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Hipertensión, riesgo cardiovascular y dieta

Entre los expertos aumenta el interés de valorar el papel de la dieta en el control de la presión sanguínea y el de los demás factores de riesgo cardiovascular

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 1 febrero de 2005

El control de la ingesta de sal en la dieta ha dejado de pertenecer definitivamente al ámbito de la consulta médica para alcanzar los foros de debate científico del más alto nivel. La discusión no tiene que ver sólo con el riesgo de hipertensión, sino también con el cardiovascular el de algunas enfermedades metabólicas. El debate también ha alcanzado de lleno a la industria alimentaria.

La medicina basada en la evidencia está imponiendo una evaluación sistemática de todas las medidas tomadas con respecto a los pacientes hipertensos, su eficacia y su rentabilidad. El médico sigue apostillando en su diagnóstico: «Olvídese de la sal y de las comidas copiosas». Pero, en la actualidad, está obligado a concretar el verdadero alcance de esta restricción y su justificación con resultados de ensayos clínicos.

Por este motivo no es extraño que en los congresos médicos de hipertensión se esté dando vueltas últimamente al papel de la dieta en el control de la presión sanguínea y el de los demás factores de riesgo cardiovascular porque, eso sí, prevenir sigue siendo mejor que curar.

Un ejemplo del impacto que está teniendo la revisión de este concepto son las Jornadas Catalanas sobre Hipertensión Arterial, celebradas recientemente en Barcelona con la asistencia de unos 1.200 expertos. En varias de las ponencias presentadas se evidencian el relieve creciente de los últimos consensos y el resultado de las investigaciones más candentes acerca del papel de la dieta en la hipertensión.

José Luis Tovar, nefrólogo del Hospital General Universitario Valle de Hebron de Barcelona, entiende que la identificación de marcadores bioquímicos es de gran utilidad para diagnosticar complicaciones metabólicas, hipertensión y episodios cardiovasculares. Si los marcadores están relacionados con la dieta, pueden establecerse pautas que contribuyan a reducir riesgos evitables.

Este sería el caso de la proteinuria, medida que informa de la eliminación de proteínas a través de la orina. En opinión de Tovar, se trata de un marcador «muy fiable» en diabetes, una de las patologías metabólicas más extendidas, además de en hipertensión y riesgo cardiovascular. «Se trata de mantener un nivel de proteinuria por debajo de 0,5 g al día», asegura. Para conseguirlo es preciso consumir un máximo de proteínas de 0,8 g por kg de peso, reducir el aporte de sal a menos de 6 g al día (teniendo en cuenta que embutidos, quesos o alimentos en conserva suman mucha más sal a la propia del salero) y mantener el colesterol-LDL, el etiquetado como malo, por debajo de 100 mg/dL. Según el nefrólogo barcelonés, si a estas medidas se suma una presión sanguínea alrededor de 130/80 mmHg y la evitación del tabaco estaríamos en el umbral de la «perfección saludable».

¿Olvidarse de la sal?

La cultura alimentaria basada en comida rápida puede inducir a una mayor ingesta de sal entre la población general, advierten los expertos En un trabajo sobre hipertensión y dieta firmado por la unidad de factores de riesgo cardiovascular del Hospital Santa Maria de Lleida, los autores reconocen que el cumplimiento dietético de los pacientes es cada vez más difícil. «Los pacientes se sienten asediados por múltiples consejos, recomendaciones y prohibiciones; de ahí la importancia de intentar formular una única dieta integral», explican.

«Olvidarse de la sal» es el ejemplo de un planteamiento mal enfocado, según ellos. El paciente debe precisamente tener muy en cuenta la sal, saber que una alimentación hiposódica no supone sólo evitar el salero en las comidas, sino controlar la cantidad de sodio incluida en los alimentos que acostumbramos a tomar. Una dieta mediterránea equilibrada y variada garantiza el aporte salino suficiente y necesario, recurriendo a distintas formas de cocción y reforzando el papel de las hierbas aromáticas y otros condimentos en detracción de la sal de mesa.

