realidades sociales y políticas algo complejas.

Los cardiólogos actuamos bastante más allá que la política. Entre nosotros, la Unión Europea es un concepto que funciona a la perfección desde hace años; sólo nos preocupa la transición de una medicina buena a una medicina mejor (que no más cara). Invitamos a los políticos a que acudan a nuestras reuniones y aprendan. Soy consciente de que las sociedades científicas de la Europa del Este deben hacer frente a problemas que aquí no tenemos; pero, por el simple hecho de que sean problemas suyos, lo son también del conjunto de la cardiología europea.

PASIÓN INVESTIGADORA
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Imagen: ATSDR

Roberto Ferrari es un médico renacentista, en el sentido de que no trata el organismo humano por partes, sino como un conjunto armónico y dinámico de perpetua interrelación. El ámbito de sus investigaciones, en consecuencia, trasciende lo escuetamente cardiológico. En los últimos años ha venido trabajando sobre la hipótesis de que la insuficiencia cardiaca congestiva y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) pueden estar mucho más relacionadas de lo que se sospecha. Los antecedentes de tabaquismo caen como una losa en la historia clínica de ambos enfermos. Sin embargo, para Ferrari, esto es más que una casualidad.

“Las enfermedades cardiacas y pulmonares tienen demasiado en común para que en las guías terapéuticas al uso sigan sin consignarse como comorbilidades”.El presidente de la ESC recuerda que la incidencia de insuficiencia cardiaca en pacientes con EPOC sobrepasa el 20% en la bibliografía científica. “Pero estoy convencido de que, insospechadamente, es mucho mayor”, añade. Como sustrato para ulteriores investigaciones, Ferrari plantea el papel de la troponina T, marcador tanto de EPOC como de lesión isquémica o disfunción ventricular izquierda. “Hemos comprobado que buena parte de los pacientes con EPOC y una troponina T elevada evolucionan irremisiblemente hacia una disfunción ventricular izquierda, como si se tratara de un guión previamente concebido”.

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