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Cirugía y obesidad

Cirugía bariátrica: un riesgo eficaz contra la obesidad

La intervención gastroenterológica es actualmente el método más efectivo para reducir los riesgos asociados a la obesidad mórbida

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Adelgazar es siempre difícil, pero en ocasiones parece imposible. Uno de cada cien españoles presenta obesidad mórbida asociada a enfermedad coronaria, hiperlipemia, diabetes tipo 2, hipertensión arterial, problemas respiratorios y trastornos osteoarticulares. En estos casos, el fracaso de las medidas higiénico-dietéticas y farmacológicas deja como única salida la práctica de una cirugía bariátrica, técnica no exenta de riesgo, pero que puede salvar vidas.

La obesidad mórbida es mucho más que una cuestión estética. Quienes la padecen son individuos con un índice de masa corporal (IMC) por encima de 40, y la estadística advierte que un IMC superior a 35 duplica el riesgo de muerte. La cirugía bariátrica es considerada en la actualidad como el método más efectivo para las obesidades mórbidas que no han respondido bien a otras estrategias terapéuticas. Su objetivo es reducir la morbimortalidad asociada a la obesidad. Tras la intervención, con un adecuado control médico, hábitos alimenticios saludables y ejercicio físico, los pacientes pueden perder entre el 60% y el 70% del peso inicial.

Contra lo que mucha gente cree, no se trata de una cirugía plástica, sino que pertenece al campo doctrinal de la cirugía general y gastroenterológica. En su encuentro anual de 2005, la Asociación de Cirugía Bariátrica Americana hizo públicos los datos de un equipo de científicos de la Universidad de Stanford, California, revelando que el riesgo de padecer enfermedades cardiacas disminuye en cerca del 50% en obesos mórbidos sometidos a este tipo de cirugía.

No obstante, según los expertos, la cirugía bariátrica no debe asumirse frívolamente como un remedio infalible contra la obesidad. Algunas variantes de la intervención producen modificaciones permanentes, y las que son transitorias, como la banda gástrica, no están exentas de riesgos y efectos secundarios postquirúrgicos. No se trata tampoco de una cirugía endocrina, puesto que las glándulas de secreción interna (como tiroides, paratiroides, páncreas y suprarrenales) no están implicadas ni se interviene sobre ellas. En función de las características del paciente, el cirujano puede optar por una de las tres modalidades de cirugía bariátrica: la restrictiva, que reduce la capacidad del estómago; la malabsortiva, evitando que se absorba gran parte de lo ingerido en la dieta, y la mixta, que no es más que una combinación de las dos anteriores.

Este tipo de intervenciones acreditan en conjunto un índice de éxitos del 72%, de forma que a los dos años de la intervención los pacientes llegan a perder una media del 50% de su peso.

Modalidad laparoscópica

Nuevos hábitos de vida del paciente determinan el nivel de éxito tras la operación

Aun cuando esta cirugía se circunscribe a los casos de obesidad mórbida, cirujanos australianos de dos centros hospitalarios distintos decidieron comparar la eficacia de la cirugía de la obesidad leve-moderada frente al tratamiento médico. Para ello estudiaron a 80 pacientes que, aleatoriamente, se distribuyeron para recibir tratamiento médico (dieta baja en calorías, medicamentos y modificaciones en el estilo de vida) o cirugía. La operación realizada era laparoscópica y, a través de pequeñas incisiones en el abdomen, los cirujanos introdujeron aparatos que ajustaban unas bandas al estómago y disminuían su capacidad de almacenamiento.

A los dos años de la intervención se midieron diferentes parámetros tales como el peso, la calidad de vida o la presencia de síndrome metabólico. En el grupo quirúrgico se encontró una reducción de peso del 21,6% frente al 5,5% en los tratados médicamente, y la calidad de vida mejoró significativamente en el primer grupo más que en el segundo. Además, el estado de salud de los pacientes se estimó que era mejor. El principal riesgo fue la necesidad de reintervención por problemas en la pared abdominal.

