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Bioenergía y seguridad alimentaria

Diversas organizaciones internacionales estudian la relación riesgo-beneficio entre la producción de bioenergía y la seguridad alimentaria en el mundo

La puesta en marcha de iniciativas que estudian la relación entre producción de bioenergía y la seguridad alimentaria no debería incidir, en ningún caso, en la falta de alimentos básicos o en una subida desmesurada de los precios que pueda impedir el acceso de las familias más necesitadas a los alimentos. Y es que la producción de bioenergía en el mundo tiene una relación muy directa con la seguridad alimentaria. Atendiendo al concepto de seguridad alimentaria fijado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), ésta se da cuando todas las personas, en todo momento, tienen acceso material, social y económico a suficientes alimentos sanos y nutritivos para satisfacer sus necesidades y preferencias alimentarias que les permita llevar una vida activa y saludable.

Derecho a la seguridad alimentaria

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La seguridad alimentaria, según la propia FAO, tiene cuatro dimensiones en relación con la bioenergía: disponibilidad, acceso, estabilidad y utilización. Actualmente son frecuentes los encuentros y foros abiertos para el estudio y la reflexión de las consecuencias de la producción de bioenergía en la seguridad alimentaria, tanto con respecto a los aspectos positivos como negativos. La preocupación es mucho más creciente en aquellos países que están experimentando más directamente sus consecuencias directas o que emergen como nuevos productores de materia prima para estos nuevos recursos energéticos.

La seguridad alimentaria, según la FAO, es un factor de mínimos para la subsistencia de la especie humana. El desarrollo de la producción de bioenergía en el planeta no está exento de ciertos riesgos para la población más desfavorecida que subsiste en un ambiente rural de la agricultura. Los efectos negativos de la bioenergía deberían minimizarse al máximo para evitar atentados contra los derechos básicos de las personas.

Según datos que exponen las propias organizaciones internacionales, alrededor del 70% de los 854 millones de personas que sufren hambre en el mundo vive en zonas rurales y subsisten de la agricultura, a menudo concentradas en regiones particularmente expuestas a la degradación del medio ambiente y el cambio climático. Unos 820 millones de estas personas viven en los países en desarrollo, 25 millones en los países en transición y 9 millones en los países industrializados.

Seguridad alimentaria y económica
Los elevados precios del petróleo y la creciente preocupación en relación con la seguridad energética y el cambio climático mundial han llevado a varios países a buscar fuentes alternativas de energía y a ofrecer incentivos para incrementar el uso de fuentes renovables de energía, incluida la bioenergía. Los expertos internacionales que están analizando la situación consideran que la bioenergía presenta tanto oportunidades como riesgos respecto a cada una de las cuatro dimensiones de la seguridad alimentaria. Aseguran que las implicaciones de la bioenergía para la seguridad alimentaria dependerán de la escala y el tipo de sistema que se considere, la estructura de los mercados de productos y energía y las decisiones en materia de políticas agrícolas, energéticas, ambientales y comerciales.

No pierden oportunidad para expresar su preocupación ante los rápidos cambios tecnológicos que se están produciendo en el sector de la bioenergía, que representan otra gran fuente de incertidumbre en relación con la seguridad alimentaria. En el sector bioenergético el segmento que está experimentando un mayor crecimiento es el de los biocombustibles líquidos, que se producen fundamentalmente a base de cultivos agrícolas que también son utilizados para la alimentación y los piensos. En este sentido, la repercusión en la seguridad alimentaria es directa, dado los efectos que ello tiene sobre los precios de los productos básicos.

Los efectos para la seguridad alimentaria pueden ser positivos o negativos dependiendo de la tecnología y de la elasticidad de sustitución entre la materia prima utilizada para la producción de energía y alimentos. Los expertos creen que la transición de la utilización tradicional de bioenergía a servicios energéticos modernos, derivados de la biomasa o de otras fuentes energéticas, pueden tener implicaciones positivas para la seguridad alimentaria de la mayoría de las personas afectadas.

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