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Apuesta por la sanidad apícola

La UE sienta nuevas bases para mejorar el control de las enfermedades apícolas y los patógenos que afectan a la producción de miel

El pasado 1 de abril, la Comisión Europea designó al laboratorio francés ANSES como laboratorio de referencia para la salud de las abejas en la UE. Hasta el 21 de marzo de 2016, los expertos franceses tienen como misión coordinar las iniciativas para salvaguardar la salud de estos insectos. La tarea incluye el control de enfermedades de origen parasitario, bacteriológico o viral y otras de tipo exótico que ponen el peligro la producción de miel. La investigación se centrará en los principales contaminantes de la miel, como plaguicidas o medicamentos veterinarios, análisis de muestras y control de vacunas.

Desde hace unos años, las colonias de abejas de muchos países sufren un proceso de debilitamiento y mortalidad que se asocia a un proceso múltiple: enfermedades y parásitos, intoxicaciones, estrés por interrupciones en los recursos alimentarios o cambios en las condiciones climáticas. Si bien hace tiempo que se analizan estos aspectos para intentar poner freno a este descenso de la producción apícola, ahora se ha adoptado una medida en el ámbito comunitario, con la que se prevé entender mejor esta compleja situación.

Se pretende establecer medidas armonizadas de los programas de vigilancia, a través de la designación de un laboratorio de referencia, y una mayor coordinación de propuestas de investigación. Esta iniciativa se inscribe en el plan europeo de gestión de riesgos para la salud animal, en el que se incluyen los laboratorios de referencia como apoyo científico y técnico a la Comisión. En este contexto, la Comisión Europea acaba de designar al laboratorio francés ANSES Sophia-Antipolis como centro de referencia para la salud de las abejas.

Principales objetivos

Las actividades del laboratorio, de amplio alcance, abarcan todas las enfermedades de las abejas y misiones como:
  • Proporcionar apoyo científico y técnico a la Comisión Europea para aplicar programas de vigilancia.
  • Coordinar el uso de métodos de diagnóstico de las enfermedades de las abejas.
  • Mejorar, desarrollar e impulsar nuevas herramientas de diagnóstico.
  • Informar a los laboratorios nacionales de referencia sobre los nuevos métodos de control.
  • Recopilar y difundir información sobre enfermedades de las abejas: endémicas, emergentes y exóticas.
  • Realizar experimentos y pruebas de campo para mejorar enfermedades específicas de las abejas.
  • Colaborar con los laboratorios de terceros países y con la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE).
Medidas de control como ésta tienen la finalidad de proteger la salud de los consumidores, pero también de las abejas, consideradas "centinelas del medio ambiente". Su actividad está relacionada con la "salud" de las plantas, además de la producción agrícola y de miel. Por tanto, uno de los principales objetivos del laboratorio de referencia es estudiar los factores que causan mayor mortalidad de las abejas, como las enfermedades por parásitos o las intoxicaciones por plaguicidas. Uno de los estudios se basará en el ácaro "Tropilaelaps" y el escarabajo de la colmena "Aethina tumida" para hacer un diagnóstico fiable de su incidencia.

Medidas de prevención

Aunque las ventajas de la miel son numerosas por sus cualidades nutricionales, deben tenerse en cuenta ciertas consideraciones antes de consumirla cruda. La miel es el néctar que se obtiene de forma directa de las flores, por lo que es evidente que puede contener sustancias químicas que hayan llegado en algún momento u otro a las flores. Puede contener esporas de Clostridium botulinum, causante del botulismo. Aunque se trata de casos raros, y ante la imposibilidad de garantizar la ausencia total de esporas, es recomendable que los niños menores de un año no consuman miel para evitar posibles riesgos. En adultos, en cambio, apenas se detectan peligros derivados del consumo de miel cruda. Algunas impurezas que puede contener la miel son pequeñas trazas de polen, cera de abejas u otros fragmentos de sedimentos que, por otra parte, no plantean un riesgo para la salud de las personas.

Seguridad de la miel

La miel es un alimento muy seguro en términos sanitarios y siguen unos exhaustivos controles higiénicos durante su extracción procesado y envasado. La carga microbiana de la miel suele ser baja y disminuye a medida que la miel envejece. De la misma manera que otros productos de origen animal, la miel tiene una flora bacteriana propia. En el proceso de producción, se tienen en cuenta todos los puntos críticos de fabricación para adoptar las medidas necesarias que garanticen su calidad. Cuando se extrae, deben evitarse los riesgos de fermentación. Durante todo el proceso se siguen unas buenas prácticas de fabricación.

CÓMO CONSERVAR LA MIEL

Botes de vidrio, cerámica o plástico. La miel puede conservarse en cualquiera de estos envases, aunque el vidrio es el material preferido, siempre y cuando el envase se pueda cerrar de forma hermética. La miel tiene la capacidad de absorber partículas de muchos metales y algunos plásticos, de ahí que no deba conservarse en envases de este tipo, ya que los ácidos de la miel pueden provocar la oxidación de los mismos. El lugar donde se almacene debe ser frío, protegido de la humedad y de la luz del sol, aislada también de aromas fuertes debido a su tendencia a absorber olores y humedad. Este alimento se deteriora cuando se expone a la luz durante largos períodos de tiempo.

No es necesario que se almacene en el frigorífico, ni tampoco que se congele. Una vez almacenada, puede cristalizarse y adoptar un color más oscuro, un fenómeno natural que no indica deterioro. La miel tiene una vida útil muy larga gracias a su alta concentración de azúcar. Si la miel se cristaliza, se puede disolver de nuevo de forma suave al baño maría, sin que se sobrecaliente. El calor podría alterar el sabor y el color como resultado de la caramelización de los azúcares.

Gracias a su composición química, con un bajo contenido de agua y un pH de 3 a 4,5, las bacterias y otros microbios no pueden prosperar en ella. Por tanto, si se procesa, envasa y almacena bien, la miel tiene una vida útil muy larga. Uno de los factores importantes de almacenamiento en la temperatura, que debe oscilar entre 18ºC y 24ºC.

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