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La incontinencia fecal puede llevar al aislamiento personal y social de quien la padece

Esta dolencia presenta una elevada incidencia en personas de ambos sexos que, a menudo, callan su padecimiento por vergüenza

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 8 mayo de 2002
La incontinencia fecal es una situación física, psíquica y socialmente incapacitante con una elevada incidencia en personas de ambos sexos. Los síntomas pueden variar: desde pequeños escapes de gases hasta una completa falta de control con pérdida involuntaria de heces. Cuando los síntomas son leves o escasos suelen compensarse modificando el estilo de vida: disminuyendo las salidas al exterior, procurando tener cerca un aseo, limitando ciertas comidas... Unas veces de forma inconsciente y, otras, por vergüenza a consultarlo, estas situaciones pueden llevar a un aislamiento personal y social con importantes repercusiones psicológicas para quienes las padecen.

Es importante saber que, en un elevado porcentaje de casos, la incontinencia fecal tiene solución. Va desde la adopción de simples medidas higiénico-dietéticas hasta la administración de tratamientos farmacológicos y, en ciertos casos, y tras la realización de los estudios pertinentes, la cirugía. Además, la existencia de programas de reeducación esfinteriana (o terapia de ''biofeedback'') permite tratar muchos de estos casos y mejorar los resultados de la cirugía.

Es frecuente, sobre todo en mujeres mayores, que una mala continencia fecal se asocie a otros problemas, como pérdidas de orina o alteraciones ginecológicas por lo que una valoración conjunta con otros especialistas como el urólogo y el ginecólogo, pueden ser fundamentales para lograr el éxito del tratamiento.

Causas

La incontinencia fecal puede tener muchas y muy variadas causas. En numerosas ocasiones se debe a la alteración en la consistencia de las heces (diarreas) o en el funcionamiento del tubo digestivo. En estos casos, el tratamiento de las condiciones que la producen o de sus síntomas (enfermedad inflamatoria intestinal, tumores, síndrome de intestino irritable, lesiones por radioterapia, malos hábitos dietéticos) es el primer paso que hay que dar.

La afectación del recto -enfermedades inflamatorias tumorales, antecedentes de radioterapia- o bien su extirpación pueden dar lugar a grados variables de incontinencia.

La lesión del complejo muscular o esfínter anal, encargado del control voluntario e involuntario fecal, implica una alteración de la continencia en mayor o menor grado según la severidad de la lesión. El traumatismo directo muscular es una de las causas más frecuentes de incontinencia, sobre todo por desgarros durante el parto. Otros traumatismos producidos durante la cirugía anal (de hemorroides, fisuras o fístulas) también la causan.

La afectación de la conducción nerviosa responsable de la coordinación del esfínter anal también es causa de su incompetencia. Puede deberse a lesiones medulares, malformaciones, diabetes... pero también a otros procesos de difícil diagnóstico. Se ha sugerido que los esfuerzos repetidos en el acto de la defecación durante años, así como durante el parto, pueden ser causa de estiramientos repetidos y, por tanto, de lesiones nerviosas.

La edad avanzada (y con antecedentes de traumatismos quirúrgicos u obstétricos, diabetes) también favorece la incontinencia por debilitamiento muscular o alteración neurológica.

En otros casos, la causa de la incontinencia no puede ser reconocida, aunque se sospecha una disfunción nerviosa subyacente.

Estudio y tratamiento

La valoración y diagnóstico de esta patología comienza con una minuciosa historia clínica del paciente para detectar indicios. Una cuidadosa exploración física pondrá de manifiesto la existencia de cicatrices en la zona perianal, defectos o falta de continuidad del aparato muscular, debilidad en la contracción muscular...

Las exploraciones complementarias son poco agresivas y bien toleradas. La información obtenida de ellas es vital para plantear el tratamiento. Se intenta efectuar una valoración de la integridad del anillo muscular esfinteriano, mediante una ecografía endoanal o endosonografía anal. Consiste en la introducción en el canal anal de un dispositivo rígido o flexible, con un ecógrafo en la punta, con el que se obtiene un dibujo de las estructuras musculares, determinando así su indemnidad o lesión.

Se debe valorar la función contráctil muscular mediante manometría anal. En esta prueba se introduce en el canal anal una fina sonda conectada a un sensor de presiones y a un sistema computerizado para analizar datos.

Es muy importante la valoración de la integridad de la transmisión del impulso nervioso responsable del estímulo de contracción muscular. Para ello se determina el tiempo de latencia del nervio pudiendo, mediante un tacto rectal acoplando en el dedo explorador un sistema emisor y detector de impulsos eléctricos con el que se puede detectar su posible lesión.

Mejor calidad de vida

Una vez determinada la causa, mecanismos y severidad de la incontinencia, se puede planear el tratamiento. En ocasiones, una vez tratada la causa primaria, la corrección de los episodios diarreicos mediante cambios alimenticios y tratamiento con medicamentos, puede disminuir e, incluso, erradicar los episodios de incontinencia fecal.

La presencia de una lesión o sección del anillo esfinteriano en la ecografía endoanal, sobre todo en ausencia de alteración neurológica, es indicación de intentar una reparación quirúrgica del mismo (esfinteroplastia).

La reeducación esfinteriana se ha mostrado como una opción válida e incruenta. Con ella el paciente se entrena en la función de contracción muscular observando la respuesta obtenida de su esfuerzo mediante determinación de las presiones o impulsos eléctricos recogidos en el ano, corrigiendo, aprendiendo o "reeducando" la función de contracción.

En los casos en los que subyace una lesión neurológica severa estos tratamientos no están indicados. Es en estos casos (y en aquellos en que los tratamientos previos han fracasado) en los que estaría indicada la construcción de un nuevo esfínter, bien mediante la realización de una transposición muscular y su estimulación eléctrica o bien mediante la implantación de un esfínter artificial. Ambas opciones presentan buenos resultados inmediatos, si bien a largo plazo están por determinar.

Aunque los resultados obtenidos no son siempre óptimos, casi siempre es posible lograr una sustancial mejora en la calidad de vida de estos pacientes.

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