Los médicos reconocen que los alimentos elaborados y en conserva simplifican muchas funciones domésticas y pueden suponer incluso un ahorro, pero advierten que sus niveles de sodio son parte del problema y no de la solución. Recurrir a los snacks, al bocadillo o a la pizza como solución de costumbre supone ingerir más de 700 mg de sodio por producto, que es más de lo que nuestros sistemas de filtrado pueden soportar.

Un estudio realizado por el Hospital Valle de Hebron sobre el cumplimiento de la prescripción de dieta y ejercicio por parte de los médicos a los pacientes hipertensos, aporta todavía más datos al debate. Se trató de una muestra reducida (72 pacientes), pero sirvió para verificar que un 81% asume lo de la dieta y un 44% asume lo del ejercicio; también permitió verificar que los pacientes cumplidores consiguen un mejor control de la presión sanguínea, con independencia del tratamiento farmacológico seguido y que los pacientes jóvenes o de sexo femenino consiguen un mejor cumplimiento que los de mayor edad y sexo masculino.

Cultura alimentaria

La principal recomendación de los expertos es una nueva cultura alimenticia en la que el examen del etiquetado de los alimentos y el control de nutrientes ingeridos pase a ser una costumbre. Sería una fórmula para que los pacientes asumieran su responsabilidad en el control de su hipertensión con una eficacia incluso superior a la que pueden proporcionar los médicos en la consulta.

En paralelo, desde algunos sectores se reclama un papel más activo de las autoridades sanitarias y la administración pública para prevenir el exceso de ingesta de sodio. En algunos países de nuestro entorno se han iniciado ya campañas que inciden de forma clara en este sentido. Este es el caso de Francia, donde se están adoptando medidas muy restrictivas al respecto; y en el Reino Unido se ha abierto recientemente un intenso debate entre científicos e industria alimentaria sobre la cuestión. Habrá que esperar para ver si su eficacia resulta contagiosa.

En lo que respecta a España, las únicas recomendaciones visibles sobre la oportunidad de mantener un control responsable sobre la ingesta de sal surge de las consultas médicas. Los expertos entienden que si hubiera un mayor control de los productos elaborados y envasados por parte del Ministerio de Sanidad y Consumo o de las consejerías autonómicas correspondientes, podrían mejorarse los niveles de ingestión sódica en la población general.

LA RELACIÓN CON LA VITAMINA D


No sólo el sodio es responsable de la hipertensión arterial. La relación que el metabolismo cálcico, las hormonas implicadas en dicho metabolismo (calcitonina, y paratiroide) o la vitamina D guardan con la presión arterial ha sido también fuente de investigaciones y controversias.

Un trabajo del Institut Universitari Parc Taulí de Sabadell y el Consorci Sanitari de Terrassa, presentado en las jornadas catalanas de hipertensión, indagó en la relación que los niveles de vitamina D guardan con las cifras tensionales. Encuestaron a 232 hipertensos ancianos de ambos sexos con edad media de 72 años y descubrieron que sólo en el 14% de los encuestados se objetivaban valores normales de vitamina D (por encima de 24 ng/mL); en el 16% se detectó carencia y en un 70% insuficiencia. La investigación demostró también que a menor nivel de vitamina D había un nivel inferior de hormona paratiroide y un mayor nivel de presión arterial, con independencia del tratamiento farmacológico asignado.

En sus conclusiones, los autores subrayaron la relación dependiente e inversa que la vitamina D guarda con la hipertensión arterial, así como una elevada prevalencia de hipovitaminosis en la población anciana estudiada. De acuerdo con las conclusiones del estudio, el déficit «no sólo perjudica el perfil de riesgo cardiovascular, sino también el de osteoporosis y fracturas óseas».

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