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Ropa de protección solar para el verano

La protección de la piel con cremas y prendas adecuadas es primordial para evitar los efectos nocivos de los rayos del sol

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 8 julio de 2016
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Como cada año cuando llegan los días de sol y playa, los expertos advierten de que es indispensable tomar una serie de precauciones frente a la exposición solar. Pero en los últimos años, a las obligadas cremas de protección solar, se ha añadido una nueva estrategia: la ropa con factor de protección. Pero, ¿en qué consisten las piezas textiles con protector solar? ¿Cuánto protegen? ¿Todas lo hacen por igual? En este artículo se describen las características que tienen que tener estas prendas y los controles que pasan para garantizar su idoneidad.

Una de las medidas más importantes que hay que tener en cuenta para disfrutar de un verano sin contratiempos es el cuidado de la piel y, con ello, la protección solar. Cada inicio de temporada los especialistas insisten en la importancia de proteger la piel, sobre todo en la infancia y adolescencia, con el fin de disminuir el riesgo de sufrir algún tipo de cáncer de piel el resto de la vida.

Para ello, algunas de las medidas de obligado cumplimiento son: evitar las horas de mayor radiación; proteger la cabeza, el cuerpo y los ojos con ropa, gorras o sombreros de ala ancha y gafas de sol con filtro para los rayos ultravioleta A (UVA) y B (UVB); y utilizar cremas con factor de protección adecuadas (mínimo de 30) media hora antes de la exposición y repetir cada dos o tres horas, después de sudar mucho o bañarse.

Ropa para proteger la piel

La capacidad de protección contra el sol de una camiseta de algodón blanca disminuye cuando está mojada

La ropa es una de las medidas para mantener los rayos ultravioletas lejos de la piel. Pero, ¿cualquier tipo de prenda sirve? La respuesta es no. Según Skin Cancer Foundation, la protección solar depende de una serie de características que hacen a una pieza de ropa más o menos eficaz frente a los rayos perniciosos. Entre estas son claves el entramado del tejido (cuanto más apretado, menos pasan los rayos ultravioletas), el tipo de fibra (la mejor opción son las fibras sintéticas o semisintéticas, como el poliéster y el rayón, y las satinadas), el grosor y la densidad (a más grosor, menos espacio para dejar paso libre) y el color (cuanto más oscuro sea el color, más absorbe rayos ultravioletas y confieren mayor protección). Aunque las condiciones de uso y desgaste de las prendas también pueden alterar esta protección.

Sin embargo, estas particularidades descritas -telas o tejidos de punto apretado como los tejanos, grueso como la pana o la lana y de color oscuros- proporcionarían el tejido idóneo para protegerse la piel, pero poco tienen que ver con la ropa de temporada estival a la que están acostumbrados los habitantes de nuestro país.

Una recomendación para quienes se bañan en camiseta desde Skin Cancer Foundation: la ropa mojada deja pasar con más fácilidad los rayos UVA. Y al advertirlo ponen de ejemplo que la capacidad de protección de una camiseta de algodón blanca disminuye cuando está mojada, hasta lo que equivaldría a un factor de protección solar de solo 3-4.

Ropa con factor de protección solar

Hace unos años que hay disponibles, sobre todo en tiendas de ropa deportiva, prendas que se publicitan con protección solar. Pero no es oro todo lo que reluce. Por eso hay que examinar las que se adquieran para tal fin. Existen determinados criterios para evaluar el factor protección de esta ropa.

Uno de ellos es el Factor de Protección Ultravioleta de la prenda (FPU o UPF). Este factor señala la capacidad para frenar el paso de los rayos ultravioletas que tiene la prenda en cuestión, sea por el tipo del material usado en su confección o por otros procesos industriales que le otorgan tal característica. Es decir, el FPU sería lo que el índice o factor de protección solar en una crema fotoprotectora.

No obstante, antes de comercializar ropa con este distintivo, los textiles deben pasar determinados controles para garantizar su idoneidad y para que se puedan colocar las etiquetas respectivas con los logos UPF y el rango de protección obtenido (20, 30, 50+). Algunos protocolos internacionales que certifican esta protección UV son el que ofrece la Australian Radiation Protection and Nuclear Safety Agency. En EE.UU., todos los productos de protección solar pueden pasar una revisión voluntaria que la lleva a cabo un Comité de Fotobiología y recibir la etiqueta de recomendación y el sello de seguridad y eficacia de la Skin Cancer Foundation o el test de la American Society for Testing Materials.

Hoy por hoy, la mayor capacidad de protección la aporta el UPF 50+. Esto significa que el textil usado protege la piel que cubre hasta el 97% contra los UVA y los UVB. Sin embargo, para que la prenda mantenga estas características a lo largo del tiempo es necesario tomar una serie de medidas: aclararlas tras su uso, lavarlas a mano con detergentes suaves, no enrollarlas, secarlas a la sombra y no plancharlas.

El melanoma

Según datos de la Academia Española de Dermatología y Venereología, una de cada seis personas sufrirá cáncer de piel a lo largo de su vida. El melanoma es el más agresivo, pues afecta a una de cada 70 personas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año se diagnostican unos 160.000 casos nuevos de melanoma en todo el mundo (79.000 hombres y 81.000 mujeres).

Este incremento se debe a motivos meramente estéticos: el deseo de estar bronceado provoca largas exposiciones al sol y el uso indiscriminado de camas solares. La tasa de incidencia varía bastante de un país a otro: la más alta se registra en países con gran irradiación solar donde la población no autóctona tiene la piel más clara y la cultura del bronceado está más arraigada, como Australia, Nueva Zelanda, EE.UU. y el norte y oeste de Europa.

Datos de la Asociación Española Contra el Cáncer advierten de que en nuestro país se ha producido un aumento importante a partir de la década de los noventa y ahora se diagnostican alrededor de 3.600 casos anuales. Aunque pueden darse a cualquier edad, la mayoría de los diagnosticados está entre los 40 y 70 años.

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