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Alimentación y vejez

Expertos británicos alertan del alto índice de desnutrición entre los ancianos que viven solos

Los ancianos europeos continúan prefiriendo los alimentos frescos a los preparados, según el estudio Food in Later Life, que acaba de presentar los resultados de una investigación multidisciplinaria realizada en ocho países europeos. Los expertos advierten que pronto habrá mayor número de europeos con más de 65 años que con menos de 20, lo que implica, dentro del sector alimentario, una adecuación tanto de la oferta como de medidas específicas de consumo.

Elección de alimentos y preparación de comidas: autonomía y calidad de vida en la tercera edad es un proyecto multidisciplinar financiado por la Comunidad Económica Europea en el que participan la Universidad de Barcelona (UB) junto con otros ochos centros de investigación de siete países europeos distintos (Reino Unido, Dinamarca, Suecia, Polonia, Alemania, Italia, Portugal y España). Para los responsables del estudio, el acceso a un tipo de alimentación saludable constituye un factor esencial para la salud, la autonomía y la calidad de vida de la gente mayor.

Sin embargo, sus necesidades específicas de consumo no han sido suficientemente estudiadas, a pesar de que los estudios realizados hasta ahora han detectado ya que es entre la gente mayor donde se produce una mayor deficiencia nutricional. Lo que queda por determinar aún son las causas reales que llevan a una alimentación no siempre adecuada, especialmente en lo que se refiere a preparación de alimentos.

Con el fin de sufragar esta deficiencia, nacía en enero de 2003 el proyecto citado, cuya principal innovación es el análisis minucioso de los hábitos y actitudes alimentarias de las personas mayores, así como cuáles son sus preferencias en relación con la comida preparada y por los alimentos funcionales y de conveniencia.

Más productos frescos

A pesar de que la mayoría de ancianos prefieren los productos frescos, un pequeño sector se inclina cada vez más hacia la comida preparada

El estudio acaba reafirmando que las experiencias relacionadas con la alimentación varían en función de los cambios personales que se van produciendo. Para llegar a esta conclusión se ha analizado la relación entre las comidas, el bienestar nutricional, la salud y la calidad de vida en la población de más de 65 años. En el proyecto, en el que ha participado el Observatorio de la Alimentación de la UB, pone en evidencia los problemas de aprovisionamiento alimentario y de planificación y preparación de las comidas.

A pesar de que en la mayoría de las bolsas de consumidores mayores estadounidenses abundan las comidas preparadas, en las de los consumidores europeos aún son mayoría los productos frescos. Así, la percepción que tienen la mayoría de los 3.200 encuestados sobre los alimentos funcionales, como las leches enriquecidas con omega-3, no es muy favorable. A pesar de reconocer que conocen el término, aseguran que prefieren los «alimentos frescos», admiten los responsables del estudio.

Todavía persiste la idea de que las comidas preparadas como antiguamente son la base de una buena alimentación, es decir, aquellas que requieren horas y dedicación en la cocina. Pero sólo seis de cada diez encuestados, especialmente mujeres, afirma dedicar una media de dos horas a cocinar, tendencia que disminuye con la edad y en personas solas.

Para Margaret Lumbers, de la Universidad de Surrey y coordinadora del proyecto, es esencial asegurar una buena alimentación entre las personas mayores para evitar futuros problemas de «desnutrición». En líneas generales, el proyecto pretende ser una herramienta útil también para los productos de alimentos sobre cómo pueden proporcionar alimentos adecuados a este sector de consumidores.

ALIMENTACIÓN Y REDES SOCIALES


La tercera edad representa una población cuya diversidad de situaciones y de necesidades de consumo han sido raramente evaluadas. En muchas ocasiones, la alimentación se convierte en esta franja de edad en un modo de conexión con la familia, algo que favorece «el consumo nutricional de los mayores», aseguran los expertos. La tendencia natural es que, con el paso de los años, desaparezca la motivación para comer o cocinar para alguien.

Si bien la tendencia general es una mayor valoración de los productos frescos, en las cocinas de los hombres mayores de 65 años que viven solos suelen ser más comunes los productos congelados y precocinados. Por el contrario, entre las personas que viven en familia, los alimentos congelados están para casos de «emergencia», y raramente comprarán alimentos dietéticos.

La situación económica de cada persona determina también el tipo de alimentación que pueda llevar. La dificultad económica provoca en la mayoría de los casos que se produzca lo que los expertos denominan «comidas monótonas».

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