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Falsos mitos sobre la alopecia y el crecimiento del pelo
1. Lavarse el pelo a menudo hace que se caiga más
El cabello puede lavarse con la frecuencia que se quiera, lo único que hay que tener en consideración es que el champú no sea demasiado agresivo. La función del champú es limpiar y algunos, además, están formulados para tratar problemas de la piel del cuero cabelludo, como la caspa, pero no tiene efecto sobre la caída del pelo.
2. Las planchas y los secadores favorecen la alopecia
Las agresiones térmicas causadas por el uso frecuente de planchas alisadoras, rizadores o secadores de aire —si se utilizan en la posición más caliente— pueden dañar la fibra capilar en su parte externa, pero no el folículo, que es donde se genera el pelo. Es decir, con estos aparatos podemos quemarnos el pelo, pero no quedarnos calvos.
3. Si mi padre es calvo, yo también acabaré sin pelo
Un estudio publicado en el 2017 en la revista PLOS Genetics, del Reino Unido, descubrió 287 genes involucrados en la caída del cabello. De los que lograron identificar, por lo menos 40 estaban relacionados con el cromosoma X, el que heredamos de la madre, pero como son muchos más genes los que no se han identificado y se saben que están involucrados en la calvicie, la alopecia puede llegar del padre o de la madre. Además, la alopecia androgénica no solo es genética, también influyen factores hormonales.
4. Los suplementos de proteínas, vitaminas, aminoácidos o hierbas sirven para estimular el crecimiento
Para que el pelo crezca de modo correcto, es necesario que el organismo tenga un mínimo de materia prima a base de oligoelementos como la cistina, el hierro o algunas vitaminas. Sin embargo, el aporte extra sin que exista un déficit concreto no ha demostrado que mejore o incremente la velocidad de crecimiento del pelo.
¿Qué grado de calvicie tengo?
Para evaluar el grado de alopecia androgénica en hombres, los médicos y especialistas en tricología emplean la escala de Hamilton-Norwood. Esta herramienta clasifica la pérdida de cabello en siete etapas, que van desde una línea de cabello normal (grado I) hasta una calvicie completa (grado VII). En mujeres, se utilizan las escalas Ludwig y Savin, que miden el grado de calvicie y el adelgazamiento del cabello.

Estas herramientas permiten a médicos y pacientes realizar un seguimiento del progreso de la pérdida de cabello y evaluar la eficacia de los tratamientos.
Alopecia en la infancia
Las alteraciones del cabello, tanto en cantidad como calidad, son un motivo frecuente de consulta en pediatría. Suelen ser episodios pasajeros, propios de esta etapa de la vida, pero es importante identificar señales de alarma, ya que, en ocasiones, una alopecia en niños y niñas es signo de alternaciones endocrino-metabólicas.
➡️ No hay que alarmarse cuando…
- Aparece en un recién nacido. Los bebés nacen con pelo en toda la superficie del cuero cabelludo, pero progresivamente lo van perdiendo en la zona posterior de la cabeza hasta quedarse sin nada, lo que suele durar hasta casi el año de vida. Durante años esta pérdida se atribuía a la fricción del recién nacido contra la cuna, pero hoy en día se sabe que se debe a un fenómeno fisiológico completamente normal que consiste en una caída sincronizada que se inicia dentro de útero. Es algo común y no hay que alarmarse.
- El pelo fino crece fino y escaso. Se trata de una situación que afecta sobre todo a niñas rubias entre los tres y los seis años (aunque también se dan casos en menores con cabello castaño y negro), con pelo muy fino y escaso. Los padres se quejan habitualmente a sus doctores de que a sus hijas no les crece el pelo y que se les desprende con facilidad al peinarles. Pero este síndrome mejora con la edad y solo en pocas ocasiones persiste en la pubertad.
➡️ Hay que acudir al pediatra cuando…
En el peque se produce una pérdida brusca e intensa de la práctica totalidad del cabello (90 % del total) en unos 7-10 días y que va acompañado de pérdida de peso, fiebre, vómitos dispersos, diarreas ocasionales, déficit de hierro sin anemia y apatía.
Muchas veces las causas de esta pérdida del cabello pueden estar relacionadas con la malabsorción y los déficits nutricionales, o con los efectos adversos que pueden causar ciertas medicinas, como inmunosupresores o corticoides. La alopecia también puede presentarse en niños con una historia de infecciones frecuentes, que suelen alargarse en el tiempo y que no terminan de curarse.


