La gota: la artritis más dolorosa

En el desarrollo de la gota influyen los hábitos alimentarios, la genética y distintas enfermedades
Por Montse Arboix 16 de julio de 2014
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Imagen: Michael Behrens

La gota es una enfermedad metabólica donde se acumulan niveles elevados de ácido úrico en la sangre, que hace que se depositen cristales de sales de urato sobre todo en las articulaciones, tejidos circundantes y riñones. A pesar de que su prevalencia aumenta con la edad, que es fácil de diagnosticar y que es una de las pocas enfermedades reumáticas que se curan, está infratratada. Este artículo describe qué es la gota y cuáles son los motivos de su poco diagnóstico y tratamiento. Además, se aportan algunas recomendaciones dietéticas.

La gota es una enfermedad reumática que afecta a adultos, y su prevalencia aumenta con la edad. Se estima que en España lo padece el 3,3% de la población. El principal factor de riesgo es la hiperuricemia, es decir, una concentración elevada de aumento de ácido úrico en sangre. Según datos de la Sociedad Española de Reumatología (SER), cerca del 10% de las personas con hiperuricemia desarrolla gota y entre un 80% y 90% de quienes sufren la enfermedad tienen hiperuricemia.

Las primeras señales de la enfermedad «son episodios de inflamación de una única articulación acompañado de intenso dolor y aumento de calor local, que suele instaurarse de forma rápida sobre todo en el dedo del pie, los tobillos, el empeine o las rodillas», describe la Dra. Diana Peiteado, reumatóloga del Hospital Universitario La Paz (Madrid). Ante estos síntomas, la especialista recomienda acudir al médico para iniciar un tratamiento que alivie los síntomas iniciales y solicitar las pruebas necesarias para confirmar el diagnóstico, como una sencilla extracción del líquido de la articulación donde se pueden encontrar los cristales de ácido úrico.

La gota: qué predispone a la enfermedad

La gota, a pesar de tener tan mala fama por el intenso dolor que provoca, tiene tratamiento que ayuda a mejorar los síntomas
Además, a la gota o enfermedad gotosa, que es una forma de diagnosticar, la realidad es que pocos pacientes lo están. Y ¿cuál es la razón para que esté tan poco diagnosticada? Para la Dra. Peiteado, «los síntomas de esta enfermedad pueden confundirse con otras artritis, artrosis o, incluso, con traumatismos. Además, en ocasiones, la presentación es atípica. Hay que recordar que para conseguir el diagnóstico definitivo es necesaria la demostración de cristales de ácido úrico en el líquido articular, que a veces tarda en realizarse».

De la misma manera, se estima que solo reciben tratamiento entre el 50% y el 33,33% de quienes lo necesitan y, en muchas ocasiones, tampoco en las pautas adecuadas, sino en dosis menores a las que precisan. «Se tiende a considerar la gota como una enfermedad que requiere tratamiento únicamente en los episodios de dolor, y no como un problema crónico. Falta información a los pacientes e, incluso, a los profesionales de la necesidad de un tratamiento específico que reduzca el ácido úrico en sangre, así como cambiar determinados hábitos de vida. Sobre todo no hay conciencia de que estas medidas deben mantenerse por periodos muy prolongados para conseguir la remisión de la enfermedad», aclara la especialista.

Alimentación con gota

A pesar de que no hay un consenso de qué dieta es la más efectiva, distintas sociedades médicas recogen una serie de recomendaciones para las personas que sufren gota:

  • La leche, el yogur y los productos lácteos bajos en grasas reducen el riesgo de gota.
  • Algunos estudios han demostrado que beber café y el consumo de proteínas de origen vegetal (legumbres y frutos secos) tiene un efecto protector.
  • Evitar consumir más de dos veces a la semana carnes rojas, vísceras y marisco y pescado. De manera ocasional se puede optar por embutido.
  • No tomar bebidas alcohólicas, sobre todo, la cerveza, aunque sea sin alcohol, ya que contiene guanosina (purina vegetal).
  • Prescindir de las bebidas y refrescos azucarados y con fructosa.
  • Beber más de dos litros de agua al día.
  • Evitar el ayuno prolongado, puesto que aumenta la hiperuricemia catabólica.
  • Seguir una dieta que permita mantener un peso adecuado.