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La presencia de cloranfenicol en productos apícolas

El cloranfenicol es un antibiótico cuyo uso en animales destinados a la producción de alimentos está prohibido en la Unión Europea

Img miel Imagen: Ars Image Gallery

A finales del mes de noviembre salía a la luz la detección de cloranfenicol, un antibiótico prohibido en la UE, en jalea real. Meses antes, en agosto, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) denunciaba ya la presencia de residuos del antibiótico en varias marcas comercializadas por siete fabricantes nacionales. El 19 de agosto, la red de alerta europea recibía la comunicación de dicha detección. Las empresas implicadas se comprometieron entonces a retirar el producto.

El cloranfenicol es un antibiótico de amplio espectro derivado originariamente de la bacteria Streptomyces venezuelae que en la actualidad se produce sintéticamente. Dada su eficacia frente a un numeroso grupo de antibióticos, durante años se ha usado sin apenas restricciones como fármaco en salud humana y aplicaciones veterinarias. La progresiva detección de efectos secundarios, sin embargo, ha llevado a las autoridades sanitarias a limitar su uso. En la actualidad su uso está prohibido como aplicación médica en la Unión Europea, así como en la producción de alimentos de origen animal.

El cloranfenicol ha sido sometido en diversas ocasiones a la consideración del Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA). De acuerdo con su dictamen, se trata de una sustancia genotóxica, lo que significa que puede provocar daños genéticos y favorecer probablemente la aparición de distintas formas de cáncer. Se sabe también que puede llegar a provocar anemia aplásica en personas susceptibles, aunque se trata de una enfermedad poco frecuente que, en opinión de JECFA, difícilmente puede atribuirse a la presencia de residuos de cloranfenicol en los alimentos.

Pese a estas consideraciones, que descartarían la existencia de riesgos para el consumidor a no ser que los residuos de cloranfenicol se hallaran de forma masiva en alimentos, la Comisión del Codex Alimentarius, el organismo internacional de normas alimentarias, entiende que debido a la toxicidad de esta sustancia no se puede establecer un tope máximo de residuos. Por este motivo, señala que no debería no debería utilizarse en la producción de alimentos.

Presente en la jalea real

La tolerancia al cloranfenicol suele ser buena, aunque ocasionalmente puede provocar reacciones adversas gravesLa presencia de cloranfenicol en distintas marcas de jalea real provocó, de inicio, una cierta sorpresa. Aunque no se trata de un asunto nuevo, los expertos tuvieron que plantearse de entrada cómo había podido llegar el antibiótico hasta la jalea real. Generalmente, los productores de miel consiguen que los fármacos lleguen a las abejas junto con algún alimento (agua con azúcares) o bien mediante el fumigado de las colmenas. También extrañó que se haya empleado cloranfenicol, un antibiótico prohibido, cuando se podría haber utilizado cualquier otro producto autorizado para el tratamiento de patologías de estos insectos.

Una de las posibilidades es que el producto no se haya elaborado en España, sino que se haya importado desde otros países, posibilidad difícil de probar y que requiere un estudio más pormenorizado. La existencia de cloranfenicol en productos apícolas no es nueva. Ya en el año 2000 se realizaron análisis en mieles importadas por EEUU procedentes de China ante la sospecha de la existencia de residuos de cloranfenicol. Desde entonces, se han efectuado análisis rutinarios de este antibiótico y otros empleados en la producción de miel, especialmente nitrofuranos, estreptomicina y oxitetraciclina.

Los análisis rutinarios han detectado la presencia de estas sustancias prohibidas en productos de apicultura, generalmente procedentes de países asiáticos, aunque durante este año 2005 se han producido alertas sanitarias europeas en mieles procedentes de otros países, como Argentina, España, Grecia y Ucrania.

Reacciones adversas

El cloranfenicol es un agente bacteriostático activo frente a bacterias Gram positivas y Gram negativas, incluyendo microorganismos anaerobios, clamidias y ricketsias. Suele ser bien tolerado, con baja incidencia de reacciones adversas, aunque cuando se presentan pueden ser graves. Los manuales médicos destacan, en este sentido, el síndrome gris del recién nacido, que consiste en aletargamiento, distensión abdominal, hipotensión, cianosis, problemas respiratorios, shock y muerte. Este síndrome suele estar provocado por la acumulación masiva de la droga asociada a un déficit de metabolización hepática.

Se ha descrito también toxicidad hematológica con dos formas graves, aunque no frecuentes: depresión reversible de la médula ósea, relacionada con la dosis, y depresión irreversible, habitualmente fatal, asociada a una mayor susceptibilidad del paciente.

Mientras que la primera aparece precozmente y afecta principalmente la serie sanguínea roja, la segunda puede aparecer semanas o meses después de finalizado el tratamiento y suele afectar a la producción de la totalidad de las células sanguíneas. En estos casos, el uso de cloranfenicol, pese a ser administrado a dosis terapéuticas, es especialmente peligroso.

Otros efectos adversos descritos, relacionados con su uso terapéutico, son la neuritis óptica, posiblemente por dosis excesivas, reacciones de hipersensibilidad, poco frecuentes, trastornos digestivos (náuseas, vómitos y diarreas), sobreinfecciones bacterianas o micóticas y déficit de vitamina K por disbacteriosis intestinal.

A estos efectos secundarios distintos grupos de expertos añaden una capacidad genotóxica «probable», además de la emergencia de cepas bacterianas resistentes. Por todo ello, en la actualidad no se considera antibiótico de primera elección, salvo en casos de meningitis por H. influenzae en pacientes alérgicos a los betalactámicos y como antibiótico de alternativa en abscesos encefálicos, infecciones por anaerobios, fiebre tifoidea o salmonelosis sistémicas. Algunas de estas indicaciones se mantienen en países en desarrollo en los que la Organización Mundial de la Salud antepone el beneficio del fármaco a sus efectos adversos.

CLORANFENICOL EN ALIMENTOS

La presencia de cloranfenicol en alimentos es hoy día extraña y poco frecuente. Por lo general, la concentración del antibiótico o de residuos derivados de su metabolización en alimentos es baja, por lo que raramente se dan problemas de salud o efectos adversos como los descritos.

Probablemente, el bajo riesgo asociado al consumo de alimentos con trazas del antibiótico sea debido a su mecanismo de acción. Se sabe que el cloranfenicol inhibe la síntesis proteica del ribosoma bacteriano, lo que explica su efectividad como fármaco. No obstante, es posible que también inhiba la síntesis proteica de células de mamíferos, lo cual podría explicar en parte su toxicidad.

Del mismo modo, se sabe que el cloranfenicol puede absorberse completamente desde el tubo digestivo. Los ésteres de cloranfenicol (profármaco) son hidrolizados en el duodeno, mediante lipasas pancreáticas, a su forma activa. Al ser muy liposoluble, su difusión es rápida y elevada y penetra en todos los tejidos y fluidos corporales. Se trata además de una sustancia que atraviesa bien la barrera hematoencefálica, logrando niveles terapéuticos en líquido cefalorraquídeo, y la placenta.

A nivel hepático, la sustancia se vuelve inactiva y no tóxica. Los metabolitos se eliminan principalmente por la orina, donde sólo 10% del fármaco está en forma activa. El mecanismo de depuración hepática resulta insuficiente en recién nacidos, especialmente en prematuros, por lo que debe evitarse en estos grupos.

Bibliografía

Anónimo. 2003. Contaminated honey seized. FDA Consum. 37(3):6.
Anónimo. 2002. Contaminated honey imports. FDA Consum. 36(6):3.

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