Pacientes selectos, riesgo variable

La Organización Mundial de la Salud (OMS) avala el recurso de la cirugía bariátrica como tratamiento para la obesidad mórbida. Es el único que reduce el sobrepeso y mantiene dicha reducción de forma prolongada. Un tratamiento no quirúrgico puede disminuir el sobrepeso entre un 10% y un 20%; pero en el 98% de los casos reaparece al cabo de cinco años. Si alguien pesa 150 kilos y reduce su sobrepeso en un 20%, no disminuye en casi nada el riesgo cardiovascular al que se ve expuesto. El abordaje quirúrgico, en cambio, permite disminuir el sobrepeso entre un 50% y un 80% en el transcurso de dos años y, de este modo, sí es posible disminuir el riesgo, aunque nunca a cambio de nada.

La eficacia de la técnica depende en buena medida del paciente seleccionado. Los cirujanos se refieren a pacientes con IMC superior a 40, o superior a 35 y acompañado de otras enfermedades (diabetes, cardiopatía isquémica, insuficiencia cardiaca o respiratoria, lesiones de columna o articulares). Los límites de edad se establecen entre 16 y 65 años (aunque se han operado pacientes con tan sólo 12 años). Es muy importante que la obesidad presentada no se asocie a causas clínicas del tipo de un hipotiroidismo, síndrome de Cushing, síndrome de Turner, síndrome de Down, síndrome de Prader Willie, tratamientos con esteroides o hipogonadismo. Tampoco se considera adecuado operar a pacientes con trastornos psicóticos, déficit cognitivo, adicción alcohólica y trastornos alimentarios como bulimia y anorexia.

En EEUU, el país que más experiencia tiene en la práctica de cirugía bariátrica, una revisión de varios estudios publicada el año pasado en el Journal of the American Medical Association señala que la intervención no está exenta de riesgos y, lo que es más importante, que las operaciones en régimen de seguridad social (Medicare) son mucho más arriesgadas que las llevadas a cabo en centros privados. De entrada, la cantidad de intervenciones ha crecido enormemente: de las 13,365 operaciones realizadas en 1998 se pasó a las 102,794 en el 2003 y en la actualidad se estima que rondan las 200.000 intervenciones.

Edward Livingston, especialista de cirugía gastrointestinal y endocrina de la Southwestern University de Texas, asume que la crecida en número de intervenciones traerá consigo un aumento importante de complicaciones. «La cirugía bariátrica provoca la pérdida de peso, pero también puede provocar complicaciones y hasta la muerte». La mayoría de los candidatos son mujeres (84%) y poseen un seguro privado (83%). Entre quienes no tienen más remedio que operarse en un servicio asistencial público, la tasa de mortalidad postquirúrgica es dos veces mayor. También se multiplica por 1,6 cuando el procedimiento es realizado por un cirujano con poca experiencia.

DIETA POSTBARIÁTRICA

Gracias a la cirugía de la obesidad los pacientes logran en más del 90% de los casos corregir no sólo su IMC sino otras enfermedades asociadas. Es el caso de la diabetes, que desaparece prácticamente en el 100% de los casos, o la hipertensión arterial, que lo hace en un 90%. Jordi Pujol, especialista del Hospital Universitario de Bellvitge (Hospitalet de Llobregat) aclara que la introducción de la laparoscopia en la cirugía bariátrica ha aportado incontables ventajas y ha disminuido tiempos y riesgos; sin embargo, no ha erradicado del todo los problemas posquirúrgicos: «un 3% de los pacientes presenta hemorragia y en otro 3% de los casos aparecen fístulas; las muertes, sin embargo, no llegan al 1%». El especialista confirma asimismo que en España se llevan a cabo actualmente 4.000 intervenciones de cirugía bariátrica al año.

¿Y cómo es la vida después de una intervención de estas características? Los expertos subrayan que los hábitos de vida del paciente tras la operación determinan el nivel de éxito, empezando por la alimentación y terminando por la capacidad para adaptarse a una nueva vida que incluya una actividad física que antes era imposible realizar.

Las operaciones restrictivas gástricas necesitan también una correcta educación, motivación y cooperación del paciente para mantener una adecuada ingestión de proteínas, minerales y vitaminas. A los tres meses surge un moderado déficit de proteínas que desaparece al año y medio, cuando se restablece el peso definitivo.

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