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Proyectos en origen para evitar la migración

Mejorar la calidad de vida en áreas rurales de África y América Latina favorece la permanencia en estas regiones

La principal razón para emigrar es mejorar la calidad de vida. Cuando en los lugares de origen las condiciones higiénicas, sanitarias o educativas, entre otras, son deficientes, se busca un cambio que, a menudo, se encuentra a miles de kilómetros del hogar. Las ONG que trabajan en lugares como África y América Latina, principales focos de emigración, orientan sus proyectos para conseguir cambios en el entorno que modifiquen a su vez la idea de una posible partida. Facilitar el acceso a agua potable, impulsar el comercio local o poner en marcha programas de formación son algunas posibilidades para este fin.

La mayoría de los proyectos de la ONG África Digna se desarrollan en áreas rurales. La razón es sencilla: evitar que los jóvenes emigren, no sólo a otros continentes, sino incluso a las barriadas de las grandes ciudades "donde viven en condiciones miserables". La mayoría de países de África Subsahariana carecen de una red de ciudades de tamaño medio. Es frecuente que en cada país haya una o dos grandes ciudades, mientras que el resto son pequeñas poblaciones con numerosas carencias en infraestructuras y servicios. "Pero tampoco las grandes ciudades son capaces de responder a todas las necesidades de sus habitantes y es por esto que se crean grandes barriadas o slums", explica Lluis Miret, director de África Digna. "Promocionar el desarrollo en áreas rurales busca equilibrar el desarrollo en el conjunto del país", añade.

Se selecciona a personal local para desarrollar los proyectos, mientras que los miembros de las ONG se desplazan para realizar el seguimiento de los mismos

Todos los proyectos que respalda esta entidad fomentan el desarrollo local. En lugar de trabajar en situaciones de emergencia, se decanta por el día a día. Esta filosofía es la misma que apoya el personal, en su mayoría, local. La organización carece de miembros desplazados de forma permanente. "Promocionamos personas del país para que sean nuestros responsables de los proyectos en África", afirma Miret. Una de sus misiones se centra en el bosque indígena de Ngare Ndare, en Kenia. Hasta 3.000 personas que viven en la parte norte y 8.320 que residen en los alrededores se beneficiarán del acceso a agua limpia para el ganado.

"En África Subsahariana, más de una cuarta parte de la población no tiene acceso a un lavabo y, en las áreas rurales, el porcentaje sube hasta casi un 40%", indica el director de África Digna. La falta de baños obliga a defecar en ambientes "al aire libre", por lo que aumentan las posibilidades de contagio por cólera ante "la contaminación de las fuentes de agua naturales". En Ngare Ndare, se protegen los recursos hídricos y se facilita el acceso a agua potable y a sistemas sanitarios, como duchas o lavabos. Sólo en la población de Manyangalo "900 personas convivían con una única letrina".

El trabajo se centra ahora en Kenya y en Ruanda. La sala de pediatría construida en el hospital keniata de Maragua ayuda a reforzar el sistema sanitario público del país en las zonas rurales, aunque también destaca la mejora de las infraestructuras educativas "que busca mejorar no sólo los índices de alfabetización, sino la promoción de la igualdad de género y de la cultura de paz".

En Burkina Faso, África Viva impulsa proyectos de desarrollo en colaboración con Lawn Maal, una agrupación provincial de la región de Ouessa, y Diankady, una asociación local de Ouagadougou. En Ouessa lleva a cabo un proyecto de desarrollo para mejorar las condiciones de vida de las familias. Los objetivos son: conseguir el acceso a agua potable mediante pozos para no depender de las lluvias, huertas para diversificar los cultivos y la alimentación, ayudar en la comercialización de verduras y productos excedentes y organizar cursos de alfabetización, contabilidad y técnicas agrícolas.

Las principales beneficiarias en este caso son las mujeres, para quienes se imparten también talleres de costura o de fabricación de jabones con la intención de mejorar su formación y que consigan unos ingresos extras para ser más independientes. Por su parte, los menores son prioridad en Ouagadougou, a través de un proyecto de reintegración social de niños de la calle entre 7 y 16 años. "En la capital, Ouaga, venden todo tipo de mercancías, limpian zapatos, hacen pequeños encargos, piden limosna y, a veces, protagonizan pequeños robos", explica la entidad.

Equipamiento social y TIC

Latinoamérica es otro foco de atención. Numerosas personas cambian su lugar de residencia cada año. Ingeniería sin Fronteras trabaja en esta parte del país en proyectos de desarrollo, equipamientos, infraestructuras y servicios, agua y saneamiento, desarrollo agropecuario y tecnologías de la información y comunicaciones. Los proyectos son muy diversos, aunque el objetivo es común.

En la municipalidad de El Callao, en Perú, llevó a cabo la ampliación y equipamiento de un centro educativo para incrementar el número de niños que puedan acceder a él. En El Salvador acaba de concluir un proyecto de abastecimiento y saneamiento. En Nicaragua, Honduras y El Salvador finalizará el próximo año el programa Terrena (Territorio y Recursos Naturales), iniciado en 2007 para la gestión de los recursos hídricos, la prevención y mitigación de riesgos naturales, el fortalecimiento institucional y "la promoción y difusión de tecnologías apropiadas y modelos de gestión sostenible de los recursos del territorio".

En Perú trabaja también la Fundación COPRODELI (Comunión Promoción Desarrollo y Liberación), que atiende a grupos vulnerables. Una de las estrategias en su caso son los apadrinamientos. Atiende a niños en situación de alto riesgo (NAR), imparte educación gratuita a alumnos con pocos recursos, construye nuevos centros educativos y forma a profesores. Por otro lado, se apoyo en la venta de productos de artesanía de comercio justo para crear empleo y financiar proyectos, se imparten cursos a jóvenes "para que adquieran una habilidad técnica y respondan a las exigencias del mercado laboral" y cuenta con dos centros de información laboral (CIL) para personas sin empleo y un servicio de pasantía para realizar prácticas de trabajo, además de una incubadora de empresas mediante cursos-talleres.

Colaboración con las contrapartes

Para cubrir las necesidades de los beneficiarios, son ellos mismos quienes proponen los proyectos. «Las comunidades en África son mucho más participativas. Se agrupan en comités para tratar sus problemas de agua, educación o salud. Estos comités, en colaboración con el Gobierno o con ONG locales, nos remiten sus proyectos y necesidades», detalla Lluis Miret. La gestión recae, en su mayoría, en la contraparte, es decir, en la organización que trabaja de manera conjunta con las ONG españolas en estas zonas.

«Es fundamental establecer una relación de confianza con la contraparte y compartir unos valores fundamentales», advierte Miret. Se pide a la organización que respete la cultura local, una gestión transparente y buena, respeto por el medio ambiente y promoción de la igualdad de género, entre otras cosas. «Cuando la primera condición se da, no requerimos un nivel de formación, ya que se puede aportar como parte del proyecto», añade.

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