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¿Cuál es el mejor tipo de ejercicio si tengo un problema respiratorio?

¿Fuerza y resistencia o ejercicios aeróbicos? Elegir el tipo de ejercicio correcto, su intensidad y duración es clave para mejorar la salud de quienes sufren problemas respiratorios

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Con el comienzo de año surgen diversos propósitos. Entre ellos, casi siempre está el de apuntarse a un gimnasio, hacer ejercicio y adelgazar. Ninguno es fácil de alcanzar, ya que la fuerza de voluntad y la constancia son dos de sus ingredientes principales. Pero, además, a veces no sabemos qué ejercicios resultan más idóneos para lograr estos objetivos ni cómo hacerlos. Esto es más difícil aún para los pacientes respiratorios, pues conviven con una sensación diaria de ahogo y fatiga a la que se le suman en ocasiones otros síntomas como la tos. ¿Cuál es el mejor tipo de ejercicio para las personas que sufren problemas respiratorios? Te lo contamos en el siguiente artículo.

 

Los tratamientos de rehabilitación respiratoria tienen como integrante clave al ejercicio aeróbico, sin quitarle importancia al entrenamiento de fuerza o resistencia. Pero, si tuviésemos que elegir un entrenamiento para empezar, éste sería, sin duda, el aeróbico. Hay diferentes tipos, pero podríamos agruparlos en dos:

  • Continuo. Toda la sesión de entrenamiento se realiza a una velocidad constante, por lo que una vez conseguida la velocidad e intensidad requerida, no hay que modificar más parámetros y la duración de la sesión es relativamente corta. ¿El mayor inconveniente? Puede resultar aburrido y no existe periodo de recuperación durante el entrenamiento.
  • Interválico o HIIT (High Intensity Interval Training). Muy popular hoy en día en los gimnasios y entre las personas que quieren perder peso. Consiste en intercalar intervalos de muy alta intensidad (de corta duración) con intervalos de intensidad baja o moderada según las condiciones de la persona. Por ello se hace menos aburrido y, debido a los periodos de recuperación, puede resultar una interesante solución para los pacientes respiratorios más graves. Tiene el inconveniente de que las sesiones son más largas y es necesario ajustar varios parámetros durante el entrenamiento.

Ambos han demostrado ser igual de efectivos para pacientes respiratorios: se mejora la sensación de ahogo, fatiga, tolerancia al ejercicio, calidad de vida e incluso se ha reducido el número de hospitalizaciones para los pacientes que con más frecuencia las sufren.

En el caso de los pacientes que cursan con síntomas intensos a diario (fuerte sensación de ahogo y dificultad para expulsar el aire que se acentúa con el ejercicio), es mejor el ejercicio interválico. Los periodos de baja intensidad permiten controlar mejor la ventilación y poder centrarse en la expulsión de aire, que se vería mejorada si se realizara poniendo los labios “como si se soplase una vela” (labios fruncidos).

Pero no solo las personas con problemas respiratorios se pueden aprovechar de los efectos positivos de estos dos tipos de entrenamiento, sino que cualquiera que quiera mejorar sus hábitos de vida conseguirá grandes beneficios practicando ejercicio.

Ejercicio: intensidad, frecuencia y duración recomendadas

Lo idóneo para obtener los mejores resultados sería trabajar con una intensidad moderada-alta, ya que la baja no demuestra grandes beneficios, con una frecuencia mínima de tres días a la semana y mantenerlo durante un mínimo de ocho semanas.

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Imagen: heleiqiang

Sería recomendable que cuando nos decidamos a hacer ejercicio, con independencia de nuestro estado de salud, realizásemos antes una prueba de esfuerzo y, en función de su resultado, estipular la carga o intensidad de nuestras sesiones de entrenamiento. Si esto no fuese posible y quisiéramos entrenar en cinta de correr o en bicicleta estática, podríamos calcularlo subjetivamente de esta manera:

  • Cinta de correr: comenzamos andando a baja velocidad y cada minuto la vamos aumentando hasta que no podamos mantener el ritmo. Esa velocidad alcanzada sería nuestra carga máxima.
  • Bicicleta: empezamos a pedalear sin carga y cada minuto la vamos incrementando de manera constante, hasta que no podemos seguir pedaleando. Estos vatios alcanzados serían nuestra carga máxima.

Una vez que conocemos nuestra carga máxima, si queremos hacer un entrenamiento continuo, calcularemos el 60 % de la misma y comenzaremos a entrenar a esta carga. Según vaya pasando el tiempo iremos aumentando esta carga hasta llegar al 80-85 %. Trabajaremos en sesiones entre 30 y 45 minutos, incluyendo ejercicios de calentamiento y vuelta a la calma.

Si lo que nos apetece es hacer un entrenamiento interválico, calcularemos el 75 % de nuestra carga máxima y trabajaremos entre 1-3 minutos a esa alta intensidad, progresando con el tiempo hasta el 90 %. Estas tandas las intercalaremos con periodos de 2-4 minutos a baja intensidad en los que nos ejercitaremos con cargas del 40 % de nuestra máxima y que con el tiempo evolucionarán hasta el 50 %. Estas sesiones durarán entre 45 y 60 minutos.

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Imagen: Skitterphoto

Otra ayuda para intentar establecer la intensidad óptima es valorar nuestra sensación de dificultad respiratoria con una escala del 1 al 10, intentando mantenernos durante la sesión de ejercicio entre el 5 y el 7.

Desde luego, todos estos parámetros son generales, ya que habría que individualizarlos para cada persona, y más aún para quienes padecen alguna enfermedad respiratoria. Si tienes dudas sobre cómo empezar a hacer ejercicio y cuál es más adecuado para ti, puedes contactar con la Fundación Lovexair a través del correo cuentanos@lovexair.com y nuestros coaches te ayudarán.

Etiquetas:

ejercicio